“Yo le digo a las mujeres aquí: hay que levantarnos por nuestros hijos para que no tengan miedo, para que vean de qué somo capaces”

Magdalena Sutamul, a casi un mes después de la erupción del Volcán de Fuego en Guatemala, es ahora una de las mujeres que organiza el albergue en el que se encuentra con sus cuatro hijos. Durante la emergencia, Magdalena tuvo que huir con sus tres hijos menores sabiendo que tal vez no volvería a su casa. Ahora cuida de sus hijos y se coordina en el albergue con otras madres gestantes y lactantes como ella. Magdalena, junto a muchas otras mujeres damnificadas por la erupción, reparten y monitorean el apoyo con el que ONU Mujeres responde a la emergencia.

Fecha: miércoles, 27 de junio de 2018

Madgalena Sutamul, Guatemala
Foto: ONU Mujeres

Aproximadamente a las 8 de la mañana del 3 de junio del 2018, Magdalena Sutamul se encontraba cuidando de sus cuatro hijos mientras cocinaba en su casa, ubicada en el caserío El Porvenir, en Alotenango, Guatemala

“Cuando el volcán comenzó a erupcionar salimos a ver qué pasaba, pero no les hicimos caso porque es habitual que el volcán haga ruido y por eso no hicimos ningún esfuerzo por salir. Como al medio día ya se veía el humo más grande y las cenizas que caían, pero de nuevo no hicimos caso, porque no sabíamos qué hacer y tampoco nadie nos alertaba si eso era algo fuera de lo común, diferente a lo que estábamos acostumbrados a ver, como para ponernos a salvo”, recuerda Magdalena.

Cuando Magdalena sintió un olor en el ambiente que era muy extraño y que no la dejaba respirar con calma, para ella fue la señal de que lo que pasaba con el volcán no era normal. Su bebé de año y medio, recuerda, comenzó a llorar mientras ella lo cargaba en su espalda. Entonces supo que debían irse a un lugar apartado, pero tenía miedo de no poder volver nunca más.

“A las 4 de la tarde ya todo se descontroló y tuvimos que huir. Mi esposo dijo que teníamos que salir todos, entonces me mandó con mis 3 hijos más pequeños a que nos fuéramos con el vecino que tiene una camioneta y estaba dispuesto a llevarnos lo más lejos posible. Mi esposo se quedó con mi hijo más grande de 15 años para poder tomar algunas cosas de la casa.

“El vecino nos dijo que no teníamos tiempo que perder y me subió al carro, ahí tuve miedo”, narra Magdalena, “tenía que separarme de mi esposo y dejar a uno de mis hijos y tenía miedo de no volver a verlos, pero mi marido me prometió que luego nos reencontraríamos y así fue, nos encontramos aquí en la plaza que está aquí frente al albergue. Cuando llegó con mi hijo, ambos se veían irreconocibles, llenos de cenizas y muy tristes”.

Las sospechas de Magdalena sobre que no volvería a su casa se hicieron. Horas después se supo que tanto su caserío como los cercanos al suyo estaban destruidos o bajo cenizas. Desde ese día no puede dormir bien, pero junto con otras madres lactantes ha sabido organizarse para mantener la limpieza de los cuartos y el cuidado de sus hijos entre ellas.

“Aquí nos hemos organizado con líderes, una mujer y un hombre por cuarto. La líder de mi cuarto es mi cuñada entonces eso me da confianza. Ellos se encargan de las ayudas, de los donativos que llegan y para la limpieza nos hemos organizado un día cada familia por cuarto. Lo que nos falta es tareas para distraernos y que contribuya a nuestro desarrollo personal como talleres de manualidades y primeros auxilios para mujeres”, explica.

Magdalena destaca que nunca había recibido capacitación previa para saber qué hacer en casos de emergencia, pero tras la erupción se ha involucrado en diversas tareas y, junto con su comunidad, ha identificado las necesidades especiales que tienen las mujeres, en particular las que están periodo de lactancia, para que sean contempladas en la reacción a la emergencia.

“Lo que necesitamos es que se tome en cuenta la alimentación diferente que tenemos, para los bebés y para los niños. Quisiéramos que nos den la oportunidad de nosotros organizarnos con una cocina y poder nosotras mismas con los donativos preparar alimentos para nuestros hijos y las familias. Que se tome en cuenta nuestras costumbres, quizás eso ayudaría a que uno se sintiera un poco más cómodo y que el trauma no sea tan grande”, apunta Magdalena.

“Es incómodo estar aquí dependiendo de los demás. Siento la necesidad de dirigir mi casa. Aquí mis hijos me ayudan como en la casa para no perder la costumbre de que debemos vivir colaborando unos con otros. Dentro de todo, trato de seguir criando a mis hijos con los valores necesarios”.

ONU Mujeres participó en la reacción de los albergues de Alotenango, donde Magdalena trabaja en la organización sobre el cuidado de las y los niños del albergue. Se repartieron Kits de emergencia que contienen productor para cubrir las necesidades de higiene de las mujeres. Además de la distribución de los kits, ONU Mujeres realizó un monitoreo en el lugar, para asegurar que, en el caso de madres lactantes como Magdalena, contaran con atención diferenciada y espacios adecuados donde se puedan sentir protegidas.

El grupo de ONU Mujeres, liderado por la Representante del país, Adriana Quiñones, acercó las recomendaciones y guía para que se tengan en cuenta el enfoque de género al momento de atender la emergencia. “Se debe asegurar protección y cuidado integro para las mujeres y niñas donde se tomen en cuenta sus necesidades. Velar siempre por sus derechos y una vida digna para todas es siempre nuestra prioridad”, señala Quiñones.

El próximo mes de julio Magdalena cumplirá 33 años. Su anhelo es poder estar en esa fecha en su casa o encontrar un lugar donde comenzar una nueva vida, que le permita que su hijo mayor pueda estudiar, y donde se sienta realmente segura junto a su familia.

“Yo estuve trabajando en el cafetal, lo hacía para que mi hijo pueda estudiar, ya que con lo que gana mi esposo no es posible. Este desastre nos deja en la pobreza extrema, por eso para poder salir de acá para mí lo más importante ahora es encontrar fuentes de crédito especial para nosotros, como familia y como mujeres, porque hay muchas mujeres que han quedado viudas también, y si no administramos nuestro propio dinero nos quedamos atrás. Yo le digo a las mujeres aquí hay: que levantarnos por nuestros hijos para que no tengan miedo, para que vean de qué somo capaces”.