Rumbo a la COP30: colocando la igualdad de género en el centro de la acción climática

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El mundo atraviesa un momento decisivo. Hoy nos enfrentamos a lo que se ha denominado la triple crisis planetaria: el cambio climático, la contaminación y los residuos y la pérdida acelerada de biodiversidad. Tres crisis que, aunque se expresan de manera distinta, comparten una raíz común. Esta es un modelo de desarrollo que se sostiene sobre el crecimiento ilimitado en un planeta con recursos finitos, que prioriza las ganancias económicas inmediatas a costa del bienestar de las personas y de la salud del planeta.

La crisis climática es quizás la más visible. Cada año, los impactos se hacen más extremos. Sequías prolongadas, olas de calor sin precedentes, inundaciones y huracanes cada vez más intensos. Estas alteraciones no solo transforman paisajes y ecosistemas, sino que afectan directamente la seguridad alimentaria, la salud y los medios de vida de millones de personas. La crisis de contaminación y residuos avanza de manera silenciosa, con océanos llenos de plásticos, aire tóxico en las ciudades y químicos peligrosos que se acumulan en los suelos y en los cuerpos humanos. Y junto a ello, la pérdida de biodiversidad pone en riesgo la propia capacidad del planeta de sostener la red de la vida. Bosques y humedales desaparecen, especies se extinguen a un ritmo alarmante y se debilitan los biorreguladores naturales que aseguran el correcto funcionamiento de los ecosistemas.

Abordar la crisis climática únicamente desde un enfoque técnico o ambiental ha demostrado ser insuficiente. El cambio climático actúa como un multiplicador de amenazas que profundiza desigualdades sociales preexistentes. Cuando un huracán golpea una región costera, por ejemplo, no todas las familias cuentan con los mismos recursos para atravesarlo y recuperarse. Algunas tienen acceso a seguros, redes de apoyo o sistemas de protección social; otras, en cambio, pierden sus hogares y medios de vida sin tener un lugar al que acudir, ante bajos o nulos apoyos institucionales. En este escenario desigual, un patrón se repite de forma constante: las mujeres y niñas representan siempre la mitad de las personas afectadas y enfrentan impactos diferenciados y más severos. Por ejemplo, en contextos de desplazamiento forzado, las mujeres y las niñas se exponen a mayores riesgos de violencia, trata o pérdida de derechos básicos. De igual manera, tras un desastre, cuando las decisiones sobre reconstrucción se toman sin garantizar su participación, se perpetúan dinámicas de exclusión que dejan a la mitad de la población fuera de los espacios donde se define el futuro de sus territorios. Estos ejemplos evidencian que la acción climática no puede desligarse de la justicia de género. 

Como señaló Nidya Pesántez, líder del Hub Regional de Género, Ambiente y Justicia Climática:

“la acción por la inclusión del enfoque de género no es una coletilla en el plan o indicador, requiere de una intencionalidad del cambio, tiene que ser género-transformadora”.

Con el propósito de visibilizar estas realidades y promover un enfoque transformador hacia la COP30, el pasado 18 de septiembre de 2025 se celebró el webinar “Conectando agendas: la igualdad de género en el centro de la acción climática y la resiliencia en la ruta hacia la COP30”, organizado por ONU Mujeres en colaboración con UNDRR y OIM. Este espacio, que reunió a cerca de un centenar de asistentes, abrió un debate clave sobre la urgencia de situar la igualdad de género en el centro de las agendas climáticas y de resiliencia a través de varias ponentes y panelistas.  

Marleny Oliva, coordinadora de Género del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala, resaltó que avanzar de lo global a lo local implica aterrizar los compromisos internacionales en políticas y acciones concretas. Subrayó que, como parte de AILAC en las negociaciones climáticas, es fundamental que la perspectiva de género se consolide como un eje transversal y que no haya retrocesos, ni en las negociaciones específicas sobre el tema, ni en el conjunto de la agenda climática.

Complementando esta visión, Lorena Terrazas, representante de la sociedad civil a través de PAZINDE, destacó que la crisis climática “no discrimina, ni espera”, y que por ello la participación de la sociedad civil es clave para generar respuestas inclusivas y efectivas desde los territorios. Señaló que los datos desagregados y el reconocimiento de los conocimientos ancestrales de las mujeres son herramientas esenciales para visibilizar desigualdades y orientar políticas locales de prevención y educación, muchas de ellas trabajadas también en lenguas indígenas. Asimismo, enfatizó la necesidad de reducir la burocracia y abrir el acceso al financiamiento climático, vinculando recursos internacionales con acciones concretas en los territorios, y de avanzar hacia la integración de las tres convenciones de Río para asegurar respuestas coherentes y articuladas a nivel nacional y regional.

Desde la academia, Yolanda Alfaro profundizó en la importancia de producir conocimiento con enfoque de género interseccional, señalando que la falta de este enfoque en estudios sobre movilidad a causa del cambio climático invisibiliza desigualdades, limita la incidencia en la agenda pública, reduce la efectividad de las políticas y restringe el acceso a financiamiento y la construcción de capacidades estatales. Alfaro añadió que la persistente representación de las mujeres únicamente como víctimas o cuidadoras perpetúa brechas y refuerza roles tradicionales, sin reconocer su papel como agentes sociales y políticas. Destacó, finalmente, que fortalecer las agendas locales lideradas por mujeres permite no solo enfrentar los impactos del cambio climático con resiliencia, sino también desafiar modelos de desarrollo extractivistas que erosionan la vida y los territorios, posicionando a las mujeres como protagonistas de la transformación climática.

La complementariedad de estas perspectivas —desde el gobierno, la sociedad civil y la academia— evidencia que enfrentar la crisis climática exige un enfoque integral donde género, conocimiento local y políticas públicas se entrelacen. Estas contribuciones resultan esenciales para que la COP30 no sea solo un espacio de negociación técnica, sino un punto de inflexión donde la igualdad de género se consolide como eje central de la acción climática a nivel global.

👉 Accede a la grabación completa del webinar aquí: Grabación del evento