Ciudades inteligentes y cuidadoras: hacia un nuevo paradigma urbano
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La Directora Regional de ONU Mujeres, Bibiana Aido (fondo izquierda) junto a la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous (centro), visita un “Bloque de Cuidados” en la localidad de Los Mártires, en Bogotá, y conversa con usuarias el 8 de agosto de 2022. Foto: ONU Mujeres/Juan Camilo Arias Salcedo.
Cuando hablamos de ciudades inteligentes, solemos pensar en tecnología, conectividad y eficiencia. Sin embargo, ¿qué tan inteligentes pueden ser nuestras ciudades si no están pensadas para cuidar a las personas que las habitan? La propuesta de ciudades cuidadoras nos invita a ampliar la mirada: no basta con innovar en infraestructura digital, también debemos garantizar bienestar físico, emocional y social en la vida cotidiana de las personas.
¿Qué son los cuidados y por qué importan en la planificación urbana?
Los cuidados abarcan todas las actividades y relaciones destinadas a sostener la vida: desde atender a niñas, niños, personas mayores, dependientes o viviendo con discapacidad, hasta tareas cotidianas como alimentación, limpieza y acompañamiento. Este trabajo tiene componentes materiales, económicos y afectivos, y aunque es esencial para la sociedad –y para la economía local, como veremos más adelante– sigue siendo invisibilizado, infravalorado y mayormente no remunerado.
Históricamente, los cuidados han recaído en las familias y, dentro de ellas, principalmente sobre las mujeres. Esta distribución desigual limita su autonomía y acceso a derechos, reforzando estereotipos que asocian el cuidado con “naturaleza femenina” en lugar de reconocerlo como un saber que cualquier persona puede desarrollar.
La ciudad como facilitadora (o barrera) del cuidado
La organización espacial, la disponibilidad de servicios y la forma en que se articulan los tiempos de vida influyen directamente en cómo se cuida y quién cuida. En América Latina y el Caribe, las brechas territoriales son evidentes: zonas periféricas carecen de agua potable, transporte seguro, iluminación, conectividad y servicios básicos de salud y educación.
En estos contextos, las tareas de cuidado se vuelven más exigentes y prolongadas. El tiempo —factor crítico en la experiencia cotidiana— se multiplica en traslados y esperas, restringiendo oportunidades de empleo, formación y descanso, especialmente para las mujeres. Así, la ciudad puede ser aliada o enemiga: cuando faltan servicios cercanos y transporte accesible, la carga de cuidado aumenta.
Los cuidados como infraestructura urbana
Aunque no se reconozca, el trabajo de cuidados sostiene gran parte de la economía local. Pensarlos desde una perspectiva territorial implica asumirlos como infraestructura esencial para la vida urbana. Esto exige que la planificación estratégica incorpore servicios y equipamientos de proximidad que reduzcan y redistribuyan las cargas de cuidado.
Infraestructuras y servicios como agua potable, transporte seguro, centros de salud cercanos y espacios públicos accesibles no son neutras: si se diseñan con enfoque de género, facilitan los cuidados desde la gestión del tiempo, el autocuidado y la autonomía de las mujeres. En otras palabras, una ciudad cuidadora no solo provee servicios, también crea condiciones para la igualdad.
El proyecto “Piloto de Ciudades Seguras e Inclusivas para Mujeres y Niñas en Yakarta” (Safe Jakarta) se desarrolla bajo el entendimiento de que en Indonesia, como en muchos otros países, la violencia y el miedo a la violencia suelen obstaculizar el derecho de las mujeres a la ciudad. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown
Derecho a la ciudad y derecho al cuidado: dos objetivos entrelazados
La planificación estratégica urbana con enfoque feminista, según el Banco Mundial, debe ser:
- Participativa, incluyendo voces de mujeres, niñas y diversidades.
- Integrada, con enfoque transversal de género.
- Universal, atendiendo todas las edades y capacidades.
- Generadora de conocimiento, datos y capacidades, para influir en decisiones clave.
- Con inversión, asegurando recursos y compromiso político.
Este enfoque reconoce que las mujeres viven la ciudad de manera más intensa y diversa, combinando trabajo remunerado y no remunerado con actividades comunitarias. Sus trayectos son más complejos, con múltiples paradas (trip chaining) y mayor uso del transporte público. Sin embargo, estas realidades rara vez se consideran en la planificación urbana.
Hacia una ciudad cuidadora e inclusiva
El urbanismo feminista propone visibilizar la diversidad y las diferencias, reconociendo las desigualdades estructurales y reequilibrando las oportunidades en el territorio: cambiar el orden de prioridades de la productividad a la sostenibilidad de la vida. Una ciudad cuidadora pone a las personas en el centro, atendiendo necesidades según edad, etnia, capacidades, género y contexto cultural. Esto implica:
- Diseñar ciudades de proximidad y multifuncionales.
- Garantizar seguridad y movilidad para todas las personas.
- Territorializar políticas urbanas, considerando periferias, zonas rurales y barrios vulnerables.
Además, debe incorporar una mirada interseccional que visibilice cómo se entrelazan desigualdades de género con pobreza, migración, racialización y discapacidad. Solo así podremos avanzar hacia un modelo urbano que no excluya, sino que cuide.
Durante la fase de diseño del programa Ciudades Seguras en Guatemala, tras el estudio, más de 250 mujeres y niñas de la ciudad, así como organizaciones de la sociedad civil, participaron en talleres que identificaron formas concretas de mejorar las experiencias y la sensación de seguridad de las mujeres y las niñas en los espacios públicos. Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown
¿Qué tan inteligentes son nuestras ciudades?
La verdadera inteligencia urbana no se mide solo en sensores, conectividad o big data, sino en la capacidad de garantizar bienestar e igualdad para todas las personas. Las ciudades cuidadoras son el futuro: espacios que reconocen el valor del cuidado como pilar de la vida urbana y lo integran en su planificación estratégica.
El llamado es claro: innovar no es suficiente si no transformamos la gobernanza urbana local sólida, interseccional y participativa hacia un paradigma que ponga la vida en el centro. Una ciudad inteligente es una ciudad que cuida, porque en su diseño y en la interacción que plantea se coloca a las personas en el centro.
Recursos: El derecho al cuidado en la planificación estratégica urbana ¿cómo abordarlo? Orientaciones prácticas para gobiernos locales (CIDEU, CLACSO y ONU Mujeres).
Artículo por Bibiana Aido, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe publicado originalmente en inglés en Tomorrow City.