Claribel Castro Chinchilla: de emprender desde cero a generar empleo en El Salvador
“Lo que a una la hace trabajar es la necesidad”. Con esa frase, Elsa Claribel Castro Chinchilla, conocida como Clarita, resume el punto de partida de un camino que hoy la ha consolidado como propietaria de la Granja de Pollos Clarita, un negocio que genera empleo y ha transformado su vida, la de su familia y la de su comunidad.
Su trayectoria comenzó en un contexto de oportunidades económicas y educativas limitadas, una realidad compartida por muchas mujeres rurales en El Salvador. Desde temprana edad asumió responsabilidades productivas y desarrolló habilidades que más adelante serían clave para construir su propio emprendimiento. Sin acceso pleno a la educación formal en sus primeros años, encontró en el trabajo y en el aprendizaje continuo una vía para avanzar y sostener a su familia.
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Elsa Claribel Castro Chinchilla, conocida como Clarita, es propietaria de la Granja de Pollos Clarita, un negocio que ha transformado su vida, la de su familia y la de su comunidad. A través del Banco de Fomento Agropecuario, una de las instituciones que ha participado del programa Ecosistema Financiero Inclusivo (EFI) de ONU Mujeres, inició su relación con el sistema financiero formal, lo que abrió nuevas posibilidades para el crecimiento de su emprendimiento. Foto: ONU Mujeres El Salvador
De la necesidad al emprendimiento
A los 25 años identificó una oportunidad en la compra y venta de gallinas descartadas por las empresas avícolas. Sin capital inicial, recurrió a redes informales basadas en la confianza: algunas personas le facilitaban el acceso a las aves y otras le adelantaban recursos para sostener la actividad. Así comenzó con un primer lote de alrededor de 30 aves y un proceso de crecimiento progresivo, en el que cada ciclo de venta le permitía reinvertir y ampliar su capacidad.
Al inicio, trabajaba con volúmenes pequeños, recorriendo largas distancias para abastecerse y vender. Con el tiempo, fue consolidando una clientela estable y una red de apoyo que le permitieron asegurar la continuidad del negocio. La confianza construida con proveedoras y clientes se convirtió en un activo clave para sostener y escalar la actividad.
Ese crecimiento fue gradual pero sostenido. Con pequeñas cantidades iniciales, logró incrementar significativamente el número de aves que manejaba, pasando de decenas a cientos, y luego a miles. Este proceso le permitió fortalecer su capacidad operativa, mejorar la organización del trabajo y generar ingresos más estables.
Con el tiempo, esta actividad dio lugar a la Granja de Pollos Clarita, que hoy cuenta con un stock de alrededor de 20.000 aves y genera empleo para aproximadamente 20 personas, tanto en puestos permanentes como temporales. Lo que comenzó como una estrategia para generar ingresos se convirtió en un emprendimiento consolidado, con impacto en su familia y su comunidad.
Su negocio consiste en la compra y venta de gallinas descartadas por las empresas avícolas. Sin capital inicial, recurrió a alternativas informales para iniciar la actividad, pero fue a partir del acceso al financiamiento que pudo crecer. Foto: ONU Mujeres El Salvador
Inclusión financiera: una oportunidad para crecer
El crecimiento del negocio trajo consigo nuevas necesidades. El acceso a financiamiento se volvió clave para sostener y expandir la producción. A través de la recomendación de una amiga, Clarita llegó al Banco de Fomento Agropecuario, una de las instituciones que ha participado del programa Ecosistema Financiero Inclusivo (EFI) de ONU Mujeres. Este acercamiento marcó el inicio de su relación con el sistema financiero formal, lo que abrió nuevas posibilidades para el crecimiento de su emprendimiento.
En un inicio, enfrentó barreras comunes para las mujeres, como la necesidad de contar con garantías y el acceso limitado al crédito. El respaldo de una mujer de su confianza fue determinante para acceder a su primer préstamo. Con el tiempo, logró consolidar su perfil financiero y ofrecer garantías propias, como un terreno adquirido gracias a su esfuerzo.
El acceso al financiamiento no estuvo exento de desafíos. Enfrentó pérdidas económicas y situaciones complejas en su actividad comercial, pero mantuvo su compromiso con sus obligaciones financieras, fortaleciendo una relación basada en la confianza con la institución bancaria.
Además del crédito, incorporó herramientas clave como una cuenta de ahorro, que utiliza para gestionar recursos y realizar pagos a proveedoras. Aunque al inicio el proceso generó incertidumbre, la experiencia acumulada le permitió desarrollar habilidades financieras fundamentales para la sostenibilidad de su negocio.
