Patrícia Santos: Transformar retos en oportunidades para las mujeres recolectoras de mangaba en Brasil

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Patrícia Santos es una recolectora de mangaba brasileña, originaria de Barreira do Coqueiral, Sergipe. Es tecnóloga en turismo y tiene un máster en Desarrollo y Medio Ambiente por la Universidad Federal de Sergipe. Actualmente es la presidenta de la Asociación de Recolectores de Mangaba del Municipio de Barra dos Coqueiros (ACMBC). Su trabajo, apoyado por ONU Mujeres en Brasil y la Unión Europea, a través de los proyectos "Conectando Mujeres, Defendiendo Derechos" y "Defensa del Territorio y Fortalecimiento de la Identidad Sociocultural de las Recolectoras de Mangaba en Sergipe" impacta la vida de 76 mujeres en su comunidad.

¿Cómo se organizan las recolectoras de mangaba?   

Ser recolectora de mangaba consiste en llevar a cabo una serie de prácticas que incluyen la conservación de los bosques de restinga, los campos o las áreas nativas de árboles de mangaba. Esto es lo que hacemos como movimiento y como asociación. La práctica de la extracción de mangaba existe desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no fue hasta principios de la década de 2000, cuando la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) empezó a investigar el árbol, que descubrimos que otras mujeres de otros municipios ya estaban recogiendo el fruto.   

Cuando Embrapa se dio cuenta de que la mangaba era el principal medio de vida de las mujeres de varios municipios, organizó la primera reunión de mujeres recolectoras de mangaba. Esta reunión fue crucial porque nos permitió reconocernos a nosotras mismas y a nuestra identidad como recolectoras de mangaba y descubrimos la importancia de nuestro trabajo. No se trata sólo de un grupo de mujeres con hambre que recogen fruta; hay un trabajo relacionado con la conservación del medio ambiente y también hay una relación entre las mujeres y los árboles. Pasamos mucho tiempo en silencio, sin oportunidades de contar nuestras historias. Una de las mujeres dijo algo que destacó en esa reunión: "queremos que nos escuchen".   

¿Qué significa para las recolectoras de mangaba la defensa del derecho al territorio y cómo ha contribuido a ello el proyecto apoyado por ONU Mujeres y la Unión Europea?   

Nuestro territorio no está constituido y demarcado, como es el caso de algunas comunidades quilombolas. No está garantizado por ley, así que buscamos otras formas de asegurarlo. Para nosotras, nuestros territorios son los bosques de restinga, que están llenos de árboles de mangaba. Nuestros territorios son también los lugares donde tenemos reuniones y actividades. Sin embargo, nos encontramos en constante disputa, especialmente con las grandes iniciativas y empresas privadas porque quieren que paguemos para acceder a ciertos territorios con árboles de mangaba. En algunos casos, el sector privado nos niega el acceso por completo. Hay una gran contradicción en definir este territorio como nuestro y, de alguna manera, no tener derecho a él.   

A través del proyecto, aprendimos que la creación de una unidad de preservación del medio ambiente a través de un proyecto de ley, y no sólo de un decreto, nos da nuevas posibilidades y oportunidades. Lo increíble es que aprendimos sobre los derechos constitucionales, a los que no tenemos acceso, y cómo revertir esa situación.   

 ¿Cuáles son los principales desafíos para el movimiento de mujeres recolectoras de mangaba como defensoras de los derechos humanos y ambientales con el inicio de la pandemia del COVID-19?    

Hoy en día pagamos por recolectar mangaba, porque las zonas llenas de árboles fueron vendidas y comercializadas. La mangaba no tenía valor, nosotras, las recolectoras, le dimos valor como producto. La pandemia ha sido muy difícil porque llegó en plena cosecha de mangaba. Todo estaba listo para que vendiéramos nuestros productos, pero nuestros planes cambiaron en cuanto todo empezó a suspenderse. Muchas mujeres no pudieron recibir ayuda de emergencia y se vieron amenazadas por el hambre y el COVID-19. Eso hizo que empezáramos a buscar fuentes de financiación que nos permitieran hacer frente a los problemas que teníamos antes de la pandemia y a otros que se agravaron a raíz de ella, como la deforestación de las mangabeiras y la prohibición de acceso a determinadas zonas.

¿Cómo contribuyó el proyecto "Defensa del territorio y fortalecimiento de la identidad sociocultural de las recolectoras de mangaba en Sergipe”, apoyado por el proyecto “Conectando a las mujeres, defendiendo los derechos”, de ONU Mujeres y la Unión Europea, a superar los retos que plantea la pandemia?

El proyecto fue diseñado y llevado a cabo por las recolectoras de mangaba a partir de las demandas actuales. Una de las principales dificultades que tuvimos que resolver fue la de encontrar una forma para comunicarnos. El acceso a Internet y el aprendizaje desde casa con estas nuevas herramientas era un reto que debíamos superar. El proyecto aportó valor y reconocimiento a los esfuerzos que realizamos como Asociación. Ahora nos pagan por realizar talleres y actividades que antes hacíamos gratis. Esto nos permitió permanecer en el territorio y se convirtió en una forma de llevar a cabo nuestras prácticas extractivas tradicionales, a pesar de las dificultades para comercializar nuestros productos. Los talleres fueron facilitados por nosotras mismas para otras recolectoras de mangaba.     

¿Cómo ve el liderazgo de las mujeres en los movimientos extractivos para mejorar las condiciones de vida de los territorios y las comunidades?   

Cuando fortalecemos la economía o garantizamos que las mujeres de las comunidades tradicionales puedan desarrollar sus prácticas, sabemos que sus familias se beneficiarán. Lo hacemos involucrando a las familias en las actividades de conservación de las zonas de mangaba, los manglares, los ríos, las playas y los ecosistemas atmosféricos para garantizar que las mujeres recolectoras de mangaba tengan acceso al territorio.