En esta misma línea, la Decisión III/4 refuerza la necesidad de promover la participación plena y efectiva de las mujeres en toda su diversidad, integrar el enfoque de género en la creación de entornos seguros para las personas defensoras y consolidar mecanismos de seguimiento y reporte de avances. Asimismo, se impulsa la articulación con otros marcos multilaterales ambientales, como las convenciones de cambio climático, biodiversidad y desertificación, que también han comenzado a incorporar disposiciones específicas sobre personas defensoras, con el fin de generar sinergias y fortalecer la coherencia de la agenda de género en la gobernanza ambiental. Se destaca también el fortalecimiento del observatorio del Principio 10 sobre acceso a información ambiental, así como la promoción de la cooperación y el intercambio con organismos, fondos y programas del sistema de las Naciones Unidas, para apoyar a las Partes en el fortalecimiento y la implementación efectiva del Acuerdo.
Además, la COP4 también dejó avances operativos relevantes, como la creación de grupos de trabajo sobre registros de emisiones y acceso a la justicia ambiental y la adopción de lineamientos metodológicos para el diseño de hojas de ruta nacionales de implementación, herramientas clave para identificar brechas, definir prioridades y orientar la acción pública nacional de manera participativa. En este marco, se espera que su desarrollo e implementación se realicen en coherencia con la Guía para la transversalización de la perspectiva de género, asegurando que sus disposiciones respondan a las realidades y necesidades diferenciadas.
En paralelo, la COP4 abrió espacio a iniciativas que refuerzan el carácter inclusivo e intergeneracional del Acuerdo. Destaca el diálogo “Mujeres al Centro: Justicia Ambiental y Construcción de Paz desde el Acuerdo de Escazú”, organizado por Enjuves y ONU Mujeres, que puso en relieve el potencial transformador del liderazgo de mujeres jóvenes en la agenda ambiental. La participación de ONU Mujeres en este espacio reafirma su compromiso con el impulso de estos liderazgos como motores de cambio, reconociendo su papel en la defensa del territorio, la sostenibilidad y la construcción de paz.
La COP4 confirma que la región no parte de cero: cuenta con marcos, herramientas y experiencias para avanzar hacia una gobernanza ambiental más justa e inclusiva. El reto ahora es acelerar el paso, cerrar las brechas pendientes y asegurar que los compromisos asumidos se traduzcan en transformaciones reales, con la igualdad de género como eje estratégico de esa transición.