La democracia no puede darse el lujo de excluir a las mujeres

Por Verónica Baracat, oficial a cargo de la oficina de ONU Mujeres en Argentina

Las mujeres representan la mitad de la población, pero siguen lejos de ocupar la mitad de los espacios de poder. Hoy, en Argentina, las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires están gobernadas por varones, mientras que apenas el 15 % de los gobiernos locales están a cargo de mujeres1

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Estos datos muestran que aún queda mucho trabajo por delante para construir democracias más representativas. No se trata solo de cuántas mujeres ocupan roles de liderazgo político, sino de cómo se garantiza su participación y qué impacto tienen sus decisiones en la vida de todas las personas.

Si observamos la composición de los cuerpos legislativos, las mujeres están hoy cerca de ocupar la mitad de las bancas. Argentina fue pionera al sancionar la Ley 24.012 en 1991, que estableció un piso de representación del 30 %, y dio un nuevo paso en 2017 con la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política, que lo elevó al 50 %.

Esta diferencia entre la representación legislativa y el acceso a los cargos ejecutivos muestra tanto el éxito como los límites de estas herramientas. Las leyes conseguidas ampliaron el acceso de las mujeres a los espacios de decisión legislativa, pero todavía no lograron una distribución equitativa del poder.  

En 2026, la distribución por género de las presidencias de comisiones del Congreso Nacional muestra que, en la Cámara de Diputados, sobre 43 presidencias identificadas públicamente, 14 están encabezadas por mujeres y 29 por varones, lo que equivale a 32,6 % y 67,4 %2, respectivamente. En el Senado, la distribución es más equilibrada, aunque tampoco paritaria: 12 de las 27 comisiones permanentes son presididas por mujeres, equivalentes al 44,4 %3, frente a 15 presidencias ocupadas por varones, equivalentes al 55,6 %. Esta distribución evidencia que la paridad en las candidaturas y la presencia legislativa no se traduce automáticamente en paridad en los cargos de autoridad interna del Congreso.

En el sistema de justicia, esta distribución es aún más marcada. Aunque las mujeres representan el 57 % del personal, ocupan solo el 29 % de los cargos de máxima jerarquía, como las máximas autoridades de ministerios públicos, defensorías y procuradurías; y actualmente ninguna mujer integra la Corte Suprema de Justicia de la Nación4.

La urgencia es evidente y no sucede sólo en nuestro país: según datos de ONU Mujeres a nivel mundial, si se mantiene el ritmo actual, se tardará más de 100 años en alcanzar la paridad en las máximas esferas de decisión.

Garantizar una mayor presencia de mujeres debe traducirse también en acceso efectivo a los espacios donde se toman las decisiones estratégicas. Debemos también transformar las lógicas de quiénes toman qué decisiones y de qué manera lo hacen.

La mayor presencia de mujeres en los espacios de decisión no es solo una cuestión de justicia cuantitativa, sino un fuerte impulso para la transformación social. Al integrar sus experiencias y perspectivas en el debate y la gestión, la política puede habilitar respuestas más eficaces e integrales.

Para ello, es necesario remover las barreras estructurales que aún limitan la participación de las mujeres. La distribución desigual de las tareas de cuidado y del trabajo doméstico no remunerado, al que las mujeres dedican casi tres horas diarias más que los varones, restringe su tiempo disponible para la actividad política, la construcción de carreras y el acceso a espacios de decisión.  

Por otra parte, persisten los sesgos en los procesos de selección, promoción y evaluación, que operan aun cuando existen reglas formalmente igualitarias; así como las redes informales de poder y los mecanismos de acceso ("gatekeepers"), que favorecen a quienes ya forman parte de los círculos tradicionalmente masculinos de decisión.

Por último, pero no menos importante, un informe de la Oficina de ONU Mujeres en Argentina próximo a publicarse advierte que las distintas formas de violencia contra las mujeres en la política, incluida la violencia digital, funcionan como mecanismos de exclusión que limitan sus trayectorias y desalientan la participación de otras mujeres en la vida pública y política.

Desde ONU Mujeres se impulsa este enfoque a través de iniciativas que fortalecen las capacidades, las trayectorias y las redes de liderazgo político de las mujeres. A nivel iberoamericano, se acompaña a la Escuela Iberoamericana de Mujeres Líderes Locales, que combina formación, mentorías y construcción de redes para fortalecer liderazgos políticos emergentes.  

Si la democracia excluye a las mujeres de los espacios donde se concentra el poder se pierde la oportunidad de incorporar experiencias, capacidades y perspectivas para detectar y resolver los desafíos más urgentes. Argentina cuenta con herramientas normativas que han demostrado ser eficaces; el desafío ahora es profundizarlas y garantizar que las mujeres puedan acceder, ejercer y sostener liderazgos en igualdad de condiciones. Solo así será posible construir una democracia verdaderamente representativa, capaz de reflejar la diversidad de la sociedad y fortalecer sus instituciones.  

Originalmente publicado en Intersección.


1 Fuente: DataGénero, Intendencias 2023–2027. https://sites.google.com/view/datagenero/candidatas/intendencias
2 Fuente: elaboración propia sobre la base de información pública disponible en las páginas oficiales de comisiones de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y del Honorable Senado de la Nación, relevamiento realizado en julio de 2026.
3 Ídem

4 ONU Mujeres (2024), Perfil de País Argentina 2024.


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Foto: Cortesía de Verónica Baracat

Verónica Baracat es Oficial a Cargo de la Oficina de ONU Mujeres en Argentina y Coordinadora del Programa País. Entre 2024 y 2025 fue Representante ante el Sistema de las Naciones Unidas de República Dominicana. Entre 2018 y 2021 se desempeñó como especialista nacional de sector privado de ONU Mujeres en Argentina, y en 2024 apoyó a la oficina de Papúa Nueva Guinea como Líder del equipo de empoderamiento económico de las mujeres.

Posee una extensa trayectoria en organismos internacionales y en redes de defensoras de los derechos de las mujeres en América Latina y el Caribe. Fue parte de la Red Internacional de Género y Comercio entre 2003 y 2008. En el sector público argentino, se desempeñó en el Consejo Nacional de las Mujeres, en el INADI y en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Ha sido reconocida por contribuciones de alto impacto a la igualdad de género, incluida su distinción como una de los/as “10 Argentinos/as del Año” en 2022.

Verónica es Licenciada en Administración de la Universidad de Buenos Aires y posee una Maestría en Estudios de Género de la London School of Economics (Reino Unido) y una Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.