Lucy Pilcué: “La Madre Tierra es quien nos sostiene, nos alimenta y nos enseña”

En el resguardo indígena de San Lorenzo, territorio Sa’th Tama Kiwe, en el municipio de Caldono, Cauca, suroccidente de Colombia, Lucy Pilcué Piamba, mujer del pueblo nasa, ha encontrado en el turismo comunitario una forma de fortalecer el cuidado de la Madre Tierra y compartir los saberes ancestrales que, desde generaciones, han guiado la vida de su comunidad.

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Lucy forma parte del Corpo San Lorenzo y de la Agencia de Turismo Wêt Pekühwa, desde donde promueve el turismo comunitario. Caldono tiene una población de 39.946, de los cuales el 75 % se autorreconoce como indígena perteneciente a la etnia nasa. Este municipio, además, fue el segundo en el país con el mayor número de incursiones armadas por parte de las desmovilizadas FARC – EP entre 1997 y 2014. De acuerdo con información de la Comisión de la Verdad, “la sistematicidad de las confrontaciones llevó al deterioro de los planes de vida de las comunidades indígenas y campesinas que habitaban ese territorio”.

A pesar de este contexto, Caldono se ha levantado y las comunidades indígenas han visto en el turismo comunitario una oportunidad para compartir su cosmovisión y promover la comprensión de la relación espiritual con la naturaleza. Desde esta perspectiva, el turismo comunitario se convierte en una herramienta para la protección del territorio y en un motor de oportunidades económicas dignas y sostenibles, fortaleciendo la economía local sin afectar el equilibrio ambiental y el cuidado de la Madre Tierra, lo que demuestra que el desarrollo puede ir de la mano con la conservación.  

El proceso de Lucy y de la Agencia Wêt Pekühwa se ha fortalecido con el acompañamiento del proyecto Mujeres Cambiando su Mundo, iniciativa liderada por ONU Mujeres, en articulación con el gobierno nacional y con el apoyo de la Embajada de Alemania en Colombia. Este respaldo ha contribuido al fortalecimiento de su liderazgo como mujer indígena, a la consolidación de la organización y a su proyección a futuro. Además, ha permitido visibilizar estas experiencias en ferias y encuentros, posicionando el turismo comunitario como una alternativa sostenible que demuestra cómo las mujeres del pueblo Nasa lideran acciones concretas para la protección de la naturaleza y la transmisión de saberes ancestrales.

Desde esta experiencia territorial, conversamos con Lucy Pilcué Piamba.

¿Qué significa para ti la Madre Tierra?

Mi territorio no es solo un lugar, es un ser vivo que respira, que siente y que nos habla. Es nuestra casa grande, donde habitan los espíritus, los saberes y la memoria de nuestros mayores. La Madre Tierra es quien nos sostiene, nos alimenta y nos enseña. Para mí, ella es sagrada, es origen y equilibrio; por eso, cuidarla no es una opción, es un deber como hija del territorio. Desde pequeña aprendí el respeto por la naturaleza, el valor de la palabra, la importancia de escuchar y de vivir en armonía. Estos aprendizajes son los que hoy orientan mi trabajo.

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¿Cómo nació tu interés por promover el turismo comunitario?

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Nació desde el amor por mi territorio y el compromiso con mi comunidad. Más que mostrar un lugar, buscamos que quien llegue sienta, aprenda y valore la vida que hay en nuestro territorio. Además, estoy convencida de que el turismo comunitario contribuye en la medida en que transforma la conciencia. No se trata solo de venir a mirar, sino de sentir, comprender y despertar el respeto por la vida. 

Quien llega a nuestro territorio no se va igual, se lleva un mensaje profundo de cuidado y armonía con la Madre Tierra. Buscamos que cada persona que nos visite se conecte, reflexione y asuma un compromiso con la vida, porque creemos que, entre más personas se sumen a este caminar, más fuerte será la defensa y el cuidado de la Madre Tierra, multiplicando este mensaje y aportando desde su propio espacio a la protección de la vida.

¿Cómo integran la protección de la Madre Tierra en las experiencias turísticas?

Desde el primer momento, orientamos a los visitantes a caminar por el territorio con respeto, a escuchar, a observar y a no dejar huellas negativas. Cada experiencia es una enseñanza en la que se comprende que somos parte de la naturaleza y no sus dueños. Además, promovemos prácticas que nacen de nuestros propios saberes. Una de ellas es la siembra de árboles nativos, respetando los tiempos de nuestros calendarios, entendiendo que la naturaleza tiene sus ciclos.  

También les enseñamos sobre el cuidado de las fuentes de agua, la protección de los espacios de vida y la importancia de no contaminar. Para nosotros es claro que todos dependemos del territorio; por eso, cada acción busca mantener el equilibrio y la armonía con la Madre Tierra.

 

¿Qué oportunidades ha generado el turismo comunitario para las mujeres?

El turismo comunitario ha generado espacios para fortalecer nuestras economías locales. A través de las artesanías, el tejido y otros procesos, las mujeres hemos podido mostrar las riquezas de nuestro territorio. También ha permitido que nuestras capacidades sean valoradas, fortaleciendo nuestra participación y nuestro aporte en la comunidad.

Es necesario seguir trabajando para que las mujeres seamos escuchadas en el cuidado de la Madre Tierra porque somos nosotras las cuidadoras de la vida, transmisoras de saberes y sostenedoras de múltiples procesos comunitarios. Nuestra voz guarda memoria, conocimiento y compromiso y es fundamental para proteger la Madre Tierra.  

 


Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas.