Desde Bolivia, Milicia Eato Mano defiende la tierra y los derechos de las mujeres indígenas
Milicia Eato Mano, lideresa del pueblo indígena Sirionó en Bolivia, ha dedicado su trayectoria a la defensa del territorio, los derechos de las mujeres indígenas y la construcción de una cultura de paz. Como perita indígena y brigadista comunitaria de ONU Mujeres, acompaña a mujeres y comunidades en el acceso a la justicia y la resolución pacífica de conflictos, y promueve el conocimiento de sus derechos. Su labor, fortalecida mediante procesos de formación y articulación con organizaciones nacionales e internacionales, refleja una convicción que ha guiado su liderazgo desde joven: proteger la tierra como legado para las futuras generaciones.
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Milicia es parte de la Red de Lideresas Comunitarias de ONU Mujeres desde 2021. En uno de sus primeros encuentros, lució la vestimenta típica sirionó para compartir su cultura con sus compañeras. Foto: Karen Peña Suárez.
Milicia Eato Mano es lideresa del pueblo indígena Sirionó, en el departamento del Beni, Bolivia, y actualmente es vicepresidenta de la Confederación Amazónica de Naciones y Pueblos Indígenas de Bolivia y subalcaldesa del municipio de Ibiato. Su trayectoria como lideresa comunitaria la llevó a ser convocada como perita indígena y brigadista comunitaria de ONU Mujeres en Bolivia, roles desde los que defiende los derechos de las mujeres indígenas, el acceso a la tierra y el derecho a una vida libre de violencia desde una cultura de paz.
En el norte y este de Bolivia habitan los pueblos indígenas de Tierras Bajas, entre ellos los pueblos tacana, mosetén, cavineño y sirionó. Entre agosto y septiembre de 1996, estos pueblos protagonizaron la Marcha por el Territorio, el Desarrollo y la Participación Política de los Pueblos Indígenas, desde Samaipata, en Santa Cruz, hasta La Paz, para exigir el reconocimiento de territorios indígenas mediante la titulación colectiva de tierras. Milicia, entonces una niña, vio a su familia sumarse a la caravana y supo que debía continuar esa causa.
Durante el segundo encuentro de la Red de Lideresas Comunitarias de ONU Mujeres en 2025, Milicia y sus compañeras participaron de una actividad orientada al manejo de las emociones para la resolución de conflictos. Foto: Andrea Del Solar
A los 16 años se convirtió en dirigenta y fundó una nueva comunidad, Pata de Águila (Ngirai, en lengua sirionó), que hoy tiene 27 años de existencia. En ese momento, no era frecuente que una persona tan joven, menos una mujer, ejerciera un liderazgo de ese tipo. Sin embargo, su comunidad eligió a Milicia por el compromiso y la responsabilidad que había demostrado desde temprana edad. El camino no fue sencillo: Milicia y su entorno enfrentaron amedrentamientos de grupos de ganaderos que buscaban apropiarse de su territorio.
Para los pueblos indígenas, la tierra es sagrada: es el lugar donde habitan, el legado de sus ancestros y la base de su subsistencia, a través de la pesca y la recolección de frutas. Cuidarla es un deber. “Nuestro territorio no se vende, no se negocia, porque es para nuestros hijos, nietos y bisnietos”, enfatiza Milicia.
Milicia compartió sus nuevos conocimientos con la población de la comunidad del municipio de San Pedro en el departamento del Beni en Bolivia. Foto: Andrea Del Solar.
Frente a las persistentes amenazas, Milicia entendió que debía prepararse para actuar y comenzó a articularse con organizaciones de la sociedad civil y la cooperación internacional. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos la invitó a integrar la Red de Peritas y Peritos Indígenas, que reúne a personas expertas de pueblos indígenas para contribuir al sistema de justicia mediante el peritaje cultural, basado en sus usos y costumbres y reconocido en la normativa nacional e internacional.
A partir de esta experiencia, Milicia decidió especializarse en los derechos territoriales de los pueblos indígenas y los derechos de las mujeres, dos temas que para ella están profundamente conectados. Cuando se discute la titulación de tierras, las voces de las mujeres suelen tener menos espacio debido a la discriminación y al aislamiento de algunas comunidades. Además, algunas enfrentan violencia de pareja y obstáculos para para denunciar, como las distancias geográficas y la falta de rutas claras de atención.
Para Milicia, vivir en paz es hacer posible la titulación de tierras para su comunidad y la de todos los pueblos indígenas. Foto: Andrea Del Solar.
Esa mirada integral define su forma de acompañar a otras mujeres. Para Milicia, la violencia contra una mujer es como si se ejerciera contra ella misma; por eso recomienda a sus compañeras no tolerar ningún tipo de agresión machista. Su casa se ha convertido en un punto de referencia: cada día recibe a personas que buscan asesoría. También la buscan dirigentes de otras comunidades para acompañar litigios de titulación de tierras.
Ese acompañamiento, dice Milicia, es un trabajo “de hormiga”, que realiza voluntariamente y muchas veces con sus propios recursos. Uno de sus mayores logros fue viajar a La Paz para defender el caso de su comunidad y conseguir la titulación de 1.600 hectáreas de territorio. “Todo lo que hago es con orgullo, amor, transparencia, incluso ad honorem, para las hermanas y hermanos que nos necesitan en tema de territorio y límites territoriales, y ahora, como brigadista comunitaria del departamento del Beni, compartiendo mis conocimientos para que las mujeres conozcan sus derechos”, destaca.
Su rol como brigadista comunitaria de ONU Mujeres, que ejerce desde hace cinco años, ha ampliado el alcance de ese trabajo. Junto a ocho compañeras, una por cada departamento de Bolivia, promueve una cultura de paz, la resolución pacífica de conflictos y la defensa de los derechos humanos en sus territorios. Su experiencia también inspira a generaciones más jóvenes a alzar la voz por sus derechos.
Entre 2025 y 2026, Milicia participó en tres procesos formativos. En abril y julio de 2025 se capacitó como mediadora en situaciones de conflicto mediante metodologías de negociación y defensa de los derechos humanos, particularmente de los territorios indígenas originarios campesinos, en dos sesiones lideradas por ONU Mujeres. En abril de 2026, participó en el Encuentro de Peritas y Peritos Indígenas en Derechos Humanos: “Avances y nudos críticos en la reducción de discriminación”, organizado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos con el apoyo de ONU Mujeres. Allí fortaleció sus conocimientos sobre monitoreo de derechos humanos, prevención de la discriminación con enfoque de género, derecho ambiental y construcción de una cultura de paz.
Todo el recorrido de Milicia converge en una idea de lo que significa para ella vivir en paz: “Vivir en paz es que toda mi comunidad y los demás pueblos indígenas conozcan sus derechos y obligaciones. Es que mi tierra ya esté titulada y que no me falte nada”. Bajo ese principio sigue velando por el respeto a su territorio: el legado que recibió de sus ancestros y que hoy entrega a sus cinco hijos.
| Nota: Estas publicaciones buscan estimular un debate propositivo en torno a los principales temas de interés para el avance de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en América Latina y el Caribe. Los conceptos expresados por las personas entrevistadas para la producción de nuestros contenidos editoriales no reflejan necesariamente la posición oficial de ONU Mujeres y agencias del Sistema de Naciones Unidas. |