Paz, seguridad y acción humanitaria: aprendizajes para territorios seguros y cuidadores
La experiencia de ONU Mujeres en El Salvador ha mostrado que la seguridad de las mujeres no puede entenderse únicamente como la ausencia de violencia. También depende de su participación en las decisiones, de la protección de sus derechos, de la capacidad de respuesta de las instituciones y de la forma en que se organizan los territorios donde viven.
A lo largo de los años, el trabajo en paz, seguridad y acción humanitaria ha evolucionado desde el acompañamiento a la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad y los procesos de justicia transicional hacia una mirada más amplia que integra movilidad, espacios públicos, acción humanitaria, cuidados y participación comunitaria.
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Foto: ONU Mujeres/María del Mar Martín
La experiencia de ONU Mujeres demuestra que construir territorios más seguros para las mujeres requiere integrar la paz, la acción humanitaria, la prevención de la violencia, la planificación urbana y la organización social de los cuidados en una misma agenda.
La paz también se construye con las mujeres
Uno de los principales aprendizajes ha sido que no puede hablarse de paz sostenible sin la participación activa de las mujeres. La Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad reconoce su papel no solo como población afectada por los conflictos y la violencia, sino también como actoras en la prevención, la recuperación y la construcción de paz.
En El Salvador, este trabajo incluyó el acompañamiento al Plan de Acción Nacional de la Resolución 1325 y, posteriormente, al programa Mujeres Guardianas de la Paz, financiado por el Fondo para la Consolidación de la Paz e implementado conjuntamente por PNUD, UNODC y ONU Mujeres. Estas iniciativas fortalecieron capacidades de organizaciones de mujeres, lideresas comunitarias e instituciones públicas en materia de justicia transicional.
La experiencia confirmó que incorporar las voces y las experiencias de las mujeres en la memoria, la justicia, la reparación y los espacios de decisión fortalece la construcción de una paz más inclusiva y sostenible.
Prepararse antes de que ocurra la emergencia
Otro aprendizaje ha sido que las crisis afectan de manera diferente a mujeres y hombres. Las emergencias suelen profundizar desigualdades existentes, incrementar la sobrecarga de cuidados, afectar los medios de vida de las mujeres y aumentar los riesgos de violencia basada en género.
El Análisis Rápido de Género en la Acción Humanitaria, realizado en 2024, permitió fortalecer la incorporación del enfoque de igualdad desde el inicio del ciclo humanitario. La experiencia mostró que la acción humanitaria no debe limitarse a responder a las emergencias, sino también contribuir a reducir riesgos, fortalecer capacidades institucionales y aumentar la participación de las mujeres en las decisiones que afectan a sus comunidades.
Una mirada más amplia sobre la seguridad
La trayectoria de ONU Mujeres también permitió ampliar la comprensión de la seguridad desde la vida cotidiana de las mujeres. La experiencia acumulada en prevención de la violencia en espacios públicos y transporte mostró cómo factores como el acoso, la movilidad, la iluminación, la accesibilidad o el diseño urbano influyen directamente en su autonomía.
Este enfoque permitió avanzar desde una visión centrada únicamente en la seguridad ciudadana hacia otra que incorpora la movilidad, los cuidados y el uso cotidiano de los espacios públicos.
Foto: ONU Mujeres/María del Mar Martín
Ciudades Seguras y Cuidadoras: integrar los aprendizajesz
El programa Ciudades Seguras y Cuidadoras recoge esta experiencia acumulada y la articula en una propuesta integral que vincula prevención de la violencia, planificación urbana, movilidad segura, accesibilidad, corresponsabilidad social de los cuidados y generación de evidencia.
El trabajo desarrollado en el Centro Histórico de San Salvador, junto con instituciones como APLAN, OPAMSS, ISDEMU y la Alcaldía Municipal de San Salvador Centro, permitió identificar riesgos y oportunidades de mejora mediante diagnósticos participativos, recorridos de observación, entrevistas y encuestas de percepción.
La experiencia reafirma que una ciudad segura para las mujeres no es únicamente aquella donde disminuye la violencia. También es una ciudad que facilita la movilidad, reconoce los cuidados, mejora la accesibilidad y escucha las experiencias de quienes habitan y utilizan diariamente los espacios públicos.
Una agenda que conecta seguridad, cuidados y participación
La evolución de esta línea de trabajo demuestra que la paz, la acción humanitaria, la prevención de la violencia y los cuidados no son agendas separadas. Juntas permiten construir respuestas más integrales para fortalecer la seguridad y la autonomía de las mujeres.
La experiencia acumulada confirma que prevenir la violencia implica también transformar la forma en que se planifican las ciudades, se organizan los servicios, se distribuyen los cuidados y se incorpora la voz de las mujeres en las decisiones que afectan su vida cotidiana.