Cuando el trabajo se vuelve digital, las brechas de género no desaparecen
La economía digital está creando nuevas oportunidades, pero no necesariamente las mismas oportunidades para todas las personas. El estudio Mujeres en la economía de plataformas: desafíos y oportunidades en Iberoamérica, elaborado por SEGIB, OIT y ONU Mujeres, muestra que muchas de las desigualdades de género presentes en el mercado laboral persisten también en las plataformas digitales, pese a su potencial para ampliar el acceso al empleo y a nuevas fuentes de ingresos.
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Las desigualdades no desaparecen cuando el trabajo se vuelve digital
Uno de los hallazgos centrales es que la segregación ocupacional sigue presente. En las plataformas de trabajo en línea, las mujeres están sobrerrepresentadas en algunas ocupaciones y subrepresentadas en otras. En el área de tecnología, si bien la masculinización es generalizada, la subrepresentación de las mujeres es más pronunciada en programación general y desarrollo de software. Mientras en otras, como atención al cliente y apoyo administrativo, predominan las mujeres.
Más educación no siempre se traduce a más oportunidades o menos brechas
El estudio también muestra una tensión importante entre educación, participación y percepción de habilidades. Entre las personas encuestadas que trabajan en plataformas en línea, el 57,9 % tiene título universitario o superior. Las mujeres presentan una mayor proporción de estudios superiores: 61,1 % tiene título universitario o de posgrado, frente a 55,3 % de los varones.
Aun así, de los 30 tipos de tareas relevadas, solo en 9 el porcentaje de mujeres que respondió considerar que contaba con las habilidades suficientes fue mayor que el porcentaje de varones. Este hallazgo se refiere a la percepción de las personas encuestadas sobre sus propias habilidades y no una medición objetiva de sus capacidades. En general, tiende a haber una percepción más negativa de las mujeres respecto a sus propias habilidades de lo que ocurre entre los varones, en particular en lo que respecta a las habilidades digitales (EQUALS & UNESCO, 2019).
La promesa de la flexibilidad no se vive de la misma manera
La flexibilidad, una de las promesas más visibles de las plataformas, tampoco opera en condiciones neutrales. El estudio señala que la posibilidad de elegir cuándo y dónde trabajar puede facilitar la conciliación, pero también está condicionada por sistemas de incentivos, penalizaciones, rankings y criterios de evaluación que promueven la disponibilidad en horarios específicos. En plataformas basadas en ubicación, la menor participación de mujeres en horarios nocturnos puede implicar dejar de percibir tarifas más altas, premios o bonos de horarios pico.
La competencia en un mercado global amplía la cantidad de personas disponibles para realizar tareas y ejerce presión sobre los ingresos. Según el estudio, más de una cuarta parte de las personas trabajadoras percibe menos de US$ 1 por hora, mientras que solo una de cada cuatro supera los US$ 5 por hora. Las brechas también se reflejan en los ingresos.
En las plataformas de trabajo en línea analizadas por el estudio, las mujeres perciben menores ingresos por hora y menores ingresos semanales que los hombres. El ingreso horario promedio de las mujeres es un 41 % menor que el de los varones. Únicamente el 26,7 % de las mujeres reciben más de US$ 5 por hora, en comparación con el 32,2 % de los varones.
La inclusión digital requiere más que conectividad
La transformación digital representa una oportunidad para ampliar la autonomía económica de las mujeres, que también exige formación, condiciones seguras, igualdad en la remuneración, protección social, corresponsabilidad en los cuidados y mayor participación de las mujeres en sectores tecnológicos e innovadores.
Aprovechar ese potencial requiere que la igualdad de género forme parte del diseño de las políticas, las regulaciones y las soluciones que están dando forma al futuro del trabajo.
La tecnología puede abrir oportunidades. La igualdad requiere decisiones.
Prevenir la discriminación y promover la igualdad de oportunidades.
Garantizar igualdad salarial y mayor transparencia.
Reducir las brechas digitales de género.
Fortalecer las políticas de cuidados y la conciliación entre trabajo, vida personal y familiar.
Impulsar la participación de las mujeres en el diálogo social y la toma de decisiones.
Generar más datos y evidencia para diseñar mejores políticas públicas.
Las oportunidades generadas por las plataformas digitales no se traducen automáticamente en trabajo decente. La falta de regulaciones claras en muchos países contribuye a que persistan brechas de ingresos, protección social y condiciones laborales. La Conferencia Internacional del Trabajo aprobó el Convenio núm. 193 en junio de 2026, por el que se establece la primera norma internacional del trabajo dedicada a la economía de las plataformas.
En este contexto, el estudio presenta evidencia que puede informar una hoja de ruta para su implementación con perspectiva de género. Consulte el informe completo y conozca las recomendaciones para construir una economía digital más igualitaria.