Beijing+30: Patricia Gálvez y las mujeres rurales que siguen haciendo historia desde Ecuador

Cuando las mujeres hablan desde el territorio, el mundo escucha. En 1995, Patricia Gálvez llegó a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing representando a Ecuador, pero, sobre todo, representando una voz colectiva: la de las mujeres rurales, campesinas, indígenas y populares que, desde sus procesos de base, tejían cambios reales.

Hoy, con más de tres décadas de trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres y la educación popular, Patricia sigue trabajando desde las comunidades para que las agendas globales no se queden en el papel. Y, treinta años después, lo vivido en Beijing sigue marcando cada paso. 

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Foto: Cortesía de Patricia Gálvez

Un llamado que venía del campo

Patricia recuerda que no fue fácil llegar a Beijing. Formaba parte de un movimiento campesino que había comenzado a incidir en espacios internacionales. “La conferencia fue una posibilidad de visibilizar nuestras voces. La mayoría de las veces, las mujeres rurales no estábamos consideradas ni en las agendas ni en los discursos”, recuerda.

Desde el Centro Ecuatoriano de Desarrollo y Estudios Alternativos (CEDEAL), organización con la que ha trabajado durante décadas, Patricia impulsaba el liderazgo de las mujeres en sus territorios y también su participación en los espacios donde se toman decisiones. “Siempre creímos que lo local y lo global no están desconectados”, dice.

Un momento que lo cambió todo

Patricia describe Beijing como una explosión de energía colectiva. “Era la primera vez que muchas de nosotras podíamos compartir directamente con otras mujeres del mundo y, aunque veníamos de realidades distintas, los desafíos eran muy similares”.

Participó en la conferencia oficial y en el Foro de ONG, que tuvo lugar en Huairou. Allí se forjaron alianzas, se compartieron estrategias y se fortaleció la convicción de que el cambio debía ser estructural. “Recuerdo una plenaria en la que una compañera africana tomó la palabra para hablar del derecho al agua y cómo este estaba íntimamente ligado a la dignidad. Fue ahí cuando comprendimos que nuestras luchas eran globales, no aisladas”, cuenta. 

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Foto: Cortesía de Patricia Gálvez

Beijing desde los márgenes

Una de las mayores conquistas de Beijing fue que, por primera vez, las mujeres del sur global incidieron en la construcción de una agenda que hablaba de sus realidades. “No fue fácil. Había mucha resistencia de delegaciones conservadoras. Pero fuimos insistentes, persistentes. No estábamos dispuestas a que nuestras demandas quedaran fuera”.

Gracias a ese trabajo, la Plataforma de Acción incluyó de forma explícita la importancia de empoderar a las mujeres rurales, garantizar su acceso a servicios básicos y fortalecer su liderazgo. Y aunque el documento no recogió todo lo que soñaban, logró poner en palabras muchas de sus luchas históricas. 

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Foto: Cortesía de Patricia Gálvez

Un legado que sigue en pie

Treinta años después, Patricia sigue creyendo en la fuerza transformadora de Beijing. “Esa plataforma sigue siendo una hoja de ruta. Nos permite exigir políticas públicas con enfoque de género y territorial. Nos recuerda que lo que pedimos no es un favor, son derechos.”

Reconoce avances importantes en algunas áreas —especialmente en la visibilización de la violencia de género—, pero también retrocesos preocupantes. “La pobreza sigue teniendo rostro de mujer, especialmente en el campo. Aún no hemos logrado una redistribución justa de los cuidados, ni una participación política equitativa”, afirma.

Mirar hacia adelante con los pies en la tierra

A las nuevas generaciones de feministas, Patricia les deja un mensaje claro: “Beijing no es historia: es presente y es futuro. Cada derecho conquistado costó mucho. Ahora toca defenderlo, ampliarlo y hacerlo realidad en todos los rincones, especialmente donde más se necesita”.

Insiste en la necesidad de construir puentes entre generaciones, entre lo urbano y lo rural, entre la agenda global y las luchas locales. “Tenemos que seguir tejiendo juntas, desde la diversidad, pero con un horizonte común: la justicia, la igualdad, la dignidad”.

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Foto: Cortesía de Patricia Gálvez

Una voz que sigue sembrando 

Desde su trabajo en formación con mujeres rurales, Patricia continúa sembrando conciencia y resistencia. Beijing fue un punto de inflexión en su vida, pero también una responsabilidad. “Estuve ahí en nombre de muchas. Hoy, lo mínimo que puedo hacer es seguir trabajando para que sus voces —nuestras voces— nunca más sean silenciadas”.

Su experiencia demuestra que cuando las mujeres hablan desde el territorio, el mundo no solo escucha: cambia. 

 

Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas.