Por justicia reparatoria, reconocimiento y más desarrollo: 25 de julio, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Afrodescendientes
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Cada 25 de julio se conmemora el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Afrodescendientes para conmemorar la lucha mundial contra la esclavitud y el racismo y el compromiso de lograr la igualdad de género, así como la considerable contribución de todas las mujeres y las niñas afrodescendientes al desarrollo de las sociedades.
En este día se reafirma el compromiso con la eliminación de todas las formas de discriminación y violencia que enfrentan las mujeres y niñas afrodescendientes. También destaca la urgencia de garantizar su participación plena, igualitaria y significativa en todos los ámbitos de la vida como condición indispensable para avanzar hacia la igualdad de género y el respeto de los derechos humanos. Cabe mencionar que, si bien el 25 de julio se venía conmemorando desde años atrás, esta es la primera vez que tiene lugar desde su adopción oficial por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas1.
Este año guarda además una doble trascendencia al coincidir con el 30 aniversario de la adopción de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, la agenda más integral y ambiciosa para hacer realidad la igualdad de género y los derechos de todas las mujeres y las niñas. En este contexto, ONU Mujeres organizó una serie de diálogos prospectivos para recopilar las voces de las mujeres de la región y sumar sus propuestas y demandas en la construcción de una propuesta que haga de Beijing una realidad en la vida de las mujeres y niñas en toda su diversidad.
En este marco, mujeres afrodescendientes de América Latina y el Caribe de más de 50 organizaciones sociales compartieron sus visiones y propuestas para lograr el pleno ejercicio de sus derechos. Este diálogo, liderado por ONU Mujeres en coordinación con la Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora (RMAAD) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), permitió identificar desafíos persistentes, así como propuestas para avanzar en clave prospectiva hacia un futuro posible más allá de 2030.
La desigualdad que enfrentan las mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe sigue siendo profunda y estructural. Como señaló Paola Yáñez, coordinadora de la RMAAD, “los avances y logros no han sido iguales para las mujeres afrodescendientes, debido a diversas formas de racismo, discriminación y xenofobia”.
María Noel Vaeza, directora regional de ONU Mujeres, subrayó la necesidad de "establecer metas desagregadas con acciones específicas" encaminadas a mejorar la vida de las mujeres y niñas afrodescendientes. Sin embargo, esto se relaciona con uno de los principales desafíos, que es la falta de visibilidad estadística. Por ello, es imperativo que los Estados garanticen la recolección y difusión de datos desagregados por sexo y pertenencia étnico-racial, como base para diseñar políticas públicas que respondan efectivamente a las necesidades de mujeres y niñas afrodescendientes.
La baja representación de mujeres afrodescendientes en espacios de decisión revela una exclusión estructural basada en el racismo. “El racismo es una variable estructurante que atraviesa históricamente las vidas de las mujeres negras”, señaló Beatriz Sousa, una de las participantes proveniente de Brasil. Por su parte, Susana Sottoli, directora regional del UNFPA, alertó que “7 de cada 10 mujeres afrodescendientes reportan haber sido discriminadas por su origen racial o étnico”.
Además, y en línea con el tema principal de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, se propuso establecer sistemas integrales de cuidado que permitan a las mujeres acceder a servicios de cuidado que no dependan de su situación socioeconómica. Como señala Paola Yáñez, “el 64 % de las trabajadoras del hogar remuneradas son mujeres negras en América Latina. Mientras ellas están cuidando a los hijos e hijas de alguien más, ¿quién cuida a los suyos? ¿qué oportunidades van a tener los hijos e hijas de ellas con salarios mal remunerados, sin protección social? Es una forma de seguir reproduciendo la pobreza”.
Para revertir esta situación, es fundamental que los Estados asuman la responsabilidad de garantizar el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres y niñas afrodescendientes.
Entre las principales preocupaciones expresadas por mujeres afrodescendientes estuvieron la violencia contra defensoras de derechos humanos, el hostigamiento por fuerzas de seguridad, la desprotección ante conflictos armados y el impacto del narcotráfico y el patriarcado. Se reclamaron medidas urgentes para erradicar la violencia racial normalizada, garantizar acceso igualitario a la justicia y proteger a niñas de uniones tempranas.
Entre las propuestas prioritarias se destaca el fortalecimiento de la respuesta frente al femicidio/feminicidio, que incluya la creación de una base de datos oficial, pública y desagregada por pertenencia étnico-racial, la capacitación de funcionarios públicos y el apoyo a redes y observatorios independientes que visibilicen esta forma específica de violencia.
Las mujeres afrodescendientes enfrentan las mayores desigualdades, pero los Estados aún no han asumido plenamente su responsabilidad. Es urgente fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas, incrementar el financiamiento y renovar el compromiso con esta agenda. Sin acciones concretas y sostenidas, no será posible cerrar las brechas. En sus palabras finales, Paola Yáñez señaló que “este es el momento de pensar en cómo seguimos avanzando, salir de este miedo paralizante, de esta desesperanza en la que estamos atrapadas, y recuperar la capacidad de pensar, de soñar, de creer y construir un mundo posible”.