Alysa Liu: “Sé lo que valgo”
La campeona olímpica de patinaje artístico Alysa Liu habla sobre la alegría, el feminismo, la amistad y su colaboración con ONU Mujeres para romper los estereotipos que rodean a las mujeres y niñas en el deporte.
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Foto: ONU Mujeres/Joao Canziani
Hay algo especial en ver patinar a Alysa Liu.
En un deporte que depende de la precisión, la disciplina y el control, parece decidida a incorporar un elemento más: la alegría.
Se nota en la música que elige, en la ropa que utiliza y en su manera de deslizarse sobre el hielo. Ese espíritu también irradia cuando habla del patinaje. ¿La perfección?, no es algo que le interese especialmente.
Es una filosofía que Alysa ha tenido que aprender. Tras años de competir al más alto nivel, abandonó el patinaje artístico a los 16 años. Más tarde retomaría este deporte, aunque esta vez según sus propias condiciones.
Cuando se le preguntó si se cambiaría el peinado o se quitaría los piercings, Alysa tenía muy clara su postura.
“A los 18 años, pensé: sé lo que valgo. Fue una sensación liberadora”.
Ahora, Alysa quiere que otras chicas disfruten de esa misma libertad.
Hablamos con ella sobre cómo ha vuelto a encontrar su camino hacia lo que le apasiona; sobre el feminismo, la amistad por encima de la rivalidad y lo que hace falta para que el deporte sea un espacio en el que todas las mujeres y niñas puedan sentirse integradas.
Sobre la alegría y la creatividad: “cometer errores es maravilloso”.
Para Alysa, el patinaje es tanto un deporte como una forma de expresión.
“Me encanta expresar cómo me siento, y lo hago a través de la moda, la coreografía y la música con la que patino”, afirma. “Con el patinaje, siento como que puedo hacer todo a la vez. Puedo bailar sobre el hielo y elegir qué ropa ponerme. Hay un montón de opciones en el patinaje artístico, y eso es genial”.
Esa libertad se extiende a la forma en que afronta la competencia.
“La verdad es que no tengo miedo al fracaso”, afirma.
En parte, esa seguridad proviene de saber qué opiniones son las que importan. En lugar de buscar aprobación o críticas en el público, Alysa se apoya en las personas en las que confía.
“Tengo un equipo increíble y un grupo de personas fantástico a mi alrededor. Si necesito críticas o consejos, acudo a la gente que conozco. No me suelo fijar en lo que opina el público”.
Pero también se ha producido un cambio más profundo en su forma de entender el éxito.
“De pequeña era perfeccionista, pero ahora me encanta que las cosas sean imperfectas. Hay algo hermoso y muy humano en eso”.
“Lo que más me gusta es vivir la vida al máximo. No tendría gracia si todo saliera bien sin más, si no hubiera ningún contratiempo. Siento que aprendo más de los momentos difíciles, y así puedo disfrutar de verdad de los buenos”.
Foto: ONU Mujeres/Joao Canziani
Sobre las niñas en el deporte: “el deporte te hace sentir libre”.
Si se le pregunta a Alysa por qué es importante el deporte para las niñas y las jóvenes, ella siempre repite una palabra: libertad.
“El deporte es liberador, te hace sentir libre”, afirma. “Poder ejercer tu fuerza de voluntad y gastar tu energía… es algo genial”.
Los deportes artísticos pueden aportar además otra dimensión.
“Realmente puedes explorar esa parte de ti sin dejar de ser una atleta”.
Pero Alysa también tiene muy claro porqué las niñas se alejan.
“Muchas dejan de practicar deporte porque es un campo en el que no hay suficiente aceptación del cuerpo”, señala. “Creen que no tienen el aspecto adecuado para practicarlo”.
Al llegar a los 14 años, las niñas abandona el deporte a un ritmo dos veces mayor que los niños.
Ella misma también ha sufrido esas presiones y sostiene que las expectativas anticuadas sobre el cuerpo de las deportistas pueden chocar con la realidad física de tener la fuerza necesaria para competir.
“Somos deportistas, pero nos dicen que no deberíamos estar musculadas ni tener un físico atlético. Simplemente deberíamos ser esbeltas. ¡Pero es imposible que estemos súper delgadas si estamos haciendo ejercicio todo el tiempo!”.
Para Alysa, lo que se pierde cuando las niñas interiorizan esos mensajes va más allá del deporte.
“Hay muchísimo potencial ahí fuera. Sería una pena que la propia percepción que alguien tiene de su cuerpo le impidiera hacer lo que le gusta o lo que podría gustarle hacer”.
Foto: ONU Mujeres/Joao Canziani
Sobre los estereotipos en el deporte: “no me volverán a ver por aquí”.
Durante mucho tiempo, el patinaje artístico ha estado marcado por ideas rígidas acerca del aspecto que deberían tener las mujeres y cómo debieran presentarse. Alysa cree que las cosas están empezando a cambiar, aunque lentamente.
Cuando volvió al patinaje, surgieron dudas sobre si se cambiaría el peinado o se quitaría los piercings.
Su respuesta fue sencilla.
“Les dije que no volvería. Me dijeron algo así como: ‘¿Qué pasaría si te dijéramos que te cambies el peinado y cosas por el estilo?’. Les respondí: ‘pues no me volverán a ver por aquí’”.
Se ríe, pero los límites son necesarios.
“A los 18 años, pensé: sé lo que valgo. Fue una sensación liberadora”.
Alysa ve indicios de progreso en la variedad de mujeres que compiten actualmente al más alto nivel.
“En las grandes competencias hay más niñas musculosas que antes. Creo que esto demuestra que personas con diferentes complexiones físicas pueden ser deportistas de élite”.
Sin embargo, el doble rasero sigue siendo evidente.
“Los hombres que compiten no tienen que maquillarse ni peinarse. Las mujeres, en cambio, no tienen más remedio que hacerlo. A veces, hasta en los entrenamientos”.
Esto puede significar que las deportistas tengan que levantarse a las cuatro de la madrugada a fin de arreglarse para el entrenamiento, un tiempo que no se espera que sus homólogos masculinos dediquen a su aspecto y que, en cambio, pueden emplear para descansar o entrenar.
Alysa lo describe como el “envoltorio” que rodea al deporte femenino: la expectativa de que el rendimiento deportivo venga acompañado de una versión concreta de la feminidad.
“En el patinaje artístico, el envoltorio de las mujeres es muy distinto al de los hombres”.
Sobre la amistad y la rivalidad: “no estamos hechas para que nos vendan”.
Cuando Alysa volvió a las competencias de patinaje artístico, los medios de comunicación empezaron a tejer una historia de lo más trillada sobre ella y sus compañeras estadounidenses Amber Glenn e Isabeau Levito: ¿quién ganaría? ¿quién lograría situarse en lo más alto del podio? Pero esa no era su historia.
“Somos muy buenas amigas”, dice Alysa.
Afirma que, desde hace tiempo, se ha querido fomentar la rivalidad entre las patinadoras: “Los de arriba siempre han enfrentado a las mujeres entre sí, incluso a los medios de comunicación”.
Esta vez, Alysa y sus amigas decidieron cambiar el guión.
“Se convirtió en una cruzada personal. Cada vez que nos hacían preguntas tramposas, les cortábamos enseguida”.
Publicaban juntas, grababan juntas videos de TikTok y hacían que su amistad fuera imposible de ignorar. Con el tiempo, Alysa se dio cuenta de que el discurso empezaba a cambiar.
“Nos mencionaban en el mismo artículo, pero como trío, lo cual estaba muy bien. Adoptaron una perspectiva basada en la amistad, no en la competencia”.
Alysa considera que eso es importante para las niñas que las están viendo.
“El deporte puede ser más gratificante si te llevas bien con tu equipo y con tus rivales. En el fondo, somos compañeras de equipo. No siempre somos competidoras. Podemos apoyar a otras personas”.
Y Alysa lo hace.
“Me encanta competir con mis amigas porque así puedo verlas. Lloro cuando las veo. Para mí tiene mucho más sentido llorar viendo a otra persona o alegrarme por otra persona”.
Cuando se le dice que la rivalidad vende, Alysa no se lo piensa dos veces:
“No estamos hechas para que nos vendan”.
Se queda pensando un segundo.
“Supongo que también quedó demostrado que la amistad vende”.
Y se ríe.
“Prefiero, con mucho, que sea la amistad lo que venda”.
Sobre las deportistas: “se resta importancia a nuestros logros; los de los hombres, en cambio, se magnifican”.
“De verdad que no sé qué tiene el deporte femenino que hace que la gente piense que no somos verdaderas atletas”.
En los Juegos Olímpicos, Alysa experimentó esa desconexión en carne propia. Tras ejecutar lo que ella describe como la mejor actuación de su vida, se dio cuenta de que parte de la atención no se centraba en su logro deportivo, sino en ella como mujer.
“Acababa de competir y había patinado mejor que nunca”.
Para Alysa, esa experiencia forma parte de un patrón mucho más amplio.
“La historia no ha registrado debidamente los logros y méritos de las mujeres”.
“Se resta importancia a nuestros logros; los de los hombres, en cambio, se magnifican”.
Alysa observa la misma desigualdad en la visibilidad de la que gozan hoy las deportistas:
“La audiencia, la transmisión, nuestra visibilidad y nuestro tiempo en pantalla... todo eso es mucho menor que en el caso de los hombres en el deporte”.
Sobre la mirada masculina en los medios de comunicación: “¿por qué se graba de forma diferente a las mujeres deportistas?”.
Para Alysa, sin embargo, la visibilidad es solo una parte de la historia. Es importante que las deportistas aparezcan en pantalla, pero también lo es lo que ocurre cuando la cámara se enfoca en ellas.
