Ljubica Fuentes: “Hay que dejar de lado la romantización del trabajo juvenil como una ‘abnegada entrega’ y empezar a invertir en sus proyectos y organizaciones a largo plazo”

Ljubica Fuentes, sobreviviente de violencia educativa y de acoso sexual durante su formación en Derecho, convirtió una experiencia profundamente marcada por la persecución a sus convicciones feministas en el impulso para una trayectoria dedicada a la justicia de género. Abogada feminista con amplia especialización en políticas públicas, derechos humanos y participación política de las mujeres, ha acompañado a víctimas y promovido reformas para garantizar entornos seguros y representativos. Como fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Ciudadanas del Mundo, lidera el primer espacio de la sociedad civil en Ecuador enfocado en erradicar la violencia de género en la educación superior, impulsando capacitaciones, investigaciones y seminarios internacionales. Su liderazgo la ha posicionado como una referente joven en organismos multilaterales, incluyendo ONU Mujeres Ecuador y el Youth Committee SG4 de UNESCO. 

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Foto: Cortesía de Ljubica Fuentes

¿Cuáles son hoy las principales recomendaciones de las juventudes de América Latina para avanzar en los derechos y la igualdad de mujeres y niñas en el marco del Día Internacional de las Mujeres 2026?

Con el avance de las agendas antiderechos y el aumento del impacto en seguridad del crimen organizado, los derechos de las mujeres enfrentan un retroceso importante y no se visibilizan como una prioridad en las agendas gubernamentales. Frente a este abandono estatal que atraviesa la mayor parte de América Latina, las juventudes recomiendan garantizar la vida y la libertad de las mujeres defensoras de derechos humanos, detener la persecución y las amenazas a su trabajo; repensar los sistemas de justicia desde un enfoque transformador de género; invertir en sistemas educativos que cuestionen la reproducción de dinámicas patriarcales; detener los discursos públicos misóginos, xenófobos y especialmente restrictivos de derechos sexuales y reproductivos de niñas y mujeres; proteger los ecosistemas, el agua y la vida de la tierra; y detener el desmantelamiento institucional de entes rectores de los derechos de las mujeres como ministerios o secretarías.

Pensando en la CSW70, ¿cuáles son los principales obstáculos que enfrentan mujeres y niñas para acceder a la justicia y qué cambios proponen las juventudes para superarlos?

Sin duda los principales obstáculos tienen que ver con la corrupción, la penetración del crimen organizado y la falta de sensibilización y transversalización del enfoque de género. Estos problemas sociales se traducen en barreras reales que afectan la celeridad, la imparcialidad y la garantía de derechos.

Otro gran problema en América Latina es la falta de normativa acorde a la progresividad de derechos. En esa línea, muchos países todavía criminalizan el aborto, pero no tienen regulados temas como violencia educativa, grooming y violencia digital.

En este punto cabe también hablar de la justicia económica, laboral y educativa, que son sistemas en los que las mujeres de América Latina ven limitados sus derechos de acceso y permanencia.

Uno de los principales cambios que debe existir es la sensibilización de operadores judiciales en temas de violencia de género. Esto consiste en comprender las dinámicas de poder a las que se enfrentan las víctimas durante procesos judiciales para prevenir la revictimización.

Así también la administración judicial debe pensar en descentralizar el sistema de justicia para acercarlo a comunidades que no conocen los derechos que atraviesan su vida. En ese sentido, el trabajo de difusión de conocimientos es clave para garantizar el acceso a la justicia.

¿Cómo pueden las juventudes contribuir a prevenir y eliminar la violencia contra mujeres y niñas en América Latina desde sus comunidades y movimientos?

Las juventudes de América Latina contribuyen constantemente a la prevención y eliminación de la violencia de género. A pesar de las limitaciones económicas, las personas jóvenes son quienes más espacios de voluntariado dirigen, así como sus actividades plantean propuestas disruptivas que llaman a nuevas generaciones a involucrarse.

Desde mi espacio, Fundación Ciudadanas del Mundo, constantemente pensamos en nuevas maneras de transformar la habitabilidad de los espacios para que se conviertan en lugares seguros desde la experiencia de cuerpos feminizados. Esto quiere decir que impulsamos metodologías de cambio para que sistemas como el educativo se repiensen desde las experiencias de mujeres diversas, a través de políticas públicas que incluyan, por ejemplo, dispensadores de toallas higiénicas, lactarios, hospitales universitarios que puedan distribuir hormonas.

