Fortalecimiento institucional: transformando compromisos en acción
Hacia la COP30, ONU Mujeres ha acompañado a los países de América Latina y el Caribe para fortalecer sus capacidades institucionales y garantizar que la perspectiva de género sea un componente central en los procesos multilaterales de decisión sobre cambio climático. Este acompañamiento se ha centrado en asegurar que quienes llevan la agenda de género y cambio climático por parte de los gobiernos en ALC tengan un rol activo, visible y estratégicamente coordinado en las negociaciones. Garantizar su presencia efectiva no solo amplía la diversidad de perspectivas, sino que también fortalece la legitimidad y la eficacia de los compromisos climáticos adoptados.
Este trabajo se ha desarrollado junto al grupo negociador AILAC —que incluye a Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú— así como con Uruguay y República Dominicana, en estrecha colaboración con la Global Gender Alliance1.
Estos esfuerzos han dado resultados concretos y estructurales. El año pasado, durante la COP29, se logró la extensión por diez años del Programa de Trabajo de Lima, consolidando el marco más relevante para la incorporación del enfoque de género en la acción climática internacional. Este logro sienta las bases para la definición de la nueva estructura del Plan de Acción de Género que se espera sea aprobado este año, con el objetivo de elevar la ambición y la efectividad en la implementación del Plan acordado.
Sociedad civil: la fuerza colectiva que impulsa el cambio
La preparación hacia la COP30 ha estado marcada por un impulso sin precedentes para fortalecer la voz de la sociedad civil, especialmente la de las mujeres que defienden la vida y los territorios. ONU Mujeres ha acompañado este proceso desde distintos frentes, articulando espacios donde las mujeres de América Latina y el Caribe no solo han participado, sino que han logrado incidir, construir alianzas y proyectar una visión feminista de la acción climática regional.
Uno de los hitos más relevantes fue la Primera Asamblea Regional del Grupo Principal de Mujeres ante el PNUMA, celebrada en Lima con el apoyo de ONU Mujeres y PNUMA. Allí, más de 20 mujeres (y otras 30 de forma virtual) de diferentes países de la región —lideresas, activistas, académicas y representantes de organizaciones nacionales y regionales— elaboraron una posición conjunta que luego presentaron en la Reunión Consultiva Regional sobre Medio Ambiente (RCR). Sus propuestas resonaron con fuerza entre los casi 100 participantes de los 9 Grupos Principales ante el PNUMA —mujeres, comunidades científicas, ONG, pueblos indígenas, juventudes, autoridades locales, personas trabajadoras y sindicalistas—, logrando influir directamente en las recomendaciones que orientarán las políticas ambientales de la región.
El impacto fue tangible: muchas de las demandas planteadas por las mujeres se reflejaron en la Declaración Ministerial de Lima, donde los gobiernos de América Latina y el Caribe reconocieron la necesidad de cerrar brechas de género y reconocer las contribuciones de las mujeres a la acción ambiental y climática. Fue una muestra clara de que la incidencia desde la sociedad civil puede traducirse en compromisos políticos concretos.
Desde el ámbito local, la acción también ha cobrado fuerza. En el marco de la Primera Conferencia Climática Internacional, con el “Compromiso Latinoamericano” promovido por el Pacto Global de Alcaldes y Alcaldesas (GCoM), ONU Mujeres ha impulsado un esfuerzo de sensibilización. Este espacio, que reunió a más de seis mil asistentes presenciales, ha permitido conectar a lideresas comunitarias, autoridades locales y organizaciones ambientales, favoreciendo el intercambio de experiencias y estrategias para que la igualdad de género integre las políticas climáticas desde los municipios hasta los marcos nacionales. Lo que antes eran esfuerzos aislados, hoy se consolidan en redes de cooperación y aprendizaje mutuo que fortalecen el liderazgo de las mujeres en todos los niveles de decisión.
Y mirando hacia el futuro, los Diálogos Prospectivos de Género y Cambio Climático en el marco de Beijing+30 han abierto un espacio para imaginar lo que aún no existe. Más allá de los ítems establecidos en las negociaciones climáticas, estos diálogos invitan a pensar en nuevos horizontes: una transición justa y feminista, donde la energía, la movilidad y la innovación se conciban desde la igualdad, y donde las políticas climáticas respondan también a las aspiraciones, conocimientos y experiencias de las mujeres en toda su diversidad. Son ejercicios de imaginación política que siembran hoy las visiones que podrían transformar los acuerdos del mañana.
Conocimiento y evidencia: la base de políticas transformadoras
La generación de conocimiento ha sido un pilar fundamental en esta preparación colectiva. En el marco del proyecto regional sobre género y ambiente, financiado por el Ducado de Luxemburgo, ONU Mujeres México, en colaboración con El Colegio de México (COLMEX), se elaboró un listado regional de indicadores sobre género y ambiente, adaptado a las realidades, capacidades y prioridades de América Latina y el Caribe (ALC). Este instrumento, fruto de un proceso colaborativo con ministerios de ambiente, mecanismos para el adelanto de las mujeres (MAM) y oficinas nacionales de estadística (ONE), representa un avance clave hacia la armonización y comparabilidad de datos en materia de género y ambiente en la región.
Paralelamente, ONU Mujeres ha desarrollado el Marcador de Igualdad de Género en las Políticas Climáticas, con especial atención a las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs por sus siglas en inglés) —uno de los temas centrales de la COP30, donde muchos países presentarán sus versiones actualizadas. Aunque se trata de una herramienta global, la Oficina de ONU Mujeres en Chile, junto con el Ministerio de Ambiente y en colaboración con FLACSO, está liderando su aplicación contextualizada, adaptando el análisis a los sectores priorizados por sus NDCs.
Estas iniciativas fortalecen la capacidad de los países para medir avances, identificar brechas y rendir cuentas sobre sus compromisos climáticos y de igualdad de género.
Contar con evidencia robusta y comparable es esencial para orientar políticas públicas y mecanismos de financiamiento climático con enfoque de género, asegurando que las transiciones hacia economías verdes y resilientes no reproduzcan desigualdades, sino que las transformen.
Adicionalmente, también se han apoyado los esfuerzos de sociedad civil para fortalecer su capacidad de abogacía e incidencia a través de la “Guía de participación de mujeres de ALC en negociaciones climáticas internacionales”
Coordinación interinstitucional: Un esfuerzo conjunto hacia una transición justa y feminista
Nada de esto sería posible sin la coordinación interagencial. A través del Mecanismo de Coordinación Interagencial (IBC) sobre Cambio Climático, ONU Mujeres ha promovido espacios de articulación técnica y política junto con otras agencias del sistema de Naciones Unidas. En este marco, se realizó un webinar regional rumbo a la COP30 junto con UNDRR y OIM, que reunió a gobiernos, sociedad civil y academia. Este espacio permitió elaborar un documento de mensajes clave, diseñado para que los Coordinadores Residentes de América Latina y el Caribe cuenten con información común sobre igualdad de género en el marco de la agenda de cambio climático, fortaleciendo así su capacidad de asesorar a los gobiernos y apoyar políticas climáticas inclusivas y efectivas.
Mirando hacia Belém
El camino hacia la COP30 es, en realidad, un proceso de construcción de futuro. Uno donde las voces de las mujeres de América Latina y el Caribe no llegan para añadirse, sino para redefinir las reglas del juego. La región se prepara para llegar a Belém con posiciones sólidas, conocimientos compartidos y una convicción común: que la justicia climática solo será posible si es también con justicia de género.
Este proceso fue posible gracias al financiamiento del Gran Ducado de Luxemburgo y su compromiso con la acción climática con perspectiva de género.
1 Grupo de trabajo técnico compuesta por AILAC, Instituto Kaschak, CEPAL, ONU Mujeres y PNUD.