Jahiren Noriega: “Estos tres factores —clase, género y edad— hicieron que la exigencia fuera mucho más alta para mí que para los demás”

Jahiren Elizabeth Noriega Donoso es una política, socióloga y activista feminista ecuatoriana. Se convirtió en la integrante más joven de la Asamblea Nacional durante el periodo 2022-2023 y fue reelecta tras su disolución en 2023. Es reconocida por su labor y defensa de los derechos de la juventud, las mujeres y las personas LGBTIQ+. 

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Foto: Cortesía de Jahiren Noriega. 

La trayectoria política de Jahiren Noriega comenzó en el activismo. “Mi carrera política empezó en las organizaciones sociales, tanto en el movimiento estudiantil como en el movimiento feminista”, explica. “Mi motivación para aceptar mi primera candidatura a la Asamblea Nacional en 2020 surgió de esos espacios. Nos dimos cuenta de que desde la sociedad civil intentábamos cambiar el mundo, pero al enfrentarnos a las instituciones, carecíamos de la fuerza necesaria para defender la educación pública y las vidas de las mujeres. Si nosotras no ocupamos estos espacios, nadie más lo hará”.

Su decisión fue impulsada por un deseo de representación: “No queremos que otros hablen por nosotras. Queremos hablar con nuestras propias voces, luchar con nuestras propias voces en espacios históricamente reservados para los hombres, específicamente para hombres adultos. Expresarse con una voz joven y feminista, es importante para abrir puertas a otras mujeres y jóvenes”.

Entrar en la política a los 23 años fue difícil, especialmente en una de las comisiones más poderosas del Congreso. “Me incorporé a la comisión económica, donde se debate el presupuesto del Estado, la política fiscal y la política monetaria; mesas que suelen estar presididas por hombres. Recuerdo que me preparé a fondo para un debate sobre los recortes presupuestarios a las universidades y a los programas sociales, incluidos los programas para erradicar la violencia de género”.

Tras el debate, Jahiren se enfrentó a críticas paternalistas que revelaban normas profundamente arraigadas: “Un legislador se me acercó y me dijo: ‘Algún día madurarás. Algún día entenderás que no podemos cambiar el mundo. Así son las cosas’. Sus opiniones eran un reflejo de las normas patriarcales donde los hombres mayores imponen las reglas. En aquel momento, no supe qué responder. Ahora pienso: si crecer significa aceptar este mundo injusto, entonces nunca creceremos. Las mujeres feministas nunca ‘maduraremos’ en ese sentido, porque luchamos cada día para transformar este mundo”.

Su experiencia pone de relieve la interseccionalidad entre género, edad y clase. “Soy una mujer joven de clase trabajadora. Nadie me heredó un cargo político. No vengo de una familia de políticos, ni de un entorno adinerado. Todo se ha forjado a través de oportunidades por las que he luchado. Estos tres factores —clase, género y edad— hicieron que la vara fuera mucho más alta para mí que para los demás. Un error por nuestra parte se siente como una condena para toda nuestra generación, para todas las mujeres”.

A pesar de la presión, Jahiren encuentra fuerza en la solidaridad: “Ver a otras mujeres como referentes políticos nos ayuda a seguir adelante. Espacios como este nos recuerdan que no estamos solas, que estamos transformando el mundo juntas”.

Su mensaje para las mujeres jóvenes que consideran entrar en la política es empático y empoderador: “Entiendo si sienten que la política no es para ustedes. La violencia es abrumadora y la política a menudo se percibe como un lugar inseguro. Pero estamos aquí para demostrar que hay otra forma de hacer política: poniendo la vida en el centro, desde el cuidado, el amor y la empatía. Nuestra presencia es esencial para transformar no solo el mundo, sino también la forma en que se entiende la política. Y no están solas; hay organizaciones y redes dispuestas a apoyarlas. A nivel mundial, nos estamos fortaleciendo y llegando a los espacios de toma de decisiones. Caminen juntas, busquen referentes y nunca se rindan”.

Para Jahiren, la labor legislativa es una poderosa herramienta de cambio: “La gente piensa que en los parlamentos se dan debates abstractos, pero allí se decide nuestra vida cotidiana: si las mujeres tienen un trabajo digno, licencia de maternidad o acceso a sistemas de cuidado. Por eso es vital que haya mujeres en estos espacios, no solo por paridad, sino para llevar nuestras voces y nuestras luchas”.

Su compromiso es profundamente personal: “En Ecuador, una mujer es asesinada cada 22 horas. Solo este año, 349 mujeres fueron víctimas de femicidio. Parte de mi trabajo se centra en apoyar a las madres de estas mujeres, las ‘Madres Coraje’ que crían a nietos huérfanos y luchan por la justicia. Exigimos que el Estado asuma su responsabilidad, porque cuando una mujer muere, no es solo víctima de su asesino, sino también de un Estado que no supo protegerla”.

“Más mujeres en la política cambia la política, cambia el país y cambia el mundo”. 


Jahiren Noriega participó en el diálogo intergeneracional de dos días “Impulsando la Participación Equitativa de las Mujeres en la Toma de Decisiones en América Latina y el Caribe”, que se realizó los días 27 y 28 de noviembre en la Ciudad de Panamá. El encuentro se realizó en el marco de la iniciativa WYDE | Liderazgo de las Mujeres, financiada por la Unión Europea, un esfuerzo global colaborativo orientado a promover la participación política plena y efectiva de las mujeres y la toma de decisiones en todos los niveles, especialmente de aquellas que suelen quedar más rezagadas.  

Nota: Estas publicaciones tienen como objetivo estimular un debate constructivo sobre temas clave para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Las opiniones expresadas por las personas entrevistadas para la producción de nuestro contenido editorial no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres ni la de las agencias del sistema de las Naciones Unidas.