Clarita inició comprando de a 30 aves, y hoy llega a manejar volúmenes de 20.000. Su negocio genera empleo para aproximadamente 20 personas entre puestos permanentes y temporales. Foto: ONU Mujeres El Salvador
Brechas que limitan el crecimiento
La experiencia de Clarita se inscribe en un contexto en el que las mujeres en El Salvador enfrentan importantes brechas económicas y financieras. Solo el 40,4 % de las mujeres participa en el mercado laboral, frente al 66,4 % de los hombres, y cerca del 40 % no cuenta con ingresos propios. A esto se suma una carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.
Aunque las mujeres lideran el 68,9 % de los emprendimientos y el 56,6 % de las microempresas, su participación disminuye a medida que los negocios crecen, representando solo el 26 % de las pequeñas empresas. Estas limitaciones también se reflejan en la inclusión financiera: apenas el 38,1 % tiene una cuenta de ahorro y solo el 19,4 % accede a crédito.
Las barreras territoriales, la distancia a las instituciones financieras y la brecha digital agravan esta situación, especialmente en zonas rurales. Estas condiciones restringen la capacidad de las mujeres para invertir, gestionar riesgos y consolidar sus negocios.
Impacto y transformación
En este contexto, el acceso a financiamiento ha sido un factor decisivo en la trayectoria de Clarita. Gracias a los créditos, pudo ampliar su negocio, adquirir vehículos para el transporte y mejorar sus condiciones productivas.
“Cuando yo empecé no tenía dónde vivir”, recuerda. Hoy cuenta con una vivienda propia y un terreno donde opera su granja, en el que incluso está construyendo nuevas instalaciones.
El impacto de su emprendimiento va más allá de lo económico. Genera empleo digno y contribuye a la estabilidad de las familias que trabajan con ella. “Aquí se les paga bien”, asegura. Además, su experiencia ha fortalecido capacidades clave para la gestión financiera, que hoy transmite a sus hijas e hijos.
Su historia evidencia cómo la inclusión financiera, combinada con esfuerzo y aprendizaje, puede convertirse en una herramienta poderosa para transformar realidades.
La inclusión financiera fue un catalizador para el desarrollo de Clarita, su familia y su comunidad. A través del acceso al crédito pudo financiar la compra de gallinas, adquirir vehículos para el transporte y ampliar su negocio. Foto: ONU Mujeres El Salvador
Un camino que abre oportunidades
Hoy, Clarita mira con orgullo y satisfacción el camino recorrido. Su experiencia demuestra que el acceso a servicios financieros adecuados no solo permite iniciar un emprendimiento, sino también sostenerlo y hacerlo crecer. Al mismo tiempo, plantea un mensaje claro para las instituciones: facilitar el acceso al crédito, acompañar a las mujeres y reconocer sus capacidades empresariales son clave para impulsar economías más inclusivas.
En un contexto en el que muchas mujeres aún enfrentan barreras para acceder a oportunidades, su recorrido confirma que cuando se amplía el acceso al financiamiento no solo crecen los negocios, sino que también se fortalecen las capacidades y las oportunidades para las mujeres y sus comunidades.
Ver más: Inclusión financiera de las mujeres en Centroamérica: experiencias desde el sector financiero
Esta historia forma parte de El impacto de la inclusión financiera, Historias de vida de mujeres y negocios liderados por ellas, impulsada por el programa Ecosistema Financiero Inclusivo (EFI) de ONU Mujeres, cuyo objetivo es contribuir al desarrollo de ecosistemas financieros que promuevan el cierre de las brechas de género en el acceso al capital y a los mercados. A través de la documentación de experiencias de mujeres emprendedoras, el programa visibiliza cómo el acceso a productos y servicios financieros, junto con el acompañamiento técnico, puede fortalecer la autonomía económica y generar impactos sostenibles en sus familias y comunidades. EFI es implementado por ONU Mujeres, con el financiamiento de la Dirección de Cooperación para el Desarrollo y la Acción Humanitaria del Gran Ducado de Luxemburgo, en El Salvador, Guatemala y Honduras. En alianza con instituciones financieras, el programa promueve el diseño de soluciones adaptadas a las necesidades y realidades de las mujeres, integrando acceso a financiamiento con capacitación, acompañamiento y generación de evidencia para fortalecer sistemas financieros más inclusivos, resilientes y sostenibles. |