María Elena Vásquez: “Nuestra fuerza colectiva sostiene la vida y abre camino hacia un futuro más justo y humano”

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Foto: Cortesía de María Elena Vásquez

María Elena Vásquez es una mujer peruana radicada en Chile desde hace 25 años. Educadora comunitaria e integrante del Colectivo Sin Fronteras, forma parte de esta organización que, desde hace más de dos décadas en el barrio la Chimba en Santiago, promueve la convivencia intercultural, la participación protagónica y el ejercicio de derechos de niños, niñas, adolescentes migrantes y sus familias. Desde su experiencia, María Elena ha sido testigo de cómo los cuidados comunitarios se convierten en una red que sostiene la vida cotidiana de las personas migrantes, ofreciendo contención, acompañamiento y dignidad en contextos donde las redes familiares suelen estar ausentes.

ONU Mujeres y el Colectivo Sin Fronteras desarrollaron el pasado mes de agosto un diálogo ciudadano para escuchar las voces de mujeres migrantes desde una mirada interseccional y conocer las principales brechas y desafíos que enfrentan en materia de cuidados. Este espacio forma parte de una serie de encuentros realizados a nivel nacional, cuyas reflexiones dieron origen al documento de política pública “La interseccionalidad de los cuidados: una mirada desde la ruralidad, el cambio climático, los pueblos indígenas, la migración y la Agenda Mujer, Paz y Seguridad”, elaborado por ONU Mujeres para visibilizar las múltiples dimensiones que atraviesan los cuidados en Chile y América Latina.

El documento releva que son las mujeres migrantes quienes sostienen gran parte del trabajo de cuidados, aunque en condiciones precarias y asumiendo una doble carga (en los países de destino y de origen). Es por ello por lo que es necesario garantizar el derecho al cuidado sin discriminación, en línea con el Compromiso de Tlatelolco, que llama a los Estados a construir una sociedad del cuidado basada en la igualdad, la corresponsabilidad y la justicia social.

Una historia de cuidado y compromiso comunitario

El Colectivo Sin Fronteras fue fundado en 2003 por tres mujeres migrantes: Patricia Loredo, María Rodríguez y María Vásquez. Se consolidó como un espacio comunitario de cuidados donde se reconoce el papel activo de niñas, niños y adolescentes, y se impulsa el liderazgo de las mujeres, promoviendo el cuidado como un derecho y una responsabilidad compartida entre familias, comunidad y Estado; a lo largo de su trayectoria, ha desarrollado acciones para acompañar a infancias migrantes, tejer redes de apoyo y fortalecer la cohesión social en los barrios, ofreciendo un espacio seguro donde, después de la escuela, las infancias pueden realizar tareas, participar en actividades y recibir acompañamiento emocional en contextos de duelo migratorio o vulnerabilidad.

Las acciones de cuidado impulsadas por el colectivo involucran activamente a profesionales de diversas áreas y a la comunidad, con el propósito de generar entornos protectores frente a la violencia y la discriminación, y de promover el cuidado de la salud mental en la niñez y adolescencia. A partir de las propias inquietudes de los niños y niñas, se realizan talleres de apoyo escolar, actividades deportivas, espacios formativos en derechos y talleres artísticos y culturales. Estos encuentros buscan fomentar la organización, fortalecer la autoestima y la conciencia de derechos y promover la capacidad de demandar apoyo ante situaciones de vulneración o acompañamiento emocional.

Desafíos urgentes para los cuidados dignos

El Colectivo Sin Fronteras impulsa acciones de incidencia pública y movilización social para transformar las condiciones legales y culturales que afectan a las infancias y adolescencias migrantes, demostrando que el cuidado es una responsabilidad social y política vinculada a la justicia y la igualdad; en este marco, María Elena destaca que las mujeres migrantes enfrentan profundas desigualdades estructurales, como la precarización laboral, la informalidad, los bajos salarios y la ausencia de protección social, lo que limita su autonomía y acceso a cuidados dignos, mientras persiste la idea de que el cuidado es una tarea exclusivamente femenina y no una responsabilidad compartida con el Estado, la comunidad y los hombres.

Para avanzar hacia una sociedad del cuidado más justa e inclusiva, María Elena subraya la necesidad de incorporar un enfoque interseccional que reconozca las distintas realidades de quienes cuidan: mujeres, hombres, personas de la diversidad sexo-genérica, infancias y migrantes, cada una con necesidades específicas. “También existen personas afrodiaspóricas que enfrentan discriminación y racismo institucional. Todas deben ser reconocidas y atendidas”, enfatiza.

Sostener los espacios que sostienen la vida

Sostener espacios comunitarios como los del Colectivo Sin Fronteras requiere apoyo económico estable y sostenido, que permita dar continuidad a las acciones de acompañamiento, formación y contención que hoy realizan mayoritariamente mujeres de manera voluntaria. Garantizar financiamiento para estos espacios no solo fortalece su labor cotidiana, sino que también contribuye a preservar el tejido social, generando confianza, redes de apoyo y sentido de pertenencia en comunidades diversas.

En contextos donde la institucionalidad pública no siempre alcanza, estos espacios se convierten en pilares de protección y cuidado colectivo, fundamentales para la integración

y el bienestar de las familias migrantes. Apostar por su sostenibilidad es, por tanto, invertir en una sociedad más justa y solidaria.

“Mantener abierto un espacio como este es un acto de resistencia y de amor. Aquí las familias se sienten acompañadas, y las niñeces encuentran seguridad, contención y esperanza. Por eso necesitamos que se reconozca y apoye a través de financiamiento este trabajo comunitario impulsado además por mujeres”.

Diálogos para una sociedad del cuidado

El diálogo ciudadano organizado junto a ONU Mujeres reunió a más de 25 mujeres para reflexionar colectivamente sobre las múltiples dimensiones del cuidado, visibilizando cómo el género, la migración, la edad y la situación económica afectan de forma interseccional las experiencias de las cuidadoras; este espacio permitió compartir desafíos y propuestas desde quienes sostienen la vida diariamente sin reconocimiento en la toma de decisiones, reafirmando el compromiso de ONU Mujeres de impulsar políticas que valoren el trabajo de cuidados en toda su diversidad y garanticen la participación activa de las mujeres en el diseño de respuestas institucionales.

“Fue valioso que se escuchara la experiencia de las mujeres migrantes trabajadoras, de quienes viven el cuidado día a día. Ojalá también haya sido un aprendizaje para las instituciones”, reflexiona María Elena Vásquez.

Un llamado a la fuerza colectiva de las mujeres migrantes que sostienen los cuidados

Desde el Colectivo Sin Fronteras, las redes comunitarias no solo acompañan, sino que sostienen la vida. En ellas, cada gesto de apoyo, cada palabra de consuelo y cada acción solidaria construyen espacios de esperanza y dignidad para las familias migrantes.

Sin las cuidadoras el mundo simplemente no funciona. Cuidar también es trabajar, y quienes cuidan merecen un salario digno, una pensión justa y el reconocimiento social que les ha sido negado por tanto tiempo. Su mensaje para las mujeres migrantes cuidadoras de América Latina y el Caribe, es que no están solas. “Nuestra fuerza colectiva sostiene la vida y abre camino hacia un futuro más justo y humano”, afirma Vásquez.

 

Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas.