De la producción de café al crecimiento empresarial: inclusión financiera para mujeres rurales en Honduras
En el marco del proyecto productivo familiar, Joselinda Manueles creó Café Joselinda, una marca de café orgánico que hoy genera ingresos, empleo y reconocimiento dentro y fuera de Honduras. Productora, empresaria e integrante del pueblo indígena lenca, ha logrado posicionar su negocio como un referente en calidad, sostenibilidad y liderazgo femenino en el sector cafetalero. “Siempre soñé con tener una empresa” afirma.
Desde la finca Los Cascabeles, en Chusmuy, su trabajo refleja una visión clara: agregar valor a la producción, diversificar los ingresos y construir un modelo económico sostenible.
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Joselinda Manueles es productora, empresaria e integrante del pueblo indígena lenca, ha logrado posicionar su negocio como un referente en calidad, sostenibilidad y liderazgo femenino en el sector cafetalero. El acceso a financiamiento para su empresa, tanto bancario como a través de la caja rural, no solo implicó obtener préstamos, sino también servicios no financieros esenciales: educación financiera, asistencia técnica, mentorías y vinculación con mercados, factores que potenciaron su capacidad empresarial. Foto: ONU Mujeres/José Hernán Martínez
De la producción tradicional al valor agregado
Fue clave para la finca familiar la apuesta por la agricultura orgánica. La reconversión implicó una caída drástica en la producción y una fuerte presión económica, pero también abrió nuevas oportunidades. El rol de Joselinda fue clave en el aprendizaje, la adaptación y la mejora de procesos hasta consolidar un modelo sostenible. Fue en ese contexto que impulsó la creación de Café Joselinda, una marca propia con la que agrega valor al café producido en las hectáreas legalizadas a su nombre, consolidando así un proyecto empresarial propio dentro de la finca familiar.
Café Joselinda representa una apuesta estratégica por el valor agregado, con certificaciones de origen y de comercio justo, así como con el sello “Manos de Mujer”, que visibiliza el liderazgo de las mujeres a lo largo de toda la cadena productiva y reivindica su papel como actoras económicas clave. Este sello no solo reconoce un trabajo históricamente invisibilizado, sino que también posiciona el producto en mercados que valoran la equidad de género y la producción sostenible.
El acceso a financiamiento fue determinante para sostener este crecimiento. En sus inicios, enfrentó barreras comunes para las mujeres rurales: falta de garantías, acceso limitado al crédito formal y sesgos en el sistema financiero. “Dentro del sistema financiero se ha formado la mala idea de que nosotras no tenemos capacidad de pago”, señala, lo que evidencia percepciones que aún limitan el acceso de las mujeres al financiamiento.
Un primer paso clave para su acceso al financiamiento fue su participación en una caja rural impulsada por FUNDER, una de las instituciones que participan del programa Ecosistema Financiero Inclusivo (EFI) de ONU Mujeres. Este modelo comunitario facilita el acceso al crédito mediante la organización colectiva y la confianza mutua, con condiciones adaptadas a la realidad de las mujeres rurales. En este caso, permitió acceder a financiamiento con requisitos más flexibles y montos iniciales más accesibles, lo que contribuyó a la construcción de su historial crediticio.
Además del acceso al crédito, la caja rural brindó acompañamiento y formación, fortaleciendo sus capacidades financieras y su confianza para tomar decisiones económicas. Este proceso sentó las bases para su posterior vinculación con el sistema bancario formal. A partir de entonces, accedió a financiamiento para invertir en maquinaria, mejorar procesos, desarrollar empaques y ampliar su capacidad productiva. “Todo es mío; la empresa es mía”, afirma, subrayando la autonomía que ha consolidado en la gestión de su negocio.
Joselinda Manueles se ha consolidado como lideresa comunitaria y participa activamente en organizaciones basadas en los principios de la economía social y solidaria. Foto: ONU Mujeres/José Hernán Martínez
Inclusión financiera y crecimiento sostenible
Este proceso ocurre en un contexto en el que las brechas de género en la inclusión financiera siguen siendo significativas. En Honduras, las mujeres tienen menor acceso a servicios financieros, enfrentan tasas de interés más altas y reciben montos de crédito más bajos. La tenencia de cuentas presenta una brecha de 7,8 puntos porcentuales y persisten barreras estructurales como la falta de activos, la distancia a las instituciones financieras y la conectividad digital limitada. Estas condiciones restringen la capacidad de muchas mujeres para invertir, hacer crecer sus negocios y generar ingresos propios.
