Mujeres indígenas lideran la sostenibilidad y los medios de vida en El Salvador

En el occidente de El Salvador, un proceso impulsado por ONU Mujeres, en articulación con organizaciones e instituciones aliadas, fortalece las capacidades de las mujeres indígenas para su empoderamiento en la gobernanza y el ejercicio de liderazgos locales, así como para la gestión del territorio y la protección del entorno natural. 

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Mujeres de la Asociación Coordinadora de Comunidades Indígenas de El Salvador participan en una ceremonia indígena, alrededor del fuego ceremonial, como parte de una práctica de memoria, espiritualidad y vínculo con la tierra. ONU Mujeres / Rosario García Hernández. 

ONU Mujeres mantiene su compromiso con un acompañamiento sostenido a mujeres indígenas de la zona occidental de El Salvador, basado en una convicción sencilla: no puede haber desarrollo sostenible sin el cuidado del territorio, y no puede haber protección duradera de la naturaleza sin la participación de las mujeres que la habitan, la conocen y la sostienen cada día.

Este proceso, desarrollado junto a la Asociación Coordinadora de Comunidades Indígenas de El Salvador (ACCIES), organización indígena, y a entidades aliadas como MITUR – CORSATUR y la Facultad de Agronomía de la Universidad de El Salvador, articula formación, fortalecimiento organizativo, medios de vida y gestión de recursos naturales en el departamento de Sonsonate, en los distritos de San Antonio del Monte y Cuisnahuat. Su punto de partida ha sido reconocer que las mujeres indígenas enfrentan barreras acumuladas en el acceso a oportunidades, a la tierra, a los ingresos y a los espacios de decisión, pero también que son portadoras de conocimientos, prácticas y liderazgos fundamentales para la sostenibilidad de sus comunidades.

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Integrantes de la Asociación Coordinadora de Comunidades Indígenas de El Salvador acompañan una ceremonia ancestral, en un espacio de encuentro comunitario, transmisión de saberes y respeto a las prácticas espirituales de los pueblos indígenas. ONU Mujeres / Rosario García Hernández. 

Según datos de la CEPAL, en una región que representa solo el 7 % de las emisiones globales acumuladas, pero donde el 90 % de los desastres registrados entre 1990 y 2023 estuvieron vinculados a fenómenos meteorológicos o hidrológicos, procesos como este cobran una relevancia especial: fortalecer capacidades locales para cuidar el territorio y sostener medios de vida resilientes también es una respuesta concreta frente al cambio climático.  

En ese marco, y en línea con la Nota Estratégica Regional de ONU Mujeres para América Latina y el Caribe 2026-2029, el acompañamiento combina distintos componentes para fortalecer medios de vida resilientes al clima y el liderazgo de las mujeres en la gobernanza ambiental. Por una parte, se ha fortalecido el liderazgo de las mujeres indígenas desde su identidad, sus derechos y su vínculo con el territorio. Por otra parte, se ha impulsado la formación técnica vinculada a la conservación ambiental, la gestión de sitios naturales y el turismo como alternativa conectada con la protección y la gobernanza del entorno.  

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Mujeres de la Asociación Coordinadora de Comunidades Indígenas de El Salvador participan en una ceremonia indígena con elementos simbólicos vinculados al territorio, la siembra y la continuidad de los saberes ancestrales. ONU Mujeres / Rosario García Hernández. 

Uno de los resultados más visibles de este proceso es el avance de las mujeres indígenas en su preparación y certificación como guías de sitio. Más que una acreditación, este paso abre una posibilidad concreta de participación en la gobernanza local y nacional desde una lógica distinta: una en la que el turismo no se plantea como extracción del territorio, sino como una herramienta para valorar el patrimonio natural y cultural, generar ingresos y reforzar la capacidad de las propias comunidades para incidir en la gestión de su entorno.

En San Antonio del Monte, este camino empieza a adoptar ahora una nueva forma pública con la iniciativa de gobernanza turística Mujeres del Aire, impulsada por mujeres del cantón San Ramón. Su construcción se apoya en un trabajo previo de formación y organización y busca proyectar una visión en la que la sostenibilidad ambiental, la dinamización económica local y la participación de las mujeres avancen de manera articulada. La propuesta parte de una idea central: el turismo sostenible solo es posible cuando existe una protección activa del entorno natural y las comunidades participan en las decisiones sobre su presente y futuro.

Este enfoque cobra especial relevancia en un contexto en el que las mujeres indígenas enfrentan impactos cada vez más directos del cambio climático. El informe sobre la situación de los derechos de las mujeres indígenas en 2024, apoyado por ONU Mujeres, muestra que casi la mitad de las participantes identificó daños en sus viviendas, en su alimentación y economía familiar a causa de inundaciones, deslaves o tormentas en los últimos dos años. El mismo informe señala que muchas de ellas dependen de pequeños emprendimientos, huertos o actividades informales, y que los períodos de sequía o de lluvias intensas afectan directamente sus medios de vida.

Por eso, acompañar a las mujeres indígenas en la gestión del territorio no es solamente una acción de conservación. También es una respuesta concreta frente a la vulnerabilidad climática, la inseguridad alimentaria y la falta de oportunidades económicas. Fortalecer capacidades para cuidar áreas naturales, desarrollar iniciativas turísticas con arraigo comunitario o impulsar actividades productivas adaptadas al contexto local contribuye a ampliar sus opciones de autonomía y resiliencia.

El proceso desarrollado en torno al cerro El Águila expresa bien esa visión. Allí se ha apostado por fortalecer las capacidades técnicas en materia de medio ambiente y por promover el liderazgo de mujeres indígenas en la administración de los recursos naturales, en un país donde todavía no existe ningún parque natural administrado por pueblos indígenas, y menos aún por mujeres. En paralelo, la formación ha incorporado contenidos sobre cosmovisión indígena, biodiversidad, conservación, áreas protegidas y el uso sostenible de los recursos, conectando saberes ancestrales con herramientas prácticas para el presente.

ONU Mujeres pone en valor este proceso como una apuesta a largo plazo. No se trata únicamente de acompañar actividades puntuales, sino de respaldar procesos que fortalecen capacidades instaladas en los territorios, crean nuevas oportunidades para las mujeres y ayudan a colocar en el centro una pregunta clave para el desarrollo local: ¿quién cuida la tierra? ¿quién decide sobre ella y cómo construir respuestas sostenibles desde las comunidades?

Las mujeres indígenas que hoy se desempeñan como guías de sitio impulsan iniciativas locales y participan en la defensa de sus territorios no solo amplían sus propios medios de vida. También están contribuyendo a imaginar y construir formas más justas de relación entre la economía, la naturaleza y la comunidad. Esa es, precisamente, una de las lecciones que deja este acompañamiento: cuidar la Madre Tierra también pasa por reconocer y fortalecer el papel de las mujeres en la gobernanza del territorio.