| Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas. |
Perder el miedo lo cambia todo: Olimpia y la lucha contra la violencia digital que afecta a miles de mujeres”
“Lo virtual es real”, insiste Olimpia Coral Melo Cruz, defensora de espacios digitales libres de violencia e impulsora de la Ley Olimpia en América Latina. Su historia lo confirma con una fuerza que desarma. La violencia digital no se queda en una pantalla, afecta la vida cotidiana, el cuerpo y la memoria, mientras persisten prejuicios que minimizan su gravedad. Quienes la viven cargan con el señalamiento social y la falta de respuesta institucional, en un entorno que todavía asume que lo que pasa en Internet no cuenta. Su voz, nacida del dolor y convertida en acción colectiva, expone que esta violencia es parte de un sistema desigual que ahora se amplifica en el mundo digital.
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Foto: ONU Mujeres/ Rodrigo Chapa Torres
Muchas personas piensan que la violencia digital es menos grave y que se limita a los espacios en línea. ¿Cómo les explicas que la violencia digital afecta vidas reales y se traslada al mundo fuera de Internet?
Como sobreviviente de violencia digital, he visto cómo esta forma de agresión no se queda en un clic ni en las pantallas. Transgrede la vida, los entornos, la presencia, el cuerpo y la memoria. A quienes la sufrimos nos hacen creer que somos culpables, mientras que las autoridades muchas veces no actúan porque piensan que, al ser virtual, no es real.
Sin embargo, la violencia digital es una extensión de la violencia sistémica que se vive en los entornos físicos y materiales. Hoy se ha trasladado a los espacios virtuales, donde se agrava y se perpetúa, sobre todo, en contra de las mujeres y las niñas.
¿Qué factores están amplificando este tipo de violencia hoy en día?
Vivimos en una Internet desproporcional y en un algoritmo patriarcal, donde las condiciones estructurales siguen siendo desiguales para las mujeres, las niñas y las disidencias. Además, persiste la creencia de que “por ser virtual no es real”, lo cual genera impunidad, revictimización y falta de respuesta institucional.
Foto: ONU Mujeres/ Rodrigo Chapa Torres
¿Has experimentado personalmente violencia digital?
Soy originaria de Huauchinango, un pequeño pueblo en la Sierra Norte de Puebla. En 2013, una pareja me propuso grabar un video íntimo. En ese momento no sabía lo que era el “sexting” ni tenía noción de sus implicaciones. El video, que fue grabado con consentimiento, se difundió sin mi consentimiento y cambió mi vida por completo.
En un entorno tan pequeño, todas las personas comenzaron a señalarme, criticarme y culparme. Cuando intenté denunciar, las autoridades me dijeron que la violencia digital no era real y que la culpable era yo por haberme dejado grabar. Pasé meses en depresión, tuve tres intentos de suicidio y mi nombre quedó asociado en Internet a ese video sexual, con búsquedas en decenas de países.
La situación se volvió insoportable cuando el video llegó a mi familia. Sin embargo, ese día, mi madre fue la primera persona que me creyó y me dijo: “lucha porque tienes derecho a la intimidad”. Desde ese momento decidí no tener miedo y supe que debía hacer algo por todas las víctimas de violencia digital.
¿Cuáles fueron los principales obstáculos o problemas que enfrentaste al buscar ayuda, justicia o protección frente a la violencia digital?
El principal obstáculo fue la negación del problema por parte de las autoridades. Cuando acudí a denunciar, me dijeron que “eso no era un delito”, que “yo tenía la culpa” y que mejor me fuera a mi casa. En ese momento no existía ningún reconocimiento legal de la violencia digital, ni mecanismos de protección o reparación.
Foto: ONU Mujeres/ Rodrigo Chapa Torres
¿Algunos de estos problemas han sido abordados hoy mediante leyes o políticas? Si es así, explica qué ha cambiado o si hay iniciativas prometedoras en marcha.
Después de años de lucha, entre 2013 y 2021 logramos una reforma al Código Penal de México para reconocer la violencia digital con perspectiva de género y desde la voz de las víctimas. Esta reforma estableció responsabilidades sobre la difusión, almacenamiento, tenencia o producción no autorizada de contenidos íntimos sexuales.
El movimiento que impulsó estos cambios fue conocido como Ley Olimpia, la primera ley en el mundo creada por víctimas de violencia digital, especialmente por mujeres de América Latina.
La primera institución que reconoció públicamente a la Ley Olimpia como un hito regional fue ONU Mujeres, y ese reconocimiento nos hizo entender que nuestra voz había hecho eco en el mundo. Hoy, la ley se ha aprobado en México, Argentina y Panamá, y está por aprobarse en Colombia.
Además, en México estamos por iniciar el Observatorio de Violencia Digital, y contamos con Ley OlimpIA, la primera inteligencia artificial creada por sobrevivientes, programada por nosotras mismas. Atiende 24 horas los siete días de la semana, en 30 idiomas distintos, y se está extendiendo por toda América Latina.
¿Qué no ha cambiado y debe cambiar para poner fin a la violencia digital?
Aún queda mucho por transformar. No aspiramos únicamente a ver a los agresores en la cárcel, sino a que no existan más víctimas. No se trata solo de aprobar leyes, sino de cambiar las conciencias y el mundo. Si es necesario deconstruir el código y volver a construirlo, debemos hacerlo desde nosotras, las mujeres, en una Internet y un algoritmo que todavía son patriarcales y desiguales.
¿Por qué la incidencia y el activismo son más poderosos cuando los lideran sobrevivientes?
Porque no se trata de una moda ni de un performance, sino de un movimiento legítimo nacido del dolor y la experiencia. Cuando el activismo surge desde las sobrevivientes, no se despolitiza, mantiene su fuerza y su autenticidad.
Lo personal es político, y por eso las redes de mujeres sobrevivientes tenemos la responsabilidad de no solo cambiar las leyes, sino también cambiar las conciencias y transformar el mundo.
Como sobreviviente, ¿qué te inspiró a convertirte en defensora de esta causa?
El momento decisivo fue cuando mi madre me creyó y me dijo que no era mi culpa, que tenía derecho a la intimidad. Esa fue la primera vez que alguien no me juzgó.
A partir de ahí decidí no tener miedo y comenzar a trabajar por todas las víctimas. Junto con otras mujeres, empecé a construir una definición de violencia digital desde la voz de las víctimas, y lanzamos el hashtag #LoVirtualEsReal, que sintetiza nuestra lucha. Desde 2013 hasta 2021, seguimos adelante hasta lograr la reforma que hoy conocemos como Ley Olimpia.
¿Qué consejos tienes para las mujeres que lean esto y estén enfrentando violencia digital? ¿Cómo pueden buscar ayuda y qué acciones pueden tomar?
A las mujeres que enfrentan violencia digital quiero decirles que las van a culpar, las van a señalar y les harán creer que son responsables, pero no es su culpa.
Quizá las leyes aún no alcancen para darnos toda la justicia que merecemos, pero luchar siempre vale la pena. Estamos apenas comenzando una ruta hacia el acceso a la justicia y aprendiendo a reconocer que esta violencia es una extensión de la violencia sistémica que vivimos. Y, sobre todo, que la verdadera justicia empieza cuando decidimos perder el miedo, cuando logramos cambiar el miedo de bando.