En cinco preguntas: "Cuando me di cuenta de que trabajar en derechos humanos podía hacer una gran diferencia en la vida de las mujeres y de comunidades enteras, mi carrera de derecho empezó a tener sentido"

Dandara Rudsan es una activista negra y trans de Altamira, en el estado brasileño de Pará. Es una abogada que ha dedicado su vida a proteger a las comunidades tradicionales de la Amazonía y sus territorios. Forma parte de la organización Centro de Formación de Personas Negras de Transamazônica y Xingu, apoyada por el proyecto Conectando Mujeres, Defendiendo Derechos, una iniciativa de ONU Mujeres Brasil, financiada por la Unión Europea.

Fecha: lunes, 8 de marzo de 2021

BRASIL DANDARA RUDSAN WEB
Foto: Yvi Oliveira 

¿Qué te motivó a convertirte en activista de derechos humanos?

Todo empezó cuando, a los 17 años, conseguí una beca para estudiar derecho en otro estado. Cuando terminé la universidad y volví a mi ciudad, Altamira, el gobierno estaba expropiando familias para construir la central hidroeléctrica de Belo Monte. Mis padres estaban entre esas familias. Con mi título de abogada, me di cuenta de que no podía hacer otra cosa más que luchar por los derechos de mi familia. Hoy soy experta en diálogos y mediación de conflictos, y no me veo ni viviendo en otro sitio, ni haciendo otra cosa.

¿Qué significa defender los derechos humanos en la Amazonía brasileña, especialmente siendo una mujer negra y trans?

En la Amazonía, defender los derechos humanos significa luchar por la supervivencia de las personas y de la selva todos los días, pero no hay jerarquía entre las agendas: hay que romper los patrones discriminatorios que colocan a ciertas personas bajo ciertas categorías.

Por ejemplo, se acostumbrada a asociar a las mujeres trans con la agenda de la lucha por su derecho a cambiar de nombre. El problema es que si no estamos concientes de que las mujeres trans también pueden defender la Amazonía y se pronunciarse favor de otras causas, nos convertimos en blancos fáciles y somos más susceptibles de ser víctimas de crímenes contra nosotras.

Este es probablemente el decimotercer año consecutivo que Brasil es el país que tiene el mayor número de asesinatos de personas trans en el mundo. Imagínense si las mujeres trans de mi comunidad se contaran entre ellas. Romper estos patrones discriminatorios es una cuestión de supervivencia.

¿Cómo ha afectado la pandemia tu trabajo y activismo?

La pandemia no hizo más que agravar una crisis que ya existía en mi territorio: el desempleo, las presiones de la población y las dificultades de acceso a la salud. Por eso tuvimos que reforzar y adaptar nuestros mecanismos de defensa de derechos humanos, especialmente nuestras habilidades y estrategias de comunicación, para poder continuar con nuestro activismo a pesar del distanciamiento social. En el Centro de Formación de Personas Negras de Transamazônica y Xingu, por ejemplo, inauguramos un laboratorio de comunicación y activismo digital.

Centrarnos nuestros esfuerzos en la comunicación nos hizo comprender innovar también implica considerar formas anteriores de hacer las cosas. Todos los materiales que producimos en formato digital, también los adaptamos e imprimimos, porque todavía hay muchas comunidades que no tienen acceso a internet.

¿Cómo ha apoyado el proyecto financiado por la UE "Conectando Mujeres, Defendiendo Derechos" a tu organización durante el COVID-19?

Además de apoyar el componente de comunicación de nuestra organización, utilizaremos los recursos para centrarnos en el contexto pospandémico, formando a mujeres para que escuchen y asesoren a otras mujeres cuyos derechos han sido violados. Serán capaces de ayudar a otras mujeres en relación a violaciones de sus derechos laborales, promover el acceso a la seguridad social y a la atención sanitaria, y ayudar a las mujeres que sufren violencia de género y violencia doméstica.

¿Por qué es importante financiar las organizaciones de base y lideradas por mujeres en la región amazónica?

Apoyar a estas organizaciones se traduce en financiar formas de eliminar la opresión. Financiar los movimientos sociales en la Amazonía es financiar la supervivencia de estas comunidades, de estas personas y de la selva; es financiar la supervivencia de la población brasileña más vulnerable.