Frente a estas limitaciones, el acceso al financiamiento y a servicios no financieros marcó una diferencia sustantiva en su trayectoria. La educación financiera, la asistencia técnica y las mentorías fortalecieron su capacidad de gestión, permitiéndole tomar decisiones estratégicas y planificar a largo plazo. “No hay empresa que pueda crecer si no hay financiamiento de por medio”, afirma.
El crecimiento de Café Joselinda ha tenido un impacto directo en su entorno. Genera empleo, especialmente para mujeres jefas de hogar, y promueve condiciones seguras para la niñez durante las temporadas de cosecha, contribuyendo a prevenir el trabajo infantil. De esta manera, su emprendimiento no solo genera ingresos, sino que también contribuye a la construcción de entornos más seguros y equitativos en su comunidad.
En el ámbito ambiental, ha impulsado prácticas sostenibles que refuerzan el valor de su negocio. La finca opera con energía solar, participa en proyectos de captura de carbono y desarrolla “Huella Verde”, una iniciativa que reutiliza plásticos recolectados en ríos para la siembra de árboles. Estas acciones consolidan un modelo productivo que integra la sostenibilidad ambiental con la rentabilidad económica, alineando el crecimiento empresarial con la protección del entorno.
En el marco del proyecto productivo familiar, Joselinda Manueles creó Café Joselinda, una marca de café orgánico que hoy genera ingresos, empleo y reconocimiento dentro y fuera de Honduras. Foto: ONU Mujeres/José Hernán Martínez
Liderazgo que transforma comunidades
Más allá de su empresa, Joselinda ejerce un liderazgo activo que impulsa cambios estructurales en su entorno. Es vicepresidenta de la Junta de Gobernadores de FUNDER, cargo para el que fue elegida por más de 3.000 familias, y forma parte de COMSA, organización que cofundó y que hoy agrupa a más de 1.500 personas productoras bajo los principios del comercio justo y de la equidad de género. Desde estos espacios, ha contribuido a avances clave, como la legalización de parcelas a nombre de mujeres, facilitando su acceso al financiamiento y fortaleciendo su autonomía en la toma de decisiones sobre la tierra, así como a procesos de sensibilización que promueven la igualdad de género en las comunidades productoras.
También participa en APROCOMSA, que impulsa iniciativas como Way to Go, mediante las cuales más de 400 productoras reciben incentivos económicos vinculados a su producción en el marco del comercio justo. En este espacio, su voz ha sido clave para defender la autonomía de las mujeres, promoviendo que estos recursos respondan a sus propias decisiones y prioridades, desde la educación hasta la legalización de las tierras.
Además, integra la Alianza de Mujeres en Café, lo que fortalece la representación de las mujeres en el sector. Su liderazgo no solo transforma su propio camino, sino que también amplía las oportunidades para otras mujeres y consolida modelos más justos e inclusivos, donde el acceso a recursos, tierra y financiamiento deja de ser una excepción y empieza a convertirse en una posibilidad real.
Ver más: Inclusión financiera de las mujeres en Centroamérica: experiencias desde el sector financiero
Esta historia forma parte El impacto de la inclusión financiera, Historias de vida de mujeres y negocios liderados por ellas, impulsada el programa Ecosistema Financiero Inclusivo (EFI) de ONU Mujeres, cuyo objetivo es contribuir al desarrollo de ecosistemas financieros que promuevan el cierre de las brechas de género en el acceso al capital y a los mercados. A través de la documentación de experiencias de mujeres emprendedoras, el programa visibiliza cómo el acceso a productos y servicios financieros, junto con el acompañamiento técnico, puede fortalecer la autonomía económica y generar impactos sostenibles en sus familias y comunidades. EFI es implementado por ONU Mujeres, con el financiamiento de la Dirección de Cooperación para el Desarrollo y la Acción Humanitaria del Gran Ducado de Luxemburgo, en El Salvador, Guatemala y Honduras. En alianza con instituciones financieras, el programa promueve el diseño de soluciones adaptadas a las necesidades y realidades de las mujeres, integrando acceso a financiamiento con capacitación, acompañamiento y generación de evidencia para fortalecer sistemas financieros más inclusivos, resilientes y sostenibles. |