En La Paz, mujeres lencas impulsan nuevos liderazgos para transformar la participación política en Honduras
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“Formación cívica y electoral con enfoque de igualdad de género a mujeres y jóvenes lencas de La Paz”. UTC La Paz y equipo de Gobernanza y Participación Política. Foto: ONU Mujeres/José Martínez
En Honduras, la participación política de las mujeres continúa marcada por profundas desigualdades. Aunque representan más de la mitad del padrón electoral, su presencia en los espacios de toma de decisiones sigue siendo limitada, particularmente para las mujeres jóvenes e indígenas.
La discriminación, la violencia política, la inseguridad, el miedo asociado a la participación pública y la falta de acceso a recursos y formación son barreras estructurales que restringen el derecho de las mujeres a participar plenamente en la vida democrática del país.
Esta realidad se refleja con claridad en el departamento indígena de La Paz, ubicado en el centro-suroeste de Honduras. Allí, tras las elecciones generales de noviembre de 2025, solo una mujer resultó electa como alcaldesa y ninguna alcanzó una diputación.
Más que una cifra aislada, el resultado evidencia los límites estructurales que enfrentan los liderazgos de las mujeres para traducir su participación en representación política efectiva dentro de un sistema que todavía reproduce desigualdades históricas.
Formación cívica para mujeres y juventudes lencas: fortalecer liderazgos desde los territorios
Frente a este panorama, fortalecer las capacidades, la organización y la voz política de las mujeres y juventudes lencas se convierte en una apuesta estratégica para ampliar la participación democrática.
Con ese propósito, la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) de La Paz impulsó el proyecto “Formación cívica y electoral con enfoque de igualdad de género a mujeres y jóvenes lencas de La Paz”.
La iniciativa marcó la primera colaboración entre la organización y ONU Mujeres, en el marco del proyecto EUROELECT-H, financiado por la Unión Europea e implementado por el PNUD en alianza con ONU Mujeres.
El proceso fue concebido como una experiencia piloto, orientada a generar aprendizajes y sentar bases para intervenciones sostenidas en el mediano plazo.
Jóvenes participantes de los procesos formativos de UTC La Paz en el marco del proyecto EUROELECT-H. Foto: ONU Mujeres/José Martínez
El proyecto forma parte de la política de pequeñas subvenciones de ONU Mujeres, dirigida a fortalecer las capacidades de las organizaciones de la sociedad civil para que puedan incidir de manera más efectiva en los procesos democráticos.
Mediante apoyo técnico y financiero, la iniciativa buscó fortalecer el liderazgo y la participación política de mujeres y juventudes en cuatro municipios del departamento: Marcala, Santa Ana, Cabañas y Yarula.
Más allá de una intervención vinculada únicamente al ciclo electoral, la apuesta se centró en fortalecer capacidades organizativas y políticas sostenibles en el tiempo.
Como resultado, 65 personas participaron en procesos formativos sobre democracia, derechos humanos, participación ciudadana y veeduría social, entre ellas 30 mujeres y 25 jóvenes.
Pero el impacto del proceso no se mide sólo en cifras. También se refleja en historias personales de transformación.
Juventudes lencas y participación democrática: aprender a ejercer derechos
Para Doris Reyes, joven del municipio de Cabañas, la experiencia marcó un punto de inflexión.
Antes de participar en las capacitaciones, recuerda que no tenía interés en votar.
“A mis 18 años no quería votar. Veía a todos los candidatos igual”, explica.
El proceso formativo no solo la motivó a ejercer su derecho al voto, sino que también le permitió comprender la importancia de informarse y de tomar decisiones conscientes. “A veces los jóvenes no sabemos dónde buscar información. No conocemos nuestros derechos y los políticos fácilmente nos pueden engañar”, agrega.
Reyes también participó como observadora durante la jornada electoral.
“Uno aprende a identificar cosas que antes parecían normales, pero que no se deberían dar. Y conoce cómo es la Ley Electoral”, comenta.
