La acción territorial como pilar de transformación: género y cambio climático rumbo a la COP30

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Mientras el mundo se prepara para la COP30, América Latina y el Caribe demuestran que las respuestas transformadoras al cambio climático no solo se encuentran o debaten en foros internacionales, también se forjan desde el territorio. La acción local, impulsada por lideresas comprometidas y comunidades organizadas, marca el camino hacia una justicia climática que solo será posible si pone en el centro la igualdad de género. En este contexto, ONU Mujeres se une al llamado de gobiernos locales, sociedad civil y redes globales promovido por el Pacto Global de Alcaldes y Alcaldesas (GCoM), en el marco de la Primera Conferencia Climática Internacional “Compromiso Latinoamericano”, para hacer del enfoque de género una brújula política y técnica en la acción climática.

Las sesiones plenarias sobre género, inclusión y cambio climático celebradas el 1 de julio en Córdoba, Argentina, son un testimonio de este compromiso colectivo. Reunir a gobiernos locales, ministerios nacionales, redes y organizaciones de mujeres, juventudes, academia y agencias internacionales no es solo simbólico; es una estrategia para redefinir las reglas del juego. Porque el cambio climático no es neutro al género, ni a los territorios, y la acción climática tampoco debería serlo.

“El fuerte acompañamiento de público, con más de 6 mil asistentes presenciales, además de las personas que siguieron el evento mediante las transmisiones en vivo, reflejó el creciente interés por una acción climática transformadora e inclusiva. Esta amplia participación da cuenta del momento político que vive la región y del impulso colectivo para situar la igualdad en el centro de la transición”.

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Como señaló Nidya Pesántez, líder del Hub Regional de Género, Ambiente y Justicia Climática de ONU Mujeres:

“Los datos son contundentes. Es fundamental reconocer que la multicrisis ambiental no afecta a todas las personas por igual. Hay impactos diferenciados según el género, etnia, nivel económico, el territorio y otros ejes de desigualdad. Sin embargo, muchas de estas comunidades —en particular las mujeres— no solo son las más afectadas, sino también fundamentales en la respuesta climática y ambiental. Son guardianas de la biodiversidad, protectoras de semillas, gestoras del agua y transmisoras de conocimientos que sostienen la resiliencia comunitaria”.

Desde los territorios, las voces de mujeres indígenas y jóvenes defensoras ambientales resuenan con fuerza, recordando que las soluciones sostenibles se construyen desde las experiencias vividas. Ibel Diarte, referente indígena del Chaco argentino, y Sandra Patricia Aguilar, joven lideresa del Cauca en Colombia, señalaron la urgencia de reconocer el rol de las mujeres en la defensa del territorio, del agua, del conocimiento ancestral y de los ecosistemas.

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En palabras de Ibel Diarte:

“En el Chaco, el acceso a la información es muy limitado, pero las mujeres —sobre todo las adultas mayores y las jóvenes— seguimos trabajando por la defensa del ambiente, aprendiendo de nuestras mayores. Valorizar los saberes tradicionales de las mujeres indígenas no solo visibiliza la biodiversidad del bosque nativo; también mejora la seguridad alimentaria, fortalece nuestra autonomía económica y aumenta la resiliencia de nuestras comunidades frente al cambio climático”.

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Y como expresó Sandra Patricia Aguilar:

“Vengo del Cauca, donde las montañas paren ríos y las mujeres sostienen la vida, incluso en medio de la guerra. Las mujeres negras de mi comunidad han resistido al despojo, al racismo y a la violencia, sin ser reconocidas como sujetas políticas. Hoy, la niñez, las mujeres y las juventudes estamos en la primera línea frente al cambio climático: pérdida de cultivos, enfermedades, desplazamiento forzado. Nos exigen adaptarnos, pero no nos dan ni tierra, ni agua, ni decisión. Exigimos participar en las negociaciones con voz y voto. Enseñar y aprender sobre cambio climático debe ser un derecho universal”.

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Estas realidades exigen una arquitectura de política pública capaz de enfrentar la crisis desde una mirada interseccional. Sin embargo, tal como destacó Laura Marrero, del Ministerio de Ambiente de Uruguay, la experiencia nacional evidenció cuán profundamente separadas estaban las agendas:

“En el Ministerio de Ambiente nos decían que allí se hacía política ambiental, y en el de la Mujer, política de género. Pero la crisis climática nos obliga a superar esas compartimentaciones. Por eso acudimos a la educación ambiental como puente metodológico, porque nos permitía construir políticas desde y con las personas. Así fue posible diseñar un plan que recoge las voces, necesidades y aportes del pueblo. El desafío ahora está en su implementación.”

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Este esfuerzo por tejer puentes entre agendas y transformar estructuras que se traduzcan en una mejora en la vida de las mujeres se refleja también en otros sectores clave. Uno de ellos es la energía, a fin de garantizar el acceso a energías limpias y asequibles para las mujeres. El camino de la transición energética representa tanto una oportunidad como un riesgo, si no se garantiza la inclusión. Así lo destacó Anabela Aldaz, especialista en empoderamiento económico de ONU Mujeres Uruguay:

“El cambio climático y la transición energética son retos sistémicos que acentúan desigualdades preexistentes, especialmente de género. Las mujeres están subrepresentadas en sectores como la energía, enfrentando barreras desde la educación en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) hasta puestos de liderazgo. Integrar género y participación igualitaria fortalece la justicia climática, reduce desigualdades y aporta soluciones más justas.”

Estas sesiones no solo visibilizan problemáticas, sino que catalizan respuestas y permiten compartir buenas prácticas. Se abordaron experiencias y reflexiones que contribuyen a repensar el diseño de políticas públicas desde un enfoque de justicia climática, interseccional y territorial. Desde diagnósticos compartidos por autoridades locales y organismos multilaterales, hasta iniciativas concretas de financiamiento inclusivo o fortalecimiento de mujeres emprendedoras, estas conversaciones permiten identificar aprendizajes clave y caminos posibles para avanzar en la integración real de la perspectiva de género en la acción climática.

Rumbo a la COP30, los aportes de estas sesiones nutrirán las discusiones regionales e internacionales, aportando desde América Latina una visión inclusiva, feminista y territorial de la acción climática. Este esfuerzo colectivo no solo enriquece el diálogo global, sino que señala caminos posibles hacia una transición justa, construida desde los territorios y basada en la corresponsabilidad. El futuro que queremos se construye hoy, desde el territorio, con y para todas. 

 

Grabación del evento: