En Quito, Ecuador, un estudio exploratorio reveló altos niveles de acoso sexual y otras formas de violencia contra las mujeres y las niñas en el transporte público y en las calles de la ciudad. Los resultados contribuyeron a dar forma a un programa que abordaba la seguridad en el transporte como un componente fundamental del derecho de las mujeres a desplazarse de manera segura por la ciudad.
En Túnez, Túnez, las organizaciones de mujeres, los líderes municipales y otros socios que participaron en el estudio exploratorio identificaron áreas prioritarias de acción, entre ellas mercados y transporte más seguros, así como iniciativas dirigidas a hombres y niños para prevenir la violencia desde el principio.
La evidencia local es fundamental: cuando las ciudades escuchan a las mujeres e involucran a socios locales en la recopilación de datos, el problema se vuelve más difícil de ignorar y las soluciones adquieren mayor apropiación local, lo que favorece una implementación más efectiva.,
Convertir la voluntad política en acción
Escuchar es solo el comienzo. Una ciudad se vuelve más segura cuando la voluntad política responde a la evidencia con acciones concretas.
En la práctica, eso significa que las leyes, las políticas, los presupuestos, los planes municipales, los sistemas de denuncia, la infraestructura y los servicios incorporen la perspectiva de género. También implica conectar a los equipos que dan forma a la vida cotidiana de la ciudad —policía, desarrollo urbano, transporte, vivienda, medio ambiente y desarrollo económico local para promover soluciones mejor coordinadas e integradas.
En Madrid, España, el Plan de Acción «Ciudad Segura» ha impulsado este tipo de colaboraciones en espacios industriales y productivos, zonas económicamente estratégicas a las que las mujeres pueden enfrentar barreras de acceso o condiciones de inseguridad debido a limitaciones en la movilidad, una planificación inadecuada y brechas en los servicios.
Madrid creó un Grupo de Trabajo sobre Espacios Industriales y Productivos con Perspectiva de Género, que reúne a equipos municipales de planificación, movilidad, igualdad, transporte, policía y servicios de emergencia. Sus recomendaciones señalan la necesidad de contar con datos desglosados por sexo y género, estudios de impacto de género, métodos participativos y la inclusión de las experiencias de las mujeres en las decisiones de planificación.
Ese tipo de coordinación es fundamental. La seguridad de las mujeres no es un tema exclusivo de las mujeres. No puede quedar relegada a una sola oficina. Debe integrarse en los sistemas que dan forma a la ciudad.
Transformar los espacios que las mujeres utilizan a diario
Algunos de los cambios más importantes suelen ser aquellos que las mujeres pueden percibir en su vida cotidiana.
En Port Moresby, Papúa Nueva Guinea, un estudio exploratorio reveló que más del 90 por ciento de las mujeres y niñas habían sufrido algún tipo de violencia al utilizar el transporte público. En respuesta a ello, y como medida especial de duración indefinida para garantizar la seguridad, la ciudad introdujo los autobuses Meri Seif para mejorar el acceso seguro al transporte de mujeres y jóvenes, junto con el primer horario de autobuses de la ciudad para ayudar a las y los usuarios a planificar sus viajes y reducir los tiempos de espera.
El trabajo fue más allá de los autobuses en sí. La capacitación de conductoras generó oportunidades de empleo al tiempo que ayudó a las pasajeras a sentirse más seguras. En las sesiones de sensibilización realizadas en los autobuses se compartió información sobre la igualdad de género, la violencia contra las mujeres y las acciones que pueden tomarse cuando se produce un acto de violencia.
Johanita Juvenal Katunzi, vendedora en el mercado de Temeke, Tanzania. Para lograr que los mercados de Dar es Salaam estén libres de discriminación, se brindó apoyo a una organización local a través del Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para poner fin a la violencia contra las mujeres, administrado por ONU Mujeres, y basado en experiencias previas sobre la seguridad de las mujeres en las ciudades. Foto: ONU Mujeres/Daniel Donald
Johanita Juvenal Katunzi, vendedora en el mercado de Temeke, Tanzania. Para lograr que los mercados de Dar es Salaam estén libres de discriminación, se brindó apoyo a una organización local a través del Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para poner fin a la violencia contra las mujeres, administrado por ONU Mujeres, y basado en experiencias previas sobre la seguridad de las mujeres en las ciudades. Foto: ONU Mujeres/Daniel Donald
En Msalala, distrito de la región de Shinyanga, Tanzania, la Iniciativa de Mercados Seguros en el mercado de Segese se centró en hacer que este espacio económico fuera más seguro e inclusivo: baños públicos accesibles, instalaciones para lavarse las manos, un plan de gestión y mantenimiento, un reglamento del mercado y un código de conducta con perspectiva de género. Las comerciantes locales también se asociaron con ONU Mujeres como defensoras para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, ayudando a crear conciencia y a incrementar el número de denuncias, incluyendo el acoso sexual y la extorsión sexual dentro y alrededor del mercado.
Las prácticas difieren porque las ciudades difieren. Pero comparten el mismo principio: la seguridad de las mujeres no es algo abstracto. Está integrada en el tejido de la ciudad, en sus autobuses, mercados, calles, lugares de trabajo, escuelas, baños, servicios y en la forma en que las personas utilizan el espacio público.
La campaña de Montreal de testigos activos se difundió ampliamente en los espacios públicos de toda la ciudad. Crédito de la foto: Cortesía de la ciudad de Montreal
Cambiar las normas que permiten que el acoso sexual continúe
La infraestructura y las leyes son importantes. Pero una ciudad también debe cambiar las actitudes, los comportamientos y las prácticas institucionales que permiten que el acoso sexual se minimice, se justifique o se ignore.
En Montreal, Canadá, el gobierno local, el servicio de policía y la autoridad de transporte lanzaron una campaña de «testigos activos» para prevenir el acoso sexual en los espacios públicos. La campaña ofreció a las personas formas claras y prácticas de actuar si presenciaban un caso de acoso: crear una distracción, unir fuerzas con otra persona, pedir ayuda, documentar el incidente y brindar apoyo a la persona afectada.
Se difundió en espacios de transporte, bibliotecas y otras áreas públicas, y contó con el respaldo de un micrositio que conectaba a las víctimas y sobrevivientes con recursos comunitarios de primera línea. Los mensajes se desarrollaron junto con organizaciones comunitarias y grupos que defienden los derechos de las mujeres para que reflejaran las realidades locales.
En Kericho, Kenia, los diálogos comunitarios con hombres crearon un espacio para hablar sobre el acoso sexual, la violencia de género y las normas sociales nocivas. Los hombres reflexionaron sobre sus propios roles y desarrollaron planes de acción comunitarios, mientras que los jóvenes y los niños utilizaron actividades de diseño de murales para crear conciencia sobre la violencia y los servicios de apoyo disponibles.
Iniciativas como estas son importantes porque el acoso sexual persiste cuando la gente mira hacia otro lado, minimiza los daños o lo trata como una parte normal de la vida urbana. Las alianzas de «Ciudades Seguras» desafían ese silencio.
Apoya el derecho a desplazarse sin miedo
Las ciudades se vuelven más seguras cuando las mujeres y las niñas participan en la toma de decisiones que afectan su vida cotidiana. Sus experiencias deben tenerse en cuenta en los presupuestos, las leyes, la planificación, los servicios y el diseño de los espacios públicos, no como algo secundario, sino desde el principio. Esa labor también depende de que muchos actores trabajen en la misma dirección: los gobiernos locales y regionales, las comunidades, las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres, las personas trabajadoras del transporte, las y los comerciantes de los mercados, docentes, los cuerpos policiales, el personal municipal, así como los hombres y los niños.
Por eso la seguridad no puede separarse de la igualdad y el desarrollo sostenible. Cuando una mujer evita tomar una ruta de autobús, sale temprano del trabajo, deja de ir al mercado, decide no estudiar ni trabajar de noche o mantiene a su hija en casa porque la ciudad no es segura, toda la ciudad sale perdiendo.
Quince años de «Ciudades Seguras y Espacios Públicos Seguros para las Mujeres y las Niñas» demuestran que el cambio es posible. Las ciudades pueden planificar e invertir de manera diferente, tomando en cuenta las necesidades y preocupaciones de las mujeres y las niñas,así como de los hombres y los niños.
Una ciudad se vuelve más segura cuando las mujeres y las niñas no tienen que adaptar sus vidas para moverse, sino que es la ciudad la que se adapta a sus vidas y a su seguridad, fortaleciendo así su autonomía y su capacidad para ejercer plenamente sus derechos.