Experiencias como la suya muestran el potencial transformador de la formación cívica. También revelan la importancia de crear condiciones que permitan que estos liderazgos trasciendan el ejercicio puntual del voto y se consoliden en trayectorias políticas sostenidas.
Inseguridad y violencia política: barreras para la participación de mujeres jóvenes
La experiencia de Amarinta Matute, joven de Marcala con más de una década de participación comunitaria, evidencia otro desafío persistente: el miedo.
Para ella, la inseguridad continúa alejando a muchas jóvenes de los espacios de formación y de defensa de derechos.
“Cuando se habla de derechos humanos, muchos jóvenes sienten miedo ante el riesgo que ello representa”, afirma.
Jóvenes participantes de los procesos formativos de UTC La Paz en el marco del proyecto EUROELECT-H. Foto: ONU Mujeres/José Martínez
En contextos donde la violencia y la estigmatización de la participación social forman parte de la vida cotidiana, el miedo no es solo una percepción individual, también es un factor estructural que condiciona la participación política.
Las amenazas, la inseguridad y la falta de garantías efectivas afectan de manera diferenciada a las mujeres y a las juventudes indígenas, profundizando las barreras existentes.
Reconocer esta dimensión es clave para comprender que el fortalecimiento de capacidades debe ir acompañado de entornos más seguros y de instituciones que protejan y legitimen la participación de las mujeres.
Liderazgo colectivo de mujeres indígenas: construir agendas políticas comunes
Desde la perspectiva de las mujeres indígenas adultas, el proyecto también generó aprendizajes significativos.
Celenia Carrillo, integrante de la red de mujeres de Marcala, destaca el valor de haber construido espacios colectivos de reflexión política.
Celenia Carrillo, integrante de la Red de Mujeres de Marcala. Foto: ONU Mujeres Honduras/José Martínez
“Nunca habíamos trabajado en un proyecto político común entre mujeres. Pensábamos que la política nos iba a separar, pero al analizar juntas el contexto, vimos que compartimos las mismas problemáticas y que podemos construir propuestas comunes”, explica.
Uno de los resultados más relevantes del proceso fue la articulación entre redes de mujeres y redes de jóvenes, promoviendo liderazgos colectivos y una agenda compartida.
El proyecto también facilitó la firma de cartas de compromiso con candidaturas a alcaldías y diputaciones, incorporando en sus propuestas las prioridades de mujeres y juventudes lencas.
En el caso de UTC La Paz, la experiencia también generó cambios internos. Actualmente, su junta directiva está conformada en un 70 por ciento por mujeres, mientras que los hombres de la organización participan en procesos de formación sobre igualdad de género y nuevas masculinidades.
Fortalecer la democracia desde los territorios indígenas
Como experiencia piloto, el proceso deja aprendizajes relevantes para futuras iniciativas.
Entre ellos, destacan la importancia de combinar la formación técnica con el análisis del contexto territorial, promover alianzas intergeneracionales y sostener el acompañamiento más allá de los momentos electorales.
La construcción de una participación política efectiva requiere continuidad, recursos y estrategias de mediano plazo que permitan a estos liderazgos disputar espacios y consolidarse en ellos.
Para Merlín Domínguez, técnica de proyectos de UTC La Paz, el reto ahora es dar seguimiento a los compromisos asumidos por las autoridades electas y continuar acompañando a mujeres y juventudes en su ejercicio de incidencia política.
Fortalecer la democracia implica escuchar y amplificar las voces que históricamente han sido excluidas de los espacios de decisión.
En La Paz, mujeres y juventudes lencas ya están dando ese paso. Su liderazgo abre camino hacia una representación más inclusiva y una democracia que refleje mejor la diversidad de los territorios.
Cuando se invierte en las capacidades de las mujeres y en el fortalecimiento de sus organizaciones, se generan condiciones para transformar la participación política y ampliar las posibilidades de liderazgo para las generaciones presentes y futuras.