Alysa recuerda una emisión en concreto. Un canal que había grabado su rutina en numerosas ocasiones –y que conocía su coreografía y sus movimientos– eligió un ángulo de cámara que enfocaba de cerca su entrepierna y, a continuación, repitió la toma en cámara lenta.
“Yo me quedé pensando: ‘¿qué estamos haciendo?’”.
Sus entrenadoras se pusieron en contacto con la cadena de televisión.
“Les dijeron algo así como: ‘no lo vuelvan a hacer. Conocen su rutina. ¿Qué pasó ahí?’”.
No volvió a suceder. Pero para Alysa, el mero hecho de que haya ocurrido resulta revelador.
“En ese momento me di cuenta de que la forma en que nos graban también es diferente”.
Para Alysa, la experiencia planteó una pregunta más amplia acerca de cómo se presenta a las deportistas ante el público, desde los ángulos de cámara que se utilizan para filmarlas hasta la ropa con la que se espera que compitan.
“A las mujeres simplemente se nos ve de otra manera”, afirma.
Foto: ONU Mujeres/Joao Canziani
Sobre la salud mental en el deporte: “me di cuenta de que lo que yo siento es mucho más importante que lo que los demás piensan de mí”.
El escrutinio no terminaba cuando Alysa salía de la pista de hielo. Cuando era adolescente, continuaba por Internet.
Durante la pandemia de COVID-19, Alysa empezó a pasar mucho más tiempo en los medios sociales.
“Fue realmente espantoso para mi salud mental”, afirma. “Me sumió en una espiral terrible”.
Al final, se dio cuenta de que el patinaje en sí no era el problema.
“No es que odiara el patinaje artístico. No me gustaba el ambiente tóxico en el que me encontraba”.
En una etapa en la que ya estaba atravesando la adolescencia y soportando enormes presiones como deportista de élite, los comentarios en Internet se convirtieron en otra voz más que le decía cómo debía ser.
A los 18 años, algo cambió.
“Empecé a tener confianza en mí misma. Me di cuenta de que lo que yo siento es mucho más importante que lo que los demás piensan de mí”.
Hoy en día, no suele prestar atención a lo que dicen de ella las personas desconocidas.
“No quiero saberlo. Me da igual si es bueno o malo”.
A las niñas que se enfrentan a hostilidad o a comentarios negativos en Internet, les ofrece una alternativa sencilla y tradicional:
“Aléjense un poco. Lean algunos libros escritos por mujeres”.
“Sobre todo si una no tiene a su alrededor mujeres que la animen, creo que recurrir a la literatura femenina es una forma estupenda de encontrar la paz interior”.
Sobre el feminismo: “La verdad es que parece un sueño”.
Si se le pregunta a Alysa qué significa para ella el feminismo, su respuesta es clara y directa.
“Igualdad de oportunidades, igualdad de posibilidades, igualdad de derechos, igualdad salarial”.
También tiene muy claro lo que no es el feminismo.
“No se trata de menospreciar a los hombres, sino de empoderar a las mujeres”.
Para Alysa, parte de la resistencia al feminismo se debe a una interpretación errónea de esa distinción.
“Hay quien lo ve [el feminismo] como algo negativo porque cree que consiste en intentar menospreciar a los hombres. Pero, en realidad, se trata de empoderar a las mujeres”.
En definitiva, lo que ella pide parece extraordinariamente sencillo.
“Que nos traten a todas las personas por igual. Que se nos vea de la misma forma”.
Entonces se detiene un momento.
Foto: ONU Mujeres/Joao Canziani
Sobre la igualdad de género: “valemos mucho”.
Al volver la vista atrás, Alysa señala algunas de las desigualdades que ahora entiende que sufrió, pero que no lograba comprender cuando era niña.
“Como mujer –y cuando era una niña– siento que he sufrido las consecuencias de la misoginia y la desigualdad entre los sexos”, afirma.
“De pequeña, nunca lo vi realmente así. Simplemente estaba confundida. No sabía por qué las cosas eran así”.
Hoy en día, quiere que las chicas tengan algo que ella tuvo que encontrar por sí misma: confianza en su propio valor y en lo que son capaces de hacer.
“Espero inspirar a otras niñas para que confíen en sí mismas y sepan que pueden hacer todo lo que se propongan. De verdad que no hay límites”.
Su mensaje es sencillo: “Valemos mucho”
Un mensaje para todas las niñas: “confía en el proceso”.
Entonces, ¿qué le diría Alysa a una niña que está teniendo dificultades debido a la presión de lograr resultados, de adaptarse o de ser perfecta?
“Confía en el proceso”.
“Siempre y cuando lo hagas por ti misma, y siempre y cuando te haga feliz hacerlo y quieras hacerlo…”.
Hace una pausa.
“Tus pensamientos determinan tu realidad. Asegúrate de no dejar que otras personas te dicten lo que debes pensar”.
“Sigue haciendo lo que te gusta”.
“Y no dejes que nadie se interponga en el camino”.