Bolivia: Mujeres Weenhayek fortalecen su cultura y defienden su territorio a través del tejido

Luisa Retamoso Evaristo tiene 40 años y es parte de la nación indígena Weenhayek. Ella es docente, tejedora de caraguatá y gestora cultural. Desde hace 10 años, se dedica a vender artesanías en su emprendimiento familiar, “Kutsaaj Wey Jwitsuk”. En 2025, participó del proyecto “Tramarte”, implementado por ONU Mujeres a través de la Asociación Aguayo, que contribuyó a visibilizar el rol de las mujeres para romper con prejuicios alrededor de su cultura y promover su trabajo.

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Luisa Retamoso expone los logros del proyecto “Tramarte” en la presentación del mural elaborado en homenaje a las mujeres Weenhayek. Foto: Alberto Schwartzberg. 

Al sur de Bolivia, en la región del Gran Chaco, habita el pueblo indígena weenhayek, cuyo nombre se traduce al español como “los que son distintos”. Allí se encuentra la comunidad de Tunteey, que significa “piedras grandes” y se ubica en la ciudad de Villamontes, en el departamento de Tarija. Luisa es oriunda de este territorio y, según cuenta, sus ancestros fueron los primeros en asentarse allí. Ella relata que, con el paso del tiempo, la población del lugar creció hasta que nació la ciudad de Villamontes.

Luisa relata que tuvo la oportunidad de estudiar y alcanzar el bachillerato con el apoyo de unos misioneros suecos que se establecieron en Villamontes, así como de formarse como docente en otro municipio, al igual que muchos de sus pares. Posteriormente, retornó a su lugar de origen, donde ejerce su profesión y también se dedica a la artesanía, tejiendo en palma de caraguatá, una planta nativa del Chaco latinoamericano, que es uno de sus principales sustentos. De este modo, reunió a más artesanas y artesanos y creó su propio emprendimiento, la tienda “Kutsaaj Wey Jwitsuk”, que significa “Caraguatá y Palma”.

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Luisa realiza una muestra de los tejidos que ofrece en la tienda “Kutsaaj Wey Jwitsuk”, elaborados por ella y sus compañeras. Foto: Andrea Del Solar.

Como mujer weenhayek, Luisa y sus compañeras se enfrentan a diferentes obstáculos:  desde los prejuicios respecto a su cultura, el hecho de que el trabajo que realizan no siempre es valorado en el municipio, hasta la falta de articulación entre organizaciones indígenas locales. Por otro lado, tejer con caraguatá es cada vez más complicado, puesto que algunos espacios en los montes han sido privatizados, lo cual obliga a las mujeres a desplazarse a espacios alejados para recolectar la planta. El tejido también ha implicado un reto en los últimos años por la escasez de agua, elemento esencial tanto para la elaboración de artesanías, y para la supervivencia de la población y su seguridad alimentaria. Esta situación afecta también a la pesca por el descenso del caudal del río Pilcomayo.  

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Luisa muestra un ejemplar de palma de caraguatá que cosechó en su domicilio. Foto: Andrea Del Solar.

Entre 2025 y 2026, Luisa reunió a un grupo de mujeres weenhayek para abordar los desafíos que enfrentan. Estas acciones se realizaron en el marco del proyecto “Tramarte”, implementado por ONU Mujeres en Bolivia con el apoyo de la Asociación Aguayo como parte de la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Consolidación de la Cultura de Paz en Bolivia, y con el financiamiento del Fondo para la Consolidación de la Paz. Durante este proceso, las participantes compartieron sus inquietudes en un diagnóstico en el que dibujaron siluetas de sí mismas, plasmando sus sueños, así como los malestares y conflictos que constantemente experimentan: dolores en la espalda, la cintura, los hombros, las manos y los pies, todo ello producto de las actividades que realizan.

Los hallazgos del estudio fueron plasmados en una muestra fotográfica, una obra de teatro y un mural que resaltaron el trabajo de las mujeres weenhayek. Para Luisa, estas expresiones artísticas contribuyeron a visibilizar sus desafíos y el arte de su cultura, así como y a posicionarlas en la opinión pública. Además, ella destaca que la experiencia permitió que las mujeres comenzarán a articularse.

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Luisa frente al mural dedicado a las mujeres Weenhayek, el cual refleja el trabajo de las tejedoras. Foto: Andrea Del Solar.

Cuando Luisa piensa en lo que significa vivir en paz desde su cultura, reflexiona sobre la importancia del respeto entre las culturas y el cuidado de la naturaleza. “Con la justificación de lograr el desarrollo, quizás nos estamos olvidando de nuestra esencia, llevándonos a construir edificaciones en lugares que no son para eso, como los montes. Por ese motivo, considero que vivir en paz es respetar la naturaleza, a las culturas y la convivencia entre ellas; al agua que nos da vida y alimento”, reivindica Luisa. 


Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas.