El Salvador impulsa la autonomía económica de las mujeres mediante la inclusión financiera y los cuidados
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Viveristas en el invernadero experimental del Sistema Agro del Plan Trifinio, un espacio demostrativo donde mujeres participantes de distintos proyectos fortalecen sus capacidades para el cultivo en ambientes controlados mediante el uso de casas maya. Foto: ONU Mujeres/Oscar Leiva.
En el marco del aniversario de ONU Mujeres, esta serie de artículos busca recoger aprendizajes y trazar el hilo conductor de la experiencia de la oficina en El Salvador durante estos años. En el ámbito de la autonomía económica, una de las principales lecciones es que las oportunidades para las mujeres no dependen solo del esfuerzo individual ni de acciones aisladas. Dependen también de las condiciones que hacenn este esfuerzo sostenible.
El acompañamiento técnico al país ha permitido comprender mejor qué hay alrededor de las iniciativas económicas de las mujeres: acceso a servicios financieros, crédito, mercados, tecnología, redes de apoyo, formación, tiempo disponible e instituciones capaces de generar mejores condiciones. La autonomía económica se construye cuando esos elementos se articulan y permiten que las mujeres puedan producir, emprender, fortalecer sus negocios, participar en redes y tomar decisiones sobre sus proyectos de vida.
Rosario Elizabeth Ramos, integrante del Banquito Mujeres Candelareñas, es madre, caficultora, productora de cacao, emprendedora y lideresa comunitaria. A través del programa Mujeres, Economía Local y Territorios (MELYT) de ONU Mujeres El Salvador, ha fortalecido sus capacidades para mejorar los medios de vida de su familia. Foto: ONU Mujeres. Foto: ONU Mujeres/Oscar Leiva.
Fortalecer capacidades, ampliar oportunidades
El trabajo de ONU Mujeres en autonomía económica ha seguido un recorrido acumulativo. Desde 2014, el programa BEO, junto con el FIDA, permitió fortalecer el trabajo con mujeres rurales mediante el apoyo al emprendimiento, el fortalecimiento del liderazgo, el acceso a recursos y el desarrollo de capacidades. Luego, FOMUJER, en asociación con la Secretaría de Inclusión Social y Bandesal, y con financiamiento de la AICS, mostró el valor de combinar el acceso al crédito, las garantías, la asistencia técnica y otros servicios para mujeres excluidas del sistema financiero. Sobre esos aprendizajes se construyó MELYT, lanzado en 2018 en la región del Trifinio, que durante sus dos etapas ha articulado inclusión financiera, servicios empresariales, cadenas de valor, alianzas y gestión del conocimiento.
María Victoria Solís, propietaria de la Finca Quinta Las Orquídeas, en La Palma, Chalatenango, participó en el programa Mujeres, Economía Local y Territorios (MELYT) de ONU Mujeres, con el apoyo de la Cooperación Italiana. Gracias a este acompañamiento, ha fortalecido sus conocimientos en manejo de plagas, uso de equipos y otras capacidades para el desarrollo de su emprendimiento. Foto: ONU Mujeres/Oscar Leiva.
De los territorios al sistema financiero
A partir de ese aprendizaje, el programa Mujeres, Economía Local y Territorios, MELYT, ha permitido trabajar con una lógica territorial: fortalecer capacidades productivas, financieras y digitales; conectar cadenas de valor como el café, el turismo y las hortalizas; apoyar redes y liderazgos locales; y promover alianzas entre instituciones públicas, gobiernos locales, la cooperación, el sector privado y organizaciones territoriales.
Con el respaldo de Italia, a través de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo, MELYT ha mostrado el valor de las alianzas sostenidas para acompañar procesos que nacen en los territorios y se conectan con agendas nacionales.
Ese aprendizaje también ha llevado la conversación hacia el sistema financiero. Si las mujeres enfrentan más barreras para acceder a cuentas, crédito, pensiones o servicios digitales, la inclusión financiera requiere incorporar esas realidades en el diseño de productos, servicios, políticas y mecanismos de atención. El Programa Ecosistema Financiero Inclusivo en el Triángulo Norte, EFI, con apoyo del Gran Ducado de Luxemburgo, ha contribuido a impulsar la transformación del ecosistema financiero mediante el fortalecimiento de las capacidades de sus instituciones para incorporar la inteligencia de género en sus políticas, procesos, productos y servicios, promoviendo una oferta financiera más pertinente, accesible e inclusiva que amplíe las oportunidades de acceso, uso y permanencia de las mujeres en el sistema financiero.
Integrantes del Grupo de Ahorro Banco de Ahorro Regional, en San Ignacio, Chalatenango. Con el apoyo del programa Mujeres, Economía Local y Territorios (MELYT) de ONU Mujeres y la Cooperación Italiana, este espacio fortalece la educación financiera, el ahorro y la autonomía económica de las mujeres. Foto: ONU Mujeres/Oscar Leiva.
Redistribuir los cuidados para ampliar oportunidades
La autonomía económica ha abierto otra conversación clave: los cuidados. La experiencia ha mostrado que la pobreza de tiempo es una de las principales barreras que enfrentan muchas mujeres para estudiar, trabajar, producir, emprender, participar en redes y fortalecer su aporte al desarrollo económico del país.
Por ello, el fortalecimiento de la agenda de cuidados constituye una condición habilitante para el ejercicio de la autonomía económica de las mujeres. La distribución desigual del trabajo de cuidados no remunerado limita su participación en el mercado laboral, el emprendimiento, la educación y otros espacios de desarrollo económico, reduciendo su capacidad para aprovechar, en igualdad de condiciones, las oportunidades que ofrecen las políticas públicas, los mercados y los servicios.
Nuria Isabel Gutiérrez, de 31 años, junto a sus hijos, Esmeralda y Rubén Eliseo. Como integrante del grupo de ahorro y préstamo Cultivando El Ahorro, impulsado por el programa Mujeres, Economía Local y Territorios (MELYT) de ONU Mujeres El Salvador, fortalece su autonomía económica mediante una estrategia que promueve el acceso de las mujeres a servicios empresariales, mercados e inclusión financiera. Foto: ONU Mujeres/Oscar Leiva.
Alianzas que abren caminos
Otro aprendizaje central es que la igualdad económica requiere sumar capacidades distintas. El trabajo con instituciones como ISDEMU, el Banco Central de Reserva, el Consejo Nacional de Inclusión y Educación Financiera, CONAMYPE, el Banco de Fomento Agropecuario, Banco Hipotecario, ABANSA y ASOMI y sus instituciones financieras miembro, gobiernos locales, el Banco Centroamericano de Integración Económica, Plan Trifinio, CENPROMYPE, FUSAI, Fundación Calleja, Red HOSAGUA y otros aliados ha mostrado que los avances se sostienen mejor cuando las instituciones públicas, la cooperación, el sector financiero, el sector privado, los gobiernos locales y las organizaciones territoriales trabajan con una visión compartida.
La contribución de ONU Mujeres se materializa, en gran medida, en su capacidad para generar valor agregado mediante la articulación de evidencia, capacidades institucionales, alianzas estratégicas y mecanismos de coordinación entre múltiples actores, fortaleciendo así el diseño, la implementación y la sostenibilidad de políticas, servicios e iniciativas que respondan de manera más pertinente, inclusiva y efectiva a las desigualdades y necesidades específicas de las mujeres.
Una apuesta por El Salvador
Invertir en la autonomía económica de las mujeres es una inversión estratégica para el desarrollo sostenible del país. Significa fortalecer las capacidades de las mujeres para ejercer sus derechos, ampliar sus oportunidades económicas y contribuir a economías más resilientes, productivas e inclusivas. Asimismo, implica consolidar instituciones capaces de responder a las desigualdades de género y reconocer que el acceso al financiamiento, la redistribución de los cuidados, el desarrollo de capacidades, las redes de apoyo y las oportunidades territoriales son factores determinantes para la inclusión económica.
La autonomía económica no es el resultado de una intervención aislada, sino de la convergencia de políticas públicas, servicios, alianzas e inversiones que generan condiciones habilitantes para que las mujeres puedan emprender, acceder al trabajo decente, desarrollar capacidades, participar en espacios de decisión, acceder a recursos productivos y financieros y ejercer sus responsabilidades de cuidado en un marco de mayor corresponsabilidad social.
Cuando estas condiciones se fortalecen de manera integrada, el empoderamiento de las mujeres deja de ser únicamente un objetivo de política pública para convertirse en un motor de desarrollo. Ampliar la autonomía económica de las mujeres no solo transforma sus trayectorias de vida, sino que fortalece la productividad, la cohesión social y la capacidad de los territorios para generar un crecimiento más inclusivo y sostenible.