Miel cultivada en el desierto: un emprendimiento innovador, sinónimo de autonomía económica para mujeres indígenas

Fecha: lunes, 9 de agosto de 2021

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Las mujeres indígenas enfrentan aún mayores desafíos como consecuencia de la crisis del COVID-19, la que ha impactado también en su autonomía económica. Las restricciones impuestas a los espacios y canales tradicionales de comercialización han disminuido significativamente los ingresos que generaban.

ONU Mujeres, a través de su programa Originarias, creó Mercado Digital, un espacio en el que las emprendedoras indígenas promueven sus negocios, productos y servicios en línea.

Respetando las tradiciones ancestrales de cada uno de los pueblos originarios de Chile y el cuidado de la naturaleza, Mercado Digital reúne productos y servicios de 30 mujeres indígenas empresarias pertenecientes a los pueblos originarios Diaguitas, Aymaras, Likanantay, Mapuche y Quechua y les permite promocionar un catálogo que abarca tanto productos gourmet, frutas orgánicas, artesanías, textiles, alimentos naturales, como ofertas de turismo y servicio de transportes.

En esta edición especial del Día de los Pueblos Indígenas, ONU Mujeres entrevistó a María Eliana Jofré, una emprendedora de 59 años, descendiente aymara, proveniente de Pozo Almonte, La Huayca, quien desarrolló una línea de productos derivados de la miel de abeja.

Cuéntanos sobre tu emprendimiento, Pupa Miel.

Este microemprendimiento familiar ubicado en la localidad de La Huayca, Región de Tarapacá, nace con la impronta de ser un aporte al medio ambiente. Hace un tiempo decidimos ir en busca de nuestras primeras cuatro colmenas a la localidad de Monte Patria para llevarlas a su nuevo hogar: la Pampa del Tamarugal, conocido como el desierto más árido del mundo.

Aquí en nuestra parcela tenemos una floración diferente, llena de hierbas medicinales como lavanda, romero, salvia e ylang ylang. Esta es una miel especial. Tiene un sabor, un color y una textura diferente porque nuestras hermanas abejas se alimentan especialmente durante la floración de los tamarugos y algarrobos, árboles centenarios que se nutren de agua de las vertientes subterráneas del desierto, logrando, en el mes de octubre, una miel multifloral.

Ahí nos dimos cuenta de que teníamos en nuestras manos un producto gourmet que podría generar un ingreso económico para nosotras y también para otras mujeres. La idea es poder transmitir los conocimientos a otras mujeres indígenas para que ellas también se puedan acercar al mundo de la apicultura.

También sacamos otros productos de la colmena como el polen, el propóleo y las tinturas madre, las que preparo yo. Las tinturas forman parte de mi conocimiento ancestral para hacer remedios naturales en gotitas con las plantas medicinales nativas de este desierto. Todo el proceso es orgánico y con respeto hacía la Pachamama. Son productos hechos con mucho amor, que entregan un bienestar real a las personas que lo consumen.

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¿Cómo impactó la pandemia a tu emprendimiento?

El emprendimiento partió en 2018, pero justo formalizamos la empresa a finales del 2019, período en el que se produjo el estallido social aquí en Chile. Este fue un periodo difícil, en el que, a pesar de no poder hacer facturas, al menos podía ir a ferias presenciales, como las que organiza el mercado campesino, donde los productos se venden sin intermediarios, lo que es de gran ayuda porque uno puede vender a un mejor precio.

Cuando llegó la pandemia, que en Chile se sintió más a partir de marzo del 2020, quedé un poco paralizada, sin saber qué hacer. Aquí el apoyo del programa Originarias de ONU Mujeres fue clave porque nos ayudaron a reconvertirnos. Pasamos de vender nuestros productos de manera física a virtual. Para mí esto fue toda una novedad. Al comienzo no sabía cómo hacerlo, pero aprendimos a vender online, a hacer una fanpage, y ahora vendo bastante por Facebook.

¿Cómo fue tu reconversión en llevar tu negocio a una plataforma digital?

Para mí la reconversión digital fue difícil. Para empezar, hay que estar todo el día con el celular en la mano, porque así es como uno vende. Los clientes me llaman o me escriben por WhatsApp para preguntar si tengo miel. Primero comencé a hacer entregas personalmente a todas las comunidades cercanas, pero ahora alguien más me apoya para cumplir con los pedidos, considerando que las distancias son largas.

¿Qué beneficios te ha traído el ser parte del Mercado Digital de Originarias?

Me ha permitido fortalecer algunas alianzas estratégicas no sólo para visibilizar mi negocio, sino también con personas que tienen espacios físicos donde puedan estar las abejas. Acá es desierto, entonces buscamos hectáreas con mucha floración y hemos puesto colmenas ahí. Eso va a ayudar a que este año saquemos miel distinta. Nuestra meta es llegar a tener un producto gourmet. A través del programa Originarias conseguí mi identidad de imagen, logo y dossier. Esto se me facilitó por ser parte de las emprendedoras que conformamos el Mercado Digital Originarias.

¿Qué retos has podido superar gracias al Mercado Digital?

He aprendido que a través de la conversación virtual se pueden transmitir sentimientos, emociones y las ganas de que la gente entienda el valor real de un producto orgánico, de una miel cultivada en el desierto. Además, tengo una ventaja competitiva, ya que mi miel es más barata, casi a mitad de precio en comparación con la miel que traen del sur del país hasta esta región.

Mi mayor desafío como emprendedora es que en Chile casi no hay hábito de consumo de miel. No es un producto que habitualmente se tenga en la mesa. Sin embargo, a la gente le da curiosidad esto de la apicultura en el desierto y a través del mercado digital han llegado nuevos clientes que quieren descubrir este sabor único.

Se me han presentado otras oportunidades al ser parte del Mercado Digital Originarias. Me llamó la propietaria de una cadena de alimentación en China para preguntar si yo podía exportar mi producto. Debido a que hay requisitos de compra mínima y de exportación y nosotras estamos empezando, debemos trabajar en comunidad y unirnos con otros apicultores de la zona.

Hace dos semanas asumí la presidencia de Agro Apícola de Tarapacá, una cooperativa conformada por 6 apicultores y 6 apicultoras. El objetivo es trabajar en conjunto para poder reunir nuestro producto y tener mayores posibilidades de exportación.

¿Qué desafíos enfrentan las mujeres indígenas en clave de su empoderamiento económico?

Sin duda, para mí uno de los principales temas es la capacitación y tener las herramientas para enfrentar todos estos cambios digitales. Necesitamos capacitarnos para acceder al mundo de los negocios porque tenemos una brecha digital muy grande, especialmente nosotras, las mujeres indígenas que estamos radicadas en zonas rurales.

Tenemos que preocuparnos de cómo vamos a salir a vender y cómo vamos a presentar nuestros productos. Ahora todo es visual, a través de una pantalla tan pequeña como la del celular. Para ello necesitamos apoyo como el que el programa Originarias nos ha brindado como, por ejemplo, en términos de cómo podemos sacarles el mejor provecho a nuestros productos visualmente. Nosotras como artesanas apicultoras, con nuestras manos nos encargamos de hacer un buen producto, de calidad, pero necesitamos de esta parte digital para saber mostrarlo al mundo.

¿Qué mensaje le darías a otras mujeres indígenas emprendedoras?

Querer es poder. Cuando uno quiere, se pueden hacer las cosas. No todo es recurso económico. También tiene que ver cómo me capacito, cómo busco instancias de formación. Ahora hay tantas posibilidades. La tecnología te permite acceder a muchos cursos de formación gratis. Yo tengo 59 años y me siento viva al volver a comenzar. Si tienen un sueño, hagan todo lo posible para que se cumpla. Los sueños son para cumplirlos, no para que se queden en el aire.