“Establecimos la Escuela Nacional de Formación para Mujeres, donde capacitamos a 38 lideresas en el nexo entre género y cambio climático, desastres, sistemas alimentarios, financiamiento, prevención del femicidio entre otros. Estas mujeres replicarán la formación a otras 400 más en sus territorios, fortaleciendo el intercambio de experiencias locales para generar soluciones conjuntas. Además, la iniciativa se desarrolló junto a tres socias clave: Representación del Ministerio de Salud de la Subcomisión de Femicidio, la Agenda CEDAW y el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, además de expertas especializadas en el análisis social de los sentires de las mujeres y la ecología. lo que permitió articular esfuerzos con actores institucionales y de sociedad civil”.
250 mil dólares para 15 organizaciones que lideran la acción climática con enfoque de género en América Latina y Caribe
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En un contexto de multi crisis ambiental, las respuestas más transformadoras surgen cuando se cruzan iniciativas por la acción ambiental con la igualdad de género. Las organizaciones de mujeres y feministas, históricamente comprometidas con el cuidado de la vida y la defensa de los territorios, tienen un rol clave en la construcción de soluciones sostenibles, inclusivas y arraigadas en lo local. Al mismo tiempo, el movimiento ambientalista se potencia cuando integra activamente la perspectiva de género, ampliando su capacidad de generar soluciones justas, eficaces y duraderas.
Con esta visión, y reconociendo la fuerza de quienes trabajan desde los territorios, ONU Mujeres lanzó en 2025 la convocatoria “Género y Ambiente”, dirigida a organizaciones de América Latina y el Caribe que trabajan en acción ambiental y climática. El objetivo es fortalecer sus capacidades para incorporar el enfoque de género de forma estratégica en sus estructuras, procesos y acciones. Para ello, se están destinando 150,000 dólares en pequeñas subvenciones, que permitirán a estas organizaciones potenciar su labor ambiental desde una mirada más igualitaria e interseccional. La respuesta al llamado fue contundente: casi 500 propuestas de 20 países de la región, un reflejo de la fuerza, diversidad y compromiso de la sociedad civil que ya viene articulando soluciones desde una lógica territorial.
Con el objetivo de promover un proceso transparente y alineada con los principios de ONU Mujeres, se generaron diversos espacios de intercambio con las organizaciones interesadas. Estos incluyeron sesiones virtuales informativas sobre la convocatoria y una plataforma interactiva de libre acceso para resolver dudas, que permitieron que todas las organizaciones puedan acceder a la misma información. Este enfoque participativo fue clave para identificar las iniciativas con mayor potencial transformador, asegurando además una distribución regional equilibrada de los fondos disponibles.
En este marco, se seleccionaron diez organizaciones cuyas propuestas están orientadas al fortalecimiento de capacidades en ámbitos diversos pero complementarios. Estas incluyen el fortalecimiento de capacidades para la reducción del riesgo de desastres con enfoque de género, el seguimiento a la implementación del Acuerdo de Escazú, la gestión comunitaria de residuos, así como para una participación más efectiva en espacios de toma de decisión ambiental. Revisa el Acta de selección aquí.
Esta iniciativa de pequeñas subvenciones se enmarca en el proyecto regional “Género, ambiente y cambio climático: potenciando acciones eficientes, justas y efectivas”, financiado por el Gobierno del Gran Ducado de Luxemburgo y coordinado por el Hub Regional de Género, Ambiente y Justicia Climática de ONU Mujeres. Bajo el mismo proyecto también se lanzó en 2024 otra convocatoria de pequeñas subvenciones, a través del Fondo Regional de Apoyo a Organizaciones y Movimientos de Mujeres y Feministas. En esa ocasión, se destinaron 100,000 dólares exclusivamente a organizaciones de mujeres que trabajan en temas ambientales, con el fin de fortalecer su incidencia en la gestión sostenible de los recursos naturales, su participación en espacios de toma de decisiones y la construcción de alternativas de empoderamiento económico sostenibles, contribuyendo así a reducir las vulnerabilidades climáticas a nivel local. Aunque la implementación de los proyectos aún está en marcha, ya se evidencian avances concretos que reflejan el potencial transformador de las organizaciones lideradas por mujeres cuando cuentan con el respaldo técnico y financiero adecuado.
En Costa Rica, por ejemplo, como señala Ana Hernández, representante de la Alianza de Mujeres Costarricenses (AMC):
En México, más de 30 mil familias dependen de la alfarería como principal actividad económica. En el oficio alfarero, las mujeres juegan un papel central como portadoras de conocimientos en la producción de alfarería libre de plomo. Con el apoyo de la subvención y la colaboración de 10 familias alfareras de Puebla, se está impulsando el Centro de Recursos Especializados para Alfareros (CREA), una plataforma digital que promueve técnicas de producción seguras, innovadoras, libres de plomo y con enfoque de género. En su primera fase, CREA busca llegar al menos al 25 % de las familias alfareras del país, facilitando el acceso a formación técnica en desarrollo y uso de esmaltes libres de plomo, el fortalecimiento de sus medios de vida y la mejora de sus condiciones de salud, reconociendo y potenciando el rol protagónico de las mujeres en el desarrollo local.
Desde Chile, la Asociación Empresarial de Turismo Indígena Atacameña-Lickanantay (ASEMTIAL), liderada por mujeres, desarrolla una plataforma digital para ofrecer servicios de turismo sostenible y culturalmente responsables. Hasta el momento, la iniciativa impulsa el empoderamiento económico de 6 emprendimientos liderados por mujeres indígenas en uno de los ecosistemas más frágiles y singulares del planeta: el desierto de San Pedro de Atacama, donde, pese a las condiciones extremas, la región alberga una biodiversidad única. A través del turismo sostenible, las socias promueven la valoración y sensibilización sobre su territorio, articulando la autonomía económica con el respeto y el cuidado del entorno natural.
“Soy Ñusta Sara Meybol García, mujer indígena del pueblo atacameño Likanantay. Desde el desierto de Atacama comparto los saberes ancestrales de mi cultura. Como guía espiritual andina, me apasiona compartir y dar a conocer mi cultura ancestral sobre la recuperación de prácticas vinculadas a la agricultura tradicional, la salud y la conexión con la naturaleza. Desde el territorio Lickanantay, mi labor promueve una relación equilibrada entre cuerpo, espíritu y entorno. Creo que la justicia ambiental solo puede lograrse integrando la voz de las mujeres y fortaleciendo su autonomía económica, desde un enfoque de género que promueva la sostenibilidad y el cuidado de la vida”.
Estas experiencias demuestran que cuando el financiamiento se hace accesible para quienes están en los territorios —las organizaciones que sostienen el tejido social y ambiental día a día—, las soluciones son más eficaces, justas y sostenibles. Integrar el enfoque de género en la acción ambiental no solo permite identificar y reducir brechas, sino que transforma prioridades, democratiza decisiones y amplía el impacto de las políticas públicas y comunitarias.
Para ONU Mujeres, el respaldo a estas organizaciones es parte de un compromiso más amplio con una transición ecológica justa, feminista y liderada desde los territorios. Porque no hay justicia climática sin justicia de género, ni transformación posible sin el protagonismo de las mujeres en la defensa y cuidado de la vida.