Lo que pasó tras el brote de COVID-19: Bolivia

Yobanca Fernández Flores: “Muchas mujeres sufrieron violencia; algunas no sobrevivieron”

Fecha: lunes, 16 de noviembre de 2020

Incluso antes de la aparición de la pandemia de COVID-19, 243 millones de mujeres y niñas en todo el mundo habían sido maltratadas por sus compañeros sentimentales en el último año. Desde el inicio de la pandemia, con las medidas de confinamiento, los países de todo el mundo han presenciado un aumento alarmante de las denuncias de violencia contra las mujeres y, en especial, de violencia doméstica. ONU Mujeres trabaja con mujeres que están en primera línea día a día, dando respuesta a la pandemia en la sombra: la violencia contra las mujeres y las niñas. La serie “Lo que pasó tras el brote de COVID-19” refleja algunas de sus historias, y cómo nuestros programas prestan apoyo a soluciones que no dejan a nadie atrás.

Yobanca Fernandez Flores. Photo: UN Women/Débora Fernandez
Yobanca Fernandez Flores. Foto: ONU Mujeres/Débora Fernandez
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De repente todo se cerró: las calles, las oficinas y las tiendas. Todo el mundo estaba confinado, pero para algunas mujeres fue una pesadilla.

Muchas sufrieron violencia; algunas no sobrevivieron. Tenían mucho miedo. No podían salir, y me sentí impotente porque no podía llegar a ellas. Empecé a buscar formas alternativas de apoyarlas.

Como ya no podíamos visitar a las mujeres en sus casas, empezamos a usar WhatsApp para estar en contacto. En nuestra organización tenemos personal experto en leyes y psicología. Son justamente las y los profesionales que tomaron la iniciativa, ya que fueron quienes empezaron a atender a las mujeres en vista de que los servicios públicos no funcionaban bien.

La crisis también provocó problemas económicos. Junto con mi equipo, comencé a recaudar fondos para financiar pequeños proyectos a fin de ayudar a mujeres desempleadas que eran sobrevivientes de violencia. Incluso distribuimos alimentos.

La pandemia de la COVID-19 era algo nuevo en nuestras vidas; en cambio, la violencia contra las mujeres no lo era. Aun así, tuvimos que encontrar nuevas formas de proteger y ayudar a las mujeres que sufrían violencia durante la pandemia”.


ONU Mujeres responde con programas sobre el terreno

Yobanca Fernández Flores ha sido activista por los derechos de las mujeres durante más de 35 años. También es la presidenta nacional de Promotoras Comunitarias en Prevención de la Violencia en Razón de Género en Bolivia. Junto con cientos de mujeres líderes del país, las promotoras comunitarias han formado una red de activistas que proporcionan apoyo directo a las víctimas y sobrevivientes de la violencia de género durante la pandemia de COVID-19.

Para muchas mujeres que se encuentran en relaciones donde existe maltrato, quedarse en casa se convirtió en un riesgo enorme cuando entraron en vigor las medidas de confinamiento. Varias organizaciones de mujeres comunicaron que habían aumentado las llamadas de mujeres pidiendo ayuda y señalaron que la violencia se había recrudecido. Para las mujeres migrantes, la situación era igualmente penosa, ya que estaban atrapadas entre las fronteras de campamentos provisionales.

Liliana Fuentes  Photo: UN Women/Débora Fernandez
Liliana Fuentes. Foto: ONU Mujeres/Débora Fernandez

Yobanca y otras promotoras comunitarias tuvieron que adaptar nuevas formas de difusión y apoyo mediante la tecnología.

Liliana Fuentes, directora de otra organización de mujeres, SEPMUD, hizo un llamado a los Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM) —centros que brindan apoyo jurídico y psicológico a las sobrevivientes— en más de 300 municipios para poder reanudar su trabajo de manera virtual y que las sobrevivientes pudieran acceder a algún tipo de asistencia. El SEPMUD, con el apoyo de ONU Mujeres, preparó directrices para las autoridades municipales sobre cómo ayudar a las sobrevivientes de violencia de género durante la cuarentena de la COVID-19.

Con contribuciones financieras de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, las Naciones Unidas prestan apoyo a las instituciones locales y a las organizaciones de mujeres de toda Bolivia a fin de mantener servicios esenciales para las sobrevivientes de violencia.