Haití inaugura las primeras casas de acogida respaldadas por el Estado para mujeres y niñas, mientras las bandas criminales continúan utilizando la violencia sexual como arma

Conferencia de prensa

Haití inaugura las primeras casas de acogida respaldadas por el Estado para mujeres y niñas, mientras las bandas criminales continúan utilizando la violencia sexual como arma

Declaración de Marie Goretti Nduwayo, representante de ONU Mujeres en Haití, en la conferencia de prensa realizada en el Palacio de las Naciones, en Ginebra, el 12 de junio.  

[Versión preparada para su intervención] 

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“La apertura de las primeras casas de acogida con apoyo estatal de Haití, conocidas como Casas de las Mujeres, para mujeres y niñas sobrevivientes de violencia constituye un motivo de esperanza, pero también un doloroso recordatorio de los peligros que enfrentan las mujeres y las niñas en este país.

Sobre el terreno, mujeres y niñas me han manifestado que la violación se utiliza cada vez más por las bandas criminales como mecanismo de terror y control social. Los datos lo confirman.

En 2025, la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) verificó 1.863 casos de violencia sexual. De estos casos, las víctimas fueron 1.668 mujeres, 187 niñas, dos hombres y seis niños. Esta cifra representa un aumento del 163 por ciento en comparación con 2024.

Durante los tres primeros meses de este año, la violencia sexual representó más del 70 por ciento de los casos reportados de violencia basada en género.

Asimismo, existen informes que indican que los perpetradores utilizan tecnologías y plataformas digitales para almacenar imágenes de agresiones sexuales con fines de extorsión o para humillar aún más a las víctimas.

La violencia, que anteriormente se concentraba en Puerto Príncipe, se está extendiendo por todo el país, obligando a casi 1,47 millones de personas a abandonar sus hogares, entre ellas 790.000 mujeres y niñas.

Las mujeres y las niñas que viven en sitios de desplazamiento enfrentan algunos de los niveles más altos de vulnerabilidad. Un informe de ONU Mujeres revela que se reportaron casos de violencia basada en género en los 22 sitios que fueron objeto de nuestro estudio.

La mayoría de los sitios de desplazamiento carecen de iluminación adecuada. En la mayoría de ellos, los baños no cuentan con cerraduras funcionales ni con instalaciones separadas para mujeres y hombres. Estas condiciones exponen aún más a las mujeres y las niñas al riesgo de sufrir violencia.

También observamos que los servicios especializados para sobrevivientes son extremadamente limitados. El apoyo psicosocial y la asistencia jurídica y otros servicios esenciales siguen siendo en gran medida inaccesibles.

El impacto en la salud mental ha sido tan devastador que las mujeres me dicen repetidamente que ya no reconocen sus propias vidas. Las secuelas de la violencia que han sufrido las acompaña cada día y cada noche, incluso mientras duermen. Sus recuerdos están marcados por hogares incendiados, hombres armados persiguiéndolas en los bosques y familiares y amistades asesinados ante sus ojos.

Las madres me han contado cómo antes cultivaban frutas y hortalizas, administraban pequeños negocios y generaban ingresos de los que dependían sus familias. Hoy, la extorsión en puestos de control ilegales ubicados en carreteras controladas por bandas criminales, los secuestros recurrentes y la violencia sexual han hecho que mujeres y niñas vivan con miedo constante por su seguridad y se vean incapaces incluso de participar en la vida cotidiana.

Al mismo tiempo, la presión que enfrentan las mujeres ha aumentado de manera significativa.

Antes del desplazamiento, la gran mayoría de las mujeres contaba con alguna actividad para generar ingresos, generalmente a través del comercio informal o de pequeños emprendimientos. Hoy, solo una fracción tiene acceso a estas oportunidades. Nuestros datos muestran que, en los sitios de desplazamiento, más del 80 por ciento de las mujeres se encuentra desempleada. Sin embargo, siguen siendo ellas quienes asumen la mayor parte de las responsabilidades y los gastos del hogar.

También hemos sido testigos de un deterioro total en el acceso a servicios de salud, la educación, el agua potable y los servicios de saneamiento. Más de 1.600 escuelas se han visto obligadas a cerrar. Casi el 40 por ciento de los establecimientos de salud de Puerto Príncipe ya no está en funcionamiento.

En medio de este inmenso sufrimiento, las mujeres están liderando cada vez más en los esfuerzos humanitarios y de consolidación de la paz y la seguridad a nivel local. Un ejemplo de ello es el aumento de la participación de las mujeres en los comités de los sitios de desplazamiento, que pasó de apenas un 2 por ciento en septiembre de 2024 a más del 40 por ciento en 2025.

Las organizaciones de mujeres brindan apoyo a las sobrevivientes de violencia, brindan asistencia mediante transferencias monetarias, ayudan a las familias a acceder a servicios básicos y fortalecen la protección, la participación, la prevención y la recuperación en las comunidades.

ONU Mujeres apoya a estas organizaciones y trabaja junto con el Estado y otras entidades de las Naciones Unidas para proporcionar asistencia vital a mujeres y niñas y contribuir a la reconstrucción de sus vidas.

La apertura de las primeras casas de acogida con apoyo estatal de Haití, liderada por el Ministerio de la Condición Femenina y los Derechos de las Mujeres, con el apoyo de ONU Mujeres, constituye un hito importante en la respuesta a la violencia basada en género. Sin embargo, las necesidades continúan aumentando y la ayuda internacional destinada a Haití se ha reducido drásticamente.

Las mujeres y las niñas necesitan con urgencia la ampliación de los servicios de prevención y respuesta frente a la violencia basada en género, una mayor asistencia alimentaria y transferencias monetarias, servicios de salud y educación, apoyo para reconstruir sus medios de vida y un incremento del financiamiento destinado a las organizaciones de mujeres que se encuentran en la primera línea de respuesta.

Las mujeres y las niñas de Haití han demostrado una resiliencia extraordinaria, pero la resiliencia por sí sola no puede ser la respuesta. Las mujeres y las niñas en Haití necesitan seguridad y protección, y necesitan una respuesta decidida de la comunidad internacional.”