| Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas. |
Marion Reimers: un testimonio valiente en el que se transforma el dolor de la violencia digital en acción colectiva
La periodista deportiva y comunicadora Marion Reimers, Embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres México, habla con honestidad sobre el impacto que la violencia digital ha tenido en su vida personal y profesional, y sobre lo que significa enfrentar ataques que buscan silenciar a las mujeres con presencia pública. Su testimonio muestra que esta violencia no se queda en la pantalla, afecta la salud mental, la reputación y la libertad de expresión. Al compartir su experiencia, invita a reconocer la gravedad del problema, a dejar de minimizarlo y a acompañar a quienes lo viven, recordando que ninguna mujer debería atravesarlo sola.
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Foto: ONU Mujeres / Dzilam Méndez
Muchas personas piensan que la violencia digital es menos grave y que se limita a los espacios en línea. ¿Cómo les explicas que la violencia digital afecta vidas reales y se traslada al mundo fuera de internet?
Creo que debemos dejar de disociar nuestras experiencias en el mundo físico y en el digital, porque la afectación es la misma. Si alguien hackea mi cuenta o me asalta en la calle, el efecto final es muy similar. La violencia digital también se traslada al ámbito físico: hay personas que derivado de esto se lesionan a sí mismas o son acosadas y violentadas fuera de internet. No somos entidades independientes; todo sucede dentro del mismo mundo en el que vivimos.
¿Cómo describirías tu experiencia frente a la violencia digital en el ejercicio de tu trabajo y tu vida personal?
[Marion ha sido víctima de violencia en entornos digitales, en el contexto de la visibilidad que tiene como periodista deportiva y defensora de los derechos de las mujeres, especialmente por expresar opiniones feministas y cuestionar el machismo en el deporte y los medios]
Ha sido traumática y complicada. Me ha significado la pérdida de oportunidades laborales, el dudar de mí misma y de mi percepción personal, además de afectar la forma en que otras personas me perciben. Esta “muerte reputacional” orquestada ha tenido efectos muy importantes en mi salud mental, en la depresión, la ansiedad y en la manera en que me vinculo con el mundo digital, llevándome a aislarme de una forma de expresión.
¿Cuáles fueron los principales obstáculos o problemas que enfrentaste al buscar ayuda, justicia o protección frente a la violencia digital?
Uno de los principales obstáculos fue desacreditar mi propia experiencia, producto del entorno en el que vivimos, donde este tipo de violencia se minimiza. También la falta de conocimiento y entendimiento de las autoridades sobre la realidad de esta problemática, la ausencia de protocolos y la falta de presión sobre las plataformas que la facilitan.
¿Qué representa para ti el precedente judicial que reconoció los riesgos de la violencia digital contra periodistas?
Representa, en lo simbólico, una nueva vía para que las mujeres y defensoras de derechos humanos puedan denunciar esta violencia. A título personal, significó el acceso a la justicia, el reconocimiento de mi vivencia y de mi experiencia, y no ser permanentemente objeto de gaslighting al decirme que esto sólo me pasaba a mí.
Cuéntanos sobre el acompañamiento, apoyo o trabajo que identifiques por parte de ONU Mujeres en torno a la violencia digital en contra de las mujeres.
ONU Mujeres me acompañó desde el primer momento y han sido increíblemente solidarias. Han desarrollado programas, estudios y acercamientos hacia la temática que hoy permiten lanzar una campaña muy importante. Además, me acercaron a mesas de trabajo donde pude compartir mi experiencia y ayudar a amplificar esta situación.
Foto: ONU Mujeres / Dzilam Méndez
¿Qué tipos de agresión o discursos de odio consideras que son más comunes hacia las mujeres con presencia pública?
Los insultos y agresiones más comunes tienen que ver con el género, con la desacreditación y con estrategias articuladas que buscan la pérdida de credibilidad de quienes estamos en la esfera pública. El doxing, el chantaje y hacer que las mujeres se sientan en situación de vulnerabilidad o duden de sí mismas también son frecuentes.
¿De qué manera esta violencia afecta la libertad de expresión y la participación de las mujeres en los medios y redes sociales?
Afecta directamente la libertad de expresión porque genera autocensura ante el miedo a las consecuencias profesionales y personales. Nos empezamos a silenciar y eso también enseña a otras mujeres que alzar la voz o salirse del guion esperado tiene un costo. Así se amplifica y se espectaculariza la violencia.
¿Qué papel deberían desempeñar los medios de comunicación y las plataformas digitales para prevenir y atender esta violencia?
Las plataformas no han desarrollado mecanismos de denuncia claros y, por el contrario, han enaltecido el discurso de odio. Deberían contar con protocolos, perspectiva de género y mecanismos de denuncia mucho más específicos y refinados.
¿Qué mensaje enviarías a otras mujeres que enfrentan violencia digital?
Les diría que no están solas, que no están locas y que esto no es algo inventado. Muchas hemos vivido lo mismo. Les pido que encuentren redes de seguridad y acompañamiento, que denuncien y enaltezcan esta lucha, recordando que el problema no es de ellas.
Actualmente, ¿emprendes algún proyecto relacionado con la violencia digital?
Sí, estamos emprendiendo proyectos en contra de la violencia digital, buscando crear protocolos para proteger a las deportistas y a las mujeres que ejercen el periodismo deportivo. Además, de la mano de ONU Mujeres lanzaremos una campaña muy ambiciosa para visibilizar esta problemática y mejorar los mecanismos de acceso a la justicia.