Liderazgo de mujeres en Guatemala impulsa la paz y la participación comunitaria en Huehuetenango

En el corazón del altiplano de Guatemala, en el departamento de Huehuetenango, la construcción de paz tiene rostro de mujer. En territorios marcados por la exclusión histórica, la violencia y profundas desigualdades, lideresas comunitarias impulsan procesos que transforman la vida de otras mujeres y fortalecen el tejido social desde lo local. 

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Lideresas del departamento de Huehuetenango durante la presentación del proyecto “Mujeres liderando paz”, que ONU Mujeres realizó al COCODE. Huehuetenango, Guatemala. Foto: ONU Mujeres Guatemala/ Alejandra Chicas 

Huehuetenango, Guatemala - En un territorio donde las huellas del conflicto aún marcan la memoria colectiva y el racismo estructural profundiza las desigualdades, las mujeres indígenas organizadas se han convertido en referentes de cambio. María Guadalupe García y Francisca Domingo Pérez lideran iniciativas comunitarias que promueven la justicia, la dignidad y la participación, demostrando que la paz se construye día a día desde las comunidades.

Estos procesos cuentan con el respaldo del proyecto Mujeres liderando paz, implementado por ONU Mujeres, PNUD y UNFPA, con financiamiento del Fondo para la Consolidación de la Paz (PBF, por sus siglas en inglés). A través de esta iniciativa, lideresas locales fortalecen su participación sociopolítica y contribuyen a la implementación de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad, dando vida en los territorios a los principios de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.  

En un contexto en el que la violencia contra las mujeres y las barreras a su participación cívica y política persisten, su liderazgo representa una apuesta concreta por una paz sostenible basada en la igualdad. A tres décadas de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, sus acciones evidencian que la construcción de paz con enfoque de género no es una aspiración futura, sino una realidad que avanza desde lo comunitario.

Para comprender cómo estos procesos cobran forma en la vida cotidiana, la historia de María Guadalupe García ofrece una ventana a las transformaciones que hoy emergen desde Huehuetenango. 

“Queremos caminar libres y sin miedo”

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Pie de foto: María Guadalupe García de la organización Mamá Maquín en taller de liderazgo comunitario, realizado en el departamento de Huehuetenango, Guatemala. Foto: ONU Mujeres Guatemala/ Alejandra Chicas 

Sobreviviente del conflicto que marcó la historia de Guatemala en los años ochenta, María Guadalupe García Hernández encontró en el exilio una escuela de vida. Como muchas mujeres mayas, desplazadas por el conflicto, se refugió en México para salvar su vida. Allí, entre mujeres, nació la organización Mamá Maquín, un espacio de formación, resistencia y conciencia.  

“Ahí aprendimos a escuchar nuestra voz, nuestra palabra como mujeres y como mujeres mayas en el refugio”, recuerda.  

Durante ese tiempo de destierro también aprendió el lenguaje de los derechos y la justicia social. Cuando regresó a Guatemala, volvió con una visión política clara y el compromiso de transformar las condiciones que habían marcado su historia. “Queremos vivir sin miedo en nuestros territorios; que se escuche nuestra voz, nuestra palabra, desde nuestro pensar, nuestro sentir y nuestra mirada”, afirma.

Desde Huehuetenango, María Guadalupe ha impulsado procesos organizativos que articulan a más de diez organizaciones de mujeres campesinas, indígenas y rurales. Juntas han promovido espacios libres de violencia y han posicionado la defensa del cuerpo, el territorio y la madre tierra como ejes centrales de su lucha.  

Para García, la violencia no puede entenderse de forma aislada. “Es producto de problemas estructurales: la opresión, el racismo, la exclusión y la discriminación”, explica. Su análisis señala un sistema patriarcal, colonial y racista que históricamente ha negado el valor y la voz de las mujeres. “El mismo sistema nos ha educado diciéndonos que las mujeres no sabemos, que no pensamos… pero somos las que garantizamos la alimentación y sostenemos la vida”, enfatiza.

La organización que representa impulsa procesos de sensibilización, formación política y liderazgo sociopolítico desde una agenda de derechos, sin vinculación partidaria. Gracias a estos esfuerzos, varias municipalidades han fortalecido sus Direcciones Municipales de la Mujer. Sin embargo, advierte que aún persisten desafíos para garantizar la participación efectiva en espacios de toma de decisiones, como los Consejos Municipales de Desarrollo (COMUDES) y los Consejos Comunitarios de Desarrollo (COCODES).

“Falta voluntad política para lograr cambios estructurales reales”, señala, subrayando que la participación de las mujeres es clave porque son quienes cuidan la vida, el agua, la naturaleza y toda la comunidad”, señala. 

“Cuando tengan la palabra, no la suelten”

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Francisca Domingo Pérez compate sus opiniones con un grupo de mujeres durante la Presentación del proyecto “Mujeres liderando paz” al CODEDE en Huehuetenango. Foto: ONU Mujeres Guatemala/ Alejandra Chicas 

Como María Guadalupe, otras mujeres en Huehuetenango han transformado experiencias marcadas por la violencia en liderazgo comunitario. Una de ellas es Francisca Domingo Pérez, una mujer maya-mam, delegada departamental del Foro Nacional de las Mujeres por la Paz y la primera mujer indígena en coordinar un COCODE en su municipio.  

Su liderazgo nació del dolor. Perdió a sus padres en el conflicto y sobrevivió a la violencia en el ámbito del hogar. Hoy trabaja para que otras mujeres no enfrenten esas realidades solas.  

En Huehuetenango, explica, la violencia contra las mujeres persiste tanto en el ámbito familiar como en el político, donde el machismo y la discriminación continúan limitando la participación femenina.  

Cuando asumió la presidencia del COCODE en la cabecera municipal, enfrentó resistencia directa. “Los hombres ladinos expresaron que cómo habían permitido que una mujer indígena llegara a enseñarles cómo trabajar”, recuerda. Lejos de detenerla, esa experiencia abrió camino a otras mujeres.  

Gracias a su impulso, 47 mujeres han asumido cargos de coordinación comunitaria y participan activamente en espacios como COMUDES y Consejos Departamentales de Desarrollo (CODEDES). Su mensaje es constante: “Cuando tengan la oportunidad y tengan la palabra, no la suelten. La voz es de ustedes, háganse escuchar porque nosotras valemos”.

Desde el Foro Nacional de Mujeres por la Paz y en alianza con ONU Mujeres, Francisca coordina procesos de formación política con visión a largo plazo. “Queremos que, de aquí al 2027, tengamos más mujeres fortalecidas en los espacios de toma de decisiones”, afirma.  

Su mensaje final está dirigido a las generaciones más jóvenes: involucrarse, participar y formarse no solo transforman las trayectorias individuales, sino también el tipo de Estado y de sociedad que se busca construir.