En 2025 alcanzamos más de 700 personas con programas de sensibilización para reconocer la violencia educativa y cómo este sistema no es justo con los cuerpos feminizados, cuestionando cada día su permanencia. Así también diseñamos una caja de herramientas para crear espacios seguros en organizaciones de sociedad civil, impulsando la participación política de las mujeres y su permanencia en el tercer sector.

Para nosotras es vital la oportunidad de tener espacios seguros para existir y resistir, porque nuestro mayor objetivo es que nadie tenga que sobrevivir a ningún espacio.

¿Qué se necesita para que las recomendaciones de las juventudes se traduzcan en políticas públicas y acciones concretas por parte de los Estados?

Sin duda se necesita voluntad política para tener jóvenes en las mesas de discusión. Hay muchos programas gubernamentales en LATAM que son dirigidos por personas de 40+ años que proponen desde sus experiencias sin escuchar a las personas jóvenes que se encuentran enfrentando el mundo actual.

Además, hay que dejar de lado la romantización del trabajo juvenil como una “abnegada entrega” y empezar a invertir en sus proyectos y organizaciones a largo plazo. Un fenómeno importante es que muchas personas jóvenes que defienden derechos humanos deben dejar de hacerlo porque no pueden sostenerse económicamente. Invertir en espacios de forma sostenida apoya el trabajo de las organizaciones de jóvenes para seguir impulsando transformación.

Dignificar el trabajo de las personas jóvenes y proteger el activismo por los derechos humanos rompe el ciclo de violencia estructural que las mujeres tienen que enfrentar por reconocerse como defensoras de sus propios derechos y verse precarizadas por trabajar en este ámbito. De esta forma no seguimos consiguiendo derechos de las mujeres sobre derechos de otras mujeres.

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Foto: Cortesía de Ljubica Fuentes

Desde tu experiencia como joven lideresa, ¿por qué es importante que las voces de las juventudes formen parte del Día Internacional de las Mujeres y de la CSW70?

En mi experiencia, la CSW es el espacio de mayor exposición internacional donde transmitir el mensaje que venimos trabajando desde las bases puede tener una difusión masiva a nivel global y redirigir la atención a lo que sucede en nuestras comunidades.

Las experiencias de incidencia internacional permiten posicionar las acciones que tenemos en las bases frente a un público que está buscando invertir, problematizar y elevar el debate, así como frente a tomadores de decisión que en otras ocasiones no podríamos alcanzar.

Además, permite generar comunidad y red entre otras personas jóvenes para compartir experiencias de cómo han logrado sostener estos esfuerzos y llegar a acuerdos de agendas comunes que nos ayuden a impulsar objetivos mayores.

Sumado a lo anterior, para espacios como la CSW tener personas jóvenes debería ser trascendental para comprender cómo este grupo altamente disruptivo enfrenta los problemas de la nueva sociedad, cuál es el futuro de estas problemáticas dolorosamente antiguas y cuáles son las nuevas conversaciones sobre el avance de los derechos.

La voz de las personas jóvenes es un mapeo de lo que será la lucha por los derechos de las mujeres en los siguientes 10 años y su conocimiento puede apoyar a las dinámicas globales a presentar soluciones reales para problemas que aún no han podido comprender.

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Foto: Cortesía de Ljubica Fuentes

¿Cómo valoras el trabajo de ONU Mujeres en la región de ALC?

ONU Mujeres en América Latina ha sido una agencia muy presente para las personas jóvenes, siempre buscando incluir sus voces en el trabajo y las acciones que realiza. Es importante destacar que es una de las pocas agencias en el mundo que busca constantemente apoyar la incidencia internacional de personas jóvenes y su impacto en la agenda global, luchando porque sus recomendaciones siempre estén presentes y porque haya una representante de juventud en la mayor cantidad de mesas de negociación posibles.

Sin embargo, es importante que apoye más la conexión entre personas jóvenes y agentes gubernamentales, ya que es la agencia quien conoce el trabajo de ambos actores para hacer puentes de acción. También es importante visibilizar su trabajo en el análisis de derechos más complejos como educación con enfoque de género o violencia digital enfocada al uso de datos personales.

En esta línea, la contratación de expertas jóvenes que ya estén trabajando estos temas podría ser trascendental para expandir su agenda. Finalmente, es importante pensar en fondos flexibles dirigidos a jóvenes que reconozcan las limitaciones de las organizaciones juveniles y las apoyen para alcanzar sus objetivos.

 

 

Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas.