María Ramos: Ya no somos invisibles, somos trabajadoras que estamos aportando al cuidado del planeta

En el Día de la Madre Tierra, entrevistamos a María Ramos, una mujer de 54 años que, con más de dos décadas de experiencia en el reciclaje, ha convertido su labor en un acto de amor por su familia y por el planeta. Integrante de la asociación Eco-Recicladoras en La Paz, María comenzó este oficio tras enviudar, haciéndose cargo sola de sus cuatro hijas. Gracias al proyecto “Ciudades y espacios seguros para mujeres recicladoras”, ha fortalecido sus capacidades y revalorizado su trabajo como una acción clave para el cuidado del medio ambiente.

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¿De qué manera tu trabajo como recicladora ha impactado en tu comunidad y en tu familia? 

Comencé a trabajar en el reciclaje cuando tenía 27 años, buscando salir adelante por mis hijas. Ha sido un camino duro, pero también muy valioso. Gracias a este trabajo he podido sostener a mi familia, darles educación a mis hijas y transmitirles el valor del esfuerzo. En la comunidad, poco a poco la gente empieza a ver la importancia de lo que hacemos. Nuestro trabajo ayuda a mantener limpia la ciudad y a cuidar el medio ambiente, aunque a veces no se valore del todo. 

¿Qué acciones crees que la ciudadanía podría implementar para mejorar la separación de residuos en los hogares y facilitar el proceso de reciclaje? 

Me gustaría que los vecinos tomaran conciencia sobre la importancia de separar bien los residuos. En algunos talleres que hemos tenido, nos contaron cómo se hace en otros países, donde ya es costumbre separar desde casa. Aquí también se podría lograr eso. Si la gente clasificara sus residuos correctamente, sería menos riesgoso para nosotras: habría menos posibilidades de cortarnos o enfermarnos al manipular la basura. Es una acción pequeña desde los hogares, pero que hace una gran diferencia para nosotras y para el medio ambiente. 

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A partir de la intervención del proyecto “Ciudades y espacios seguros para mujeres recicladoras”, ¿has notado cambios en la gestión de residuos y en la percepción de tu oficio por parte de la comunidad? 

Gracias a la intervención del proyecto, ahora nos sentimos más seguras haciendo nuestro trabajo. Antes salíamos sin uniforme, sin nada que nos identificara, y muchas personas nos miraban mal, desconfiaban, pensaban que estábamos merodeando por las casas con malas intenciones. Ahora, con los chalecos y el equipo que nos han dado, la gente nos reconoce como recicladoras. Ya no somos invisibles: somos trabajadoras que estamos aportando al cuidado del planeta. Eso ha cambiado mucho la forma en que nos ven. 

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¿Cómo han influido los talleres de formación impartidos por ONU Mujeres y la Fundación Munasim Kullakita en la mejora de tu trabajo diario? 

Los talleres nos han enseñado muchas cosas importantes. Aprendimos cómo manipular los residuos de forma más segura, cómo protegernos, y también cómo organizarnos mejor como asociación. Antes, yo no sabía cómo cuidarme; ahora me siento más preparada y con más confianza. Estos espacios no solo nos han dado herramientas, también nos han fortalecido como mujeres y como trabajadoras. 

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¿Qué mensaje le darías a otras mujeres que deseen contribuir a la protección del medio ambiente a través del reciclaje? 

A todas las mujeres que quieran sumarse a esta causa, les diría que no tengan miedo, que nos unamos por un bien común: nuestra Tierra. Reciclar es una forma de cuidar nuestro planeta, cada acción cuenta, y si lo hacemos juntas, podemos lograr un gran cambio para Bolivia y para las futuras